24 de abril de 2015

Maduro, el mango y el ejemplo


Desde pequeño, a uno le enseñan a manejarse con todo tipo de normas que deben cumplir para la entrega de requisitos. Por ejemplo, cómo escribir una carta... cómo hacer un informe para el liceo... cómo llenar una planilla de depósito bancario. Quien va a presentar una tesis tiene que comprarse uno de tantos libros con decenas de reglas sobre cómo presentar tu informe final, con decenas de precisiones sobre los márgenes, espaciado, cómo hacer la portada, el índice y cada uno de los capítulos. Luego, tienes que leer decenas de guías sobre cómo presentar tu currículo para buscar empleo, cómo causar una buena impresión en la entrevista laboral y cómo responder las preguntas. Si consigues tu trabajo, tienes que poner todo en práctica y aprender cómo dirigirte a sus jefes, a tus compañeros, a los directivos de otros departamentos o instituciones, a tus clientes, a tus proveedores. Cómo elaborar memos y solicitudes. Cómo llenar los formularios y a quién entregárselos. Y el dirigirte a tus superiores merece una solemnidad suprema.

Tal vez por eso es que muchos de quienes consideran que tuvieron "la mejor educación" terminaran desdeñando o haciendo burlas al enterarse de que el Presidente del país con la mayor reserva petrolera del mundo, recibiera peticiones anotadas en... en un mango. Sí, un mango, esa deliciosa fruta dulce que tanto abundan durante 2 ó 3 meses al año en nuestro país. El Comandante Chávez dijo una vez que, si por él fuera, el mango sería el árbol nacional, y no es que tuviera algo en contra de los araguaneyes, sino que en realidad no hay ningún niño en Venezuela que no se haya trepado unas cuantas cientos de veces en uno de estos árboles para tener el placer de comerse un mango verde con sal :-P

El Presidente Nicolás Maduro está realizando, en estos momentos, una gira por diferentes estados del país procurando tener el mayor contacto posible con el pueblo venezolano, para lo cual conduce un autobús él mismo a baja velocidad -recordemos que fue conductor de Metrobús antes de dedicarse a la política- y, con la ventanilla abierta, saluda y conversa con miles de personas a lo largo de la vía. El sábado 18 lo hizo mientras conducía un autobús del recién inaugurado TransMaracay en la capital aragüeña, mientras que el pasado miércoles 22 también condujo un autobús mientras inauguraba un nuevo trampo de la Av. La Costanera en Barcelona, estado Anzoátegui.

Y no es fácil para nadie. Es mucha la gente que se aglomera, también hay fotógrafos y camarógrafos intentando hacer su trabajo, mucha gente quiere acercársele a Maduro para estrechar su mano, tomarse una foto, hacer alguna denuncia o plantear un problema. La seguridad del Presidente hace su trabajo rodeándolo y protegiéndolo. Es un gentío.

En la inauguración de la Av. La Costanera en Barcelona. Foto: Prensa Presidencial

Generalmente, estas visitas son inesperadas y muchísimas personas quieren aprovechar el momento para escribir en un papelito algún mensaje o petición, y tratar de entregárselo al Presidente en sus manos. Imagínalo: te enteras por el bullicio de que el Presidente va a pasar frente a tu casa, quieres darle un mensaje pero no tienes más que unos minutos para redactarlo. Caray, ¡es una carta al Presidente de la República! ¡El Jefe de Estado votado por millones de personas! ¡El hombre designado por el propio Comandante Chávez para sucederlo! Si para ir a  buscar trabajo tengo que ir encorbatado y con chaqueta, ¿no debería redactarle una carta al Presidente de la forma más formal posible? A ver... ¿saco la máquina de escribir del abuelo? ¿Prendo la Canaimita del chamo? Ajá, ¿y dónde imprimo? ¿Voy al infocentro? Hmmm. ¿Sabes qué? Mejor dame un bolígrafo y le hacemos la carta a mano, él sabrá comprender.

