Sobre el gran Walter Martínez
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| Foto: Redes sociales |
Algo que me encantaba de Walter Martínez es que en esos años 80 y 90, cuando no había Internet, Wikipedia ni Google Maps, él se tomaba su tiempo para darnos espectaculares clases de geopolítica en su gigantesco mapa Natgeo, con su apuntador. Un mapa montado sobre una plataforma giratoria que, del otro lado, tenía una pantalla verde usada para mostrar videos, en la época en la que los canales de televisión no tenían inmensos video walls. Cuando Walter iba a hablar de una noticia en particular, usaba ese mapa para mostrarte el lugar de los hechos, los países en conflicto y te recordaba lo que estaba pasando allí. Era muy distinto a la habitual sección de internacionales de los noticieros, en la que un periodista te leía de forma apresurada unos cables de unas agencias internacionales, con algunas imágenes de apoyo seleccionadas a la carrera, y no te explicaban el origen del problema, los países que participaban, los intereses que los movían. A veces te leían un montón de siglas de organizaciones que uno no conocía (OTAN, Pacto de Varsovia, OLP...) y uno no entendía nada. Y les repito: no había Wikipedia, no había Internet, no había Google Maps ni Google Lens. Esa era la razón por la que la gente sólo veía la sección de farándula de los noticieros, porque lo demás no se entendía. Walter cambió eso. Él fue el culpable de hacernos entender a muchas personas comunes y corrientes, conflictos que se suponía que nosotros no debíamos entender. Nos explicaba por qué el petróleo venezolano era tan importante para EE.UU., al mostrarnos la ruta que debía recorrer en comparación con el petróleo que les llegaba de Arabia Saudí. Nos explicaba muchos términos y asuntos militares, lo que nos hacía comprender la desproporción en muchas guerras que, en los noticieros tradicionales, parecían librarse entre iguales. Además, él usaba videos de agencias de noticias (los llamados "raw" o imágenes en crudo) para mostrarnos cosas que los demás medios no mostraban. Increíble ejemplo de cómo usar las armas del enemigo en su contra. Por ejemplo, Walter Martínez se cansó de explicarnos muchas veces lo que son los "lobbys" o grupos de presión, y pausaba los videos para explicarnos quienes eran determinadas personalidades de los mundos empresariales que esperaban y saludaban a presidentes y ministros. "Esa exquisita burocracia" era una de sus frases preferidas en esos momentos. Walter pasaba los videos para mostrarnos con mucha calma detalles del mundo político y diplomático: aquel gesto entre políticos que nadie más vio, aquella persona que no debía estar allí, esa mirada tan extraña, ese saludo tan inesperado, esa sonrisa tan incómoda, o la forma como se cuidaba el maletín con el botón para activar las armas nucleares. Jamás será lo mismo ver un resumen del Foro Económico de Davos en un noticiero, donde sólo te ponen algunos pedacitos de los discursos de políticos, que teniendo a Walter analizándote cada llegada, cada gesto, el significado de los colores en la ropa, quién le puso la silla a quién, o quién está planeando convertir las ruinas de Gaza en un resort para ricos. Mientras que, en un noticiero normal sólo se muestran una noticia de 20 o 30 segundos sobre Palestina, leída en un tono neutro sin mayor sensibilidad, justamente para hacernos creer una serie de mentiras (que ese es un conflicto lejano, milenario, religioso, que son pueblos locos que se matan entre ellos desde tiempos bíblicos y que eso no tiene solución), Walter se tomaba varios minutos en mostrar lo que hacían los colonos israelíes destruyendo las casas de los palestinos, explicando quién era quién y por qué estaba ocurriendo una injusticia. No se limitaba a dar un frío parte de guerra, ni mucho menos usaba términos peyorativos, como llamar "terroristas" a los pueblos en lucha. Mostró muchas veces a Yasser Arafat, a Fidel Castro y tantos otros como líderes mundiales y no como enemigos. Y, en determinadas ocasiones, también entrevistó a personas del lado imperialista y les hizo preguntas muy incómodas. Martínez se molestaba cuando otros periodistas y medios copiaban su estilo y sus frases (es famoso cómo regañó a varios medios por usar "En desarrollo", versión recortada de su característica frase "Acontecimientos en pleno desarrollo"). La verdad es que todas y todos deberíamos copiar sus frases y su estilo. Todas y todos deberíamos ser como él, copiar tantos ejemplos buenos que nos dejó. Ojalá terminara de morir ese estilo decadente de los noticieros actuales, divididos en las mismas secciones de toda la vida ("nacionales", "internacionales", "deportes", "cultura"), con noticias de duración fija de 30 segundos, leídas con una voz neutra, en la que se entrena al periodista desde el primer semestre de la carrera de comunicación social para que muestre la misma emoción si murieron 200 niños en Palestina o si Venezuela ganó un premio en la Unesco. Un estilo atropellado, que no te deja analizar ni aprender. Sólo es un parte continuo de cosas, una detrás de otra, hechas para no dejarnos pensar.