Si las redes sociales están llenas de personas que constantemente le gritan insultos, maldiciones y hasta amenazas de muerte a Maduro y su gente, las calles venezolanas son todo lo contrario. Ver estos videos es ver a miles de personas acercándose a Maduro para darle todo tipo de mensajes positivos, agradecerle su gestión, estrechar su mano, denunciarle cosas que no funcionan, injusticias laborales.


El hecho de que Maduro se lance a las calles con un pequeño y zarandeado grupo de soldados, cuya labor principal es la de tratar que no demasiada gente se aglomere sobre el Presidente, indica que confía enormemente en la protección de su propio pueblo. Nada parecido a la inmensa seguridad que Barack Obama llevó a la Cumbre de las Américas, que incluyó dos portaaviones y miles de soldados.

Por ende, se ha vuelto común que algunos habitantes, tal vez en su desespero para entregar ese mensaje a Maduro, terminan lanzándole el papelito o la carpeta.

Pero ya va: ¡Le estás lanzando un papelito al Presidente de la Nación! ¿Ustedes han visto alguna vez a algún ciudadano lanzándole un papelito o una carpeta a Obama, Rajoy, Cameron, Merkel, Peña Nieto, Santos o Putin? Mínimo le darían una rumba de trancazos y se lo llevarían varios días preso.

Un amigo que en ese momento tenía 14 años y hoy es profesor universitario, me contó: "A mí, sólo por decirle a Jaime Lusinchi (Presidente venezolano entre 1984 y 1989) en una reunión que no teníamos pupitres en el liceo, me detuvieron acusándome de guerrillero. ¡Y eso que me estaban dando una condecoración como joven destacado!". Esos son los presidentes que acusan de "demagogos populistas" a Maduro, Evo, Correa y otros líderes que sí reciben papelitos de la gente, e intentan resolver sus angustias.

La paranoia en otros países es tal, que el pasado 21 de abril se armó un escándalo en Japón porque alguien hizo aterrizar un helicóptero de juguete, de esos que ahora llaman "drone", en el techo del edificio donde labora el primer ministro, y él ni siquiera estaba en el país.¿Será que alguien quería usar el drone para entregarle un mensaje al Primer Ministro japonés pidiéndole ayuda porque tenía problemas con su casa, o con un hijo enfermo? Sea como sea, la noticia trascendió por "la amenaza" que representó el droncito, y no por otra cosa.

En cambio, Maduro es una persona bastante humilde y sencilla, tal como era Chávez, quien no sólo recibía miles de papelitos sino que tenía personal que los leía, clasificaba y trataba de dar solución a los problemas, como quedó registrado en el documental La revolución no será transmitida, de Kim Bartley y Donnacha Ó Briain.

"Recibimos más de 4 mil cartas, papelitos, documentos, propuestas. ¡Todas están siendo procesadas! ¡Hasta un mango...!", dijo el 21 de abril (ver video), mientras conducía su programa "En contacto con Maduro" en el estado Anzoátegui, cuando contó anecdotas sobre el recorrido del sábado 18. "¡Lánzamelo pa'ca!", le gritó al teniente Juan Escalona, uno de sus edecanes, quien guardaba la fruta con un mensaje escrito con marcador. "Es un mango maduro, un 'primo'. No le he metido el diente porque estamos clasificando las cartas", bromeó.


Maduro mostró el mango a las cámaras, y en él estaba escrito un mensaje: "Si puede me llama", con un número de teléfono y un nombre: Marleny Olivo. La señora tenía un problema con su vivienda, y en el marco de la Gran Misión Vivienda Venezuela, plan que recientemente cumplió 700 mil casas y apartamentos entregados en todo el país, se le entregará un apartamento nuevo a la señora Olivo.


La noticia corrió como pólvora, y en el nuevo recorrido del día 22 en Barcelona, que VTV transmitió en vivo por 2 horas, se pudieron ver muchas cosas graciosas, emotivas e interesantes. Entre otras, al Presidente le entregaron muchos otros mangos con mensajes.


 
Una señora le entregó una bolsa con dos mangos grandotes: el regalo afectuoso de una persona humilde, para alguien que seguramente veía como un hijo. O tal vez su mensaje era muy largo y no cabía en un solo mango.