Walter explicaba que, en todo conflicto bélico, hay un "teatro de operaciones real" con las cosas que realmente ocurrían, y un "teatro de operaciones paralelo o alternativo" construido por los medios de comunicación, para poder manipular a la gente. Por lo que había que ser muy crítico y analítico con las informaciones que nos llegaban de los medios de comunicación en estas circunstancias.
Él fue una de las primeras personas en hablar sobre guerra cognitiva y manipulación a través de los medios, en un tiempo en el que quienes lo hacían eran tachados de locos y comunistoides, por lo que hablar de eso sin duda fue muy valiente de su parte.
Otra cosa que recuerdo de él, es que se sentía muy orgulloso de haber entrevistado a un general retirado estadounidense, quien le explicó detalladamente los planes de Estados Unidos de irse apoderando uno a uno de los países del Oriente Medio (Asia Occidental). Los planes se fueron cumpliendo minuciosamente a partir de 2001 con Afganistán, Irak, Libia, Siria, y obviamente vienen Irán y otras naciones. Walter repitió varias veces fragmentos de esa entrevista, de verdad no recuerdo si está en Youtube.
Me encantaban mucho sus explicaciones militares. Hablaba mucho de los aviones Osprey, que son unos vehículos usados por estados Unidos, que despegan verticalmente y luego, en el aire, giran sus aspas para convertirse en un avión. Él los llamaba "los fabricantes de viudas", por los frecuentes accidentes que ocurrían con ellos.
También hablaba de los aviones AWACS (aviones con radar), de los portaaviones, de los misiles y los escudos antimisiles. Dio unas explicaciones soberbias de lo que ocurría durante la invasión a Irak. Era muy admirador del mundo militar desde el punto de vista técnico y humano.
También muchas personas han recordado su programa en el Canal Clásico de Radio Nacional de Venezuela, en el que colocaba piezas de su inmensa colección de jazz y otros géneros musicales. El programa radial continuó hasta que tuvo su primer altercado en 2005 con diferentes autoridades del gobierno, y luego no lo retomó.
En este blog podrán encontrar algunos artículos que escribí durante esos altercados.
¡Qué bueno sería que todas y todos pudiéramos ser como Walter!
Y sí, Walter Martínez tenía sus defectos, que le trajeron problemas al menos en dos ocasiones con las autoridades de medios del estado venezolano. No siempre tenía la razón. Pero al menos él, con su larga carrera, tenía justificaciones para su ego. Es como si Michael Jackson, Freddy Mercury o Simón Díaz estuvieran vivos y con nosotros, y viniera algún funcionario menor a ordenarles que no pueden hacer tal o cual cosa, a veces sin ni siquiera darles una explicación o incluso de una forma grosera, porque simplemente les da la gana.
Son cosas que nosotros, los seres humanos "normales" que no tenemos la trayectoria de Walter, tenemos que aguantarnos a diario sin poder quejarnos, porque la vida es así.
Por eso es que muchos terminamos apoyando a Walter, aún aquellas veces que no tenía la razón, porque también conocemos a esos funcionarios que le hicieron la vida imposible. Lo de Walter era un ego divertido, propio de los uruguayos, impulsado por una inmensa experiencia y una trayectoria espectacular. Otros, lo que tienen es una arrogancia insípida: se creen la gran vaina, y nadie sabe por qué. Algunas de las pedancias de Walter eran hasta graciosas... a los que le hicieron la vida imposible simplemente los recordaremos como "el mamagüevo ese", hasta que la historia los olvide. Ni hablar de los que, por haberse leído un libro de Marx o de Rius, venían a recordarte que Walter era socialcristiano y que por eso había que darle la espalda.
Son cosas que hay que replantearse cuando se escoja a funcionarios o se forme a "cuadros", el día que queramos hacer las cosas como se hacen en una revolución.
¡Que viva Walter Martínez! Que siempre sigamos cuidando a nuestra única Nave Espacial, como él nos enseñó. Que siempre sigamos apreciando a esta tierra bendita donde los cristianos, los judíos, los musulmanes (y yo añado: los ateos) vivimos en paz. Que podamos seguir diciendo: "Shabat Shalom, Salam Aleikum, Pax Vobis", como Walter, por siempre jamás. Que él nos pueda gritar: "¿Cómo salió eso?" y todos le respondamos "¡Bien, muy bien!" Y discúlpame Walter, por no haberte podido decir todo esto en vida.

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