Otros le regalaron todo tipo de objetos extraños. Por ejemplo, alguien insistía en regalarles una botella de algún tipo de jugo.


O una especie de cepillo para el cabello.


O una lata de sardinas.


O algún tipo de fruta.


O un libro, con un mensaje escrito en su primera página.


Y por supuesto que las carpetas volaban. A veces se la lanzaban, no por faltarle el respeto sino porque era la única alternativa que tenía alguna persona que no podía pasar encima del gentío o de la seguridad para llegar al Presidente.


Foto: Prensa Presidencial
Pero no eran sólo peticiones. Maduro recibió una bolsa de papel grande, con la palabra "Aprobado" en ella. La abrió , y había un libro gigantesco, tan grueso como una guía telefónica. Lo ojeó, y se lo entregó a Aristóbulo Istúriz, gobernador de Anzoátegui quien le acompañaba en el bus, dándole instrucciones. Seguramente era algún proyecto o propuesta que alguien quería hacerle llegar a sus manos.

 




En otro caso, le entregaron un proyecto de una comuna socialista agroindustrial.



El que le entreguen papelitos y peticiones a Maduro nos parece algo común, algo tan aburrido, que ya ni siquiera es noticia. Lo confieso: yo mismo no le paré mucho al asunto. Sólo se convirtió en viral ese día, cuando le pegaron un mango a Maduro en la cabeza durante el recorrido en Anzoátegui. El video, que alguien grabó con su celular, inmediatamente se esparció en la red social Twitter, acompañado de algunos mensajes de burla y odio estimulados por sitios web de extrema derecha como Maduradas, DolarToday, La Patilla y NTN24.

Ya es trillado decir que cuando lo extraordinario nos parece cotidiano, estamos en revolución. Pero no podemos tomarnos como trillado y aburrido el que llevemos ya dos presidentes que tengan un elevadísimo nivel de interacción, amor y cariño con su pueblo, aún en circunstancias tan difíciles como la guerra económica que estamos viviendo. ¡Aquí pasan cosas extraordinarias, que personas de otros lugares del mundo, incluso de esos sitios que llaman "países desarrollados", envidian y añoran!


El sábado 18, el personal de VTV y del Minci hicieron un esfuerzo titánico, transmitiendo en vivo por casi 3 horas al Presidente conduciendo en Maracay. Pero era realmente asombroso el cariño que le demostraba la gente, apretujándose para acercarse a él, zarandeando a las dos filas de soldados con boinas rojas que escoltaban al autobús (soldados que acompañaron a Chávez en las insurrecciones militares  de 1992), pasando encima de ellos y haciendo de todos para llegar a la ventanilla del vehículo, tomarle la mano muy fuerte al Jefe de Estado y darle apoyo y ánimos.




Eran muchísimas mujeres, muchos hombres, algunos con su hijo o hija en hombros.  Hubo un momento en el que el Jefe de Estado se emocionó enormemente por tantas muestras de apoyo. Se le veía el brillo en los ojos.


Tomaba los papelitos, pancartas y carpetas. Se reía, hacía gestos de victoria y de lucha con el puño cerrado mientras afuera le gritaban consignas.



Un joven con guantes de boxeo se acercaba haciendo demostraciones, y en Barcelona un sensei con dos de sus jóvenes estudiantes se pararon frente al autobús e hicieron una breve demostración de artes marciales.

 

"¡Dios te bendiga, Maduro!", repetían continuamente muchas mujeres en el camino en ambos trayectos. En Aragua le regalaron una pequeña cruz, que él se guardó en su billetera.



También se acercaban niños y jóvenes para plantearle problemas y solicitarle su ayuda. A veces no se escuchaba lo que decían, pero la emoción en el rostro daba a entender que eran problemas serios y difíciles.



Ese día en Maracay, otro trabajador se le acercó con un rostro de mucha desesperación, pasando por encima de los soldados para entregarle un sobre con unos videos. El muchacho estaba desesperado.


"Me hicieron renunciar a mi trabajo. ¡Allí hay videos, Presidente! Estábamos denunciando la guerra económica antes de que falleciera el Comandante Presidente Hugo Chávez. Vea los videos de lo que estábamos denunciando... era del almacén Alimentos Polar en Palo Negro, tenían un depósito clandestino, una empresa tercerizada, y ahorita lo asumió Polar.  Pero, para que sepa, tuvimos que renunciar porque nos obligaron, nos amedrentaron". Maduro prometió llamarlo en una hora. "Aquí está la clase obrera denunciando a los que llevan la guerra económica", denunció mientras entregaba el sobre con videos a su equipo y daba instrucciones.

Estas visitas le permiten a Maduro y su equipo (en el cual incluye generalmente al gobernador y al alcalde de la zona) analizar los problemas de la gente y darle solución a aquellos más urgentes y que afecten a una mayor cantidad de personas.



Aún así, yo como informático sueño en que algún día no haga falta perseguir al Jefe de Estado en sus visitas para entregarle papelitos denunciando problemas o haciendo peticiones. No todos pueden hacerlo... hay personas enfermas, de edad avanzada, o que estaban en su trabajo y no pudieron llegar a tiempo.

Alguna vez escribimos que para eso los entes públicos tienen una plataforma informática y es relativamente sencillo instalar un sistema de gestión en software libre, en el cual las personas accedan a una página web, coloquen sus problemas y peticiones de una forma amigable y privada, con todos sus datos, sin las limitaciones de 140 caracteres de Twitter, sin el temor de que el tuit pueda ser visto por alguien que pueda tomar represalias contra ti. Y que un equipo de servidores públicos procesen todas esas peticiones y les den respuesta (como en su momento lo hizo la Sala ChavezCandanga), e incluso pueda elaborar estadísticas y determinar qué problemas afectan a más personas y cuáles deben ser atendidos primero.

Alguien dirá que esa propuesta es muy tecnocrática, pero yo soy de los que piensa que, para una persona de un pueblo o que viva en un lugar aislado, es mucho más fácil llegar a un infocentro o a un cibercafé y colocar una petición en una página web (con la ayuda de alguien, si es que el asunto parece muy enredado), que viajar a la capital del estado o a la capital del país para pasar colas y malos ratos durante dos o tres días intentando resolver su problema.

Pero también reconozco algo: por muy eficiente que pueda funcionar un sistema como ese, estoy seguro de que muchas de las personas que estuvieron cerca de Maduro y pudieron entregarle en sus manos una carpeta, un mango o una crucecita, no cambiarían esa experiencia por nada del mundo. A pesar de los empujones y de la incomodidad.


Maduro le está echando pichón. Y a veces toma decisiones que no nos gustan. Pero se ve que está resuelto a trabajar, a resolver los problemas de millones de personas y a seguir los pasos de Chávez.

¿Y que hay de nosotros, los que trabajamos en el Estado como servidores públicos? ¿Qué haremos el día en el que una señora nos entregue un mango con una petición escrita? ¿La rebotaremos, le formaremos un peo, nos sentiremos ofendidos y la mandaremos a sacar con seguridad? ¿O la atenderemos con paciencia? Mientras que hay algunas instituciones públicas que parecieran interesadas en desanimar a la gente, también hay otros servidores públicos que trabajan durísimo atendiendo al público, sin importar la hora ni la fecha, todo porque creen en ver a Venezuela echar pa'lante y el ver la sonrisa de una persona a quien se le resolvió su problema les parece una recompensa arrechísima. O, como me dijo una de estas servidoras públicas: "Los días de atención estamos allí hasta las 8 de la noche, miles de veces bajo, hablo con la gente, les doy mi número de teléfono... El asunto es que... ¡nosotros estamos comprometidos en cumplirle a Chávez!". 

Gente a la que tenemos que imitar.

Les dejo fotos de Prensa Presidencial.Estas son en Barcelona, el 22 de abril:








Estas fotos son en Maracay, 18 de abril


 






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