17 de octubre de 2005

Mi semi-reconciliación con Secuestro Express

Animado por consejos de varios panas chavistas, fui este lunes al cine a ver "Secuestro Express". Y la película me gustó mucho, por lo que debo disculparme por algunos de mis primeros comentarios. Estuve entre quienes caímos en juzgar sin verificar primero. Pero ciertas palabras del director del film, Jonathan Jakubowicz, venían cargadas con una politización entre líneas tan habitual en politiqueros de la oposición, que hicieron que muchos creyéramos que su película era otro documental de Globovisión enmascarado.

"Secuestro Express" tiene sus deficiencias pero es uno de los mejores filmes venezolanos que he visto hasta ahora. Si sopesamos el hecho de que es el debut de Jakubowicz como director, y de que no disponía de grandes montos de dinero para hacerla, yo creo que habría que darle 9,5 de 10. Los actores (en particular Mía Maestro y los chamos de "Vagos y Maleantes") se la comieron. No así Rubén Blades, quien parecía que sólo leía un teleprompter.

Hay momentos en los que el film logra un gran ambiente de suspenso y sorprende al espectador en numerosas ocasiones. Sin caer en las trilladas conspiraciones, aparecen mucho esas casualidades que de vez en cuando nos suceden en la vida, esos hechos que nos convencen de que este mundo es cada vez más pequeño.

Algunos panas chavistas la critican por ser discriminadora y clasista, pero creo que se equivocan. Veo clasismo todos los días en Globovisión, en Televen, en la publicidad de los medios impresos, en las vallas de las autopistas, a veces hasta en VTV, pero no en esta película. Por ejemplo: entre los malos hay gente de clase media y clase baja, no sólo gente pobre. Un traficante de droga comparte amistad con uno de los secuestrados (un "niño rico") y con dos malandros de barrio.

A quienes piensan que la película es discriminadora, les aconsejo prestar mucha atención a la escena en la que Carla (Mía Maestro) está amarrada en el piso y conversa con Trece, uno de los secuestradores (Carlos Julio Molina, quien interpreta al maleante de clase media). Carla le pregunta al secuestrador más benévolo por qué la vida la trata así, si ella trabaja de gratis en un hospital de niños pobres. Por qué hay tanta violencia y tanto odio. La respuesta del secuestrador explica muchos de los problemas sociales del país, y hasta parece sacada de un discurso del Presidente Chávez.

Quienes piensan que la película fomenta el odio entre clases, creo que están equivocados. No se puede confundir la realidad del crimen organizado, con el problema que crea la distanciación entre clases sociales y el odio entre las mismas. A veces veo más odio en un bolivariano que hable mal de quienes van al Sambil, de quienes usen ropa de marca, de quienes coman en McDonalds o de quienes quieran ver Dossier, que en alguien que cuente una historia sobre un secuestro y tome en cuenta todas las aristas que abarca esta historia.

Las drogas

Casi todos los personajes de "Secuestro Express", buenos o malos, sin importar su clase social o su nivel educativo, están inmiscuidos en el mundo de las drogas, ya sea como consumidores o como traficantes. Esto molestará mucho a quienes piensan que el cine debe usarse para vender turísticamente al país, y que sólo debe mostrar las cosas bonitas de Venezuela. Se olvidan que el cine expresa las ideas de un director y no la realidad de un lugar.

Pero estemos claros: si bien la mayoría no estamos inmiscuidos en el mundo de las drogas, sin embargo sí nos topamos con ese mundo a diario. Uno los ve en esquina, en algunos vecinos, a veces hasta con algún familiar. Es una megaindustria que grupos en Estados Unidos y Colombia están muy interesados en mantener. Y en una película como "Secuestro Express", ocultar esta realidad sería dañar el film. Sería como hacer una película de Bolívar donde no se hable del Decreto de Guerra a Muerte, o una película sobre Bush donde no se hable de Irak.

"Secuestro Express" también expone fuertes realidades sobre la corrupción. Un GN que exige paquetes de droga a cambio de dejar pasar a los narco-secuestradores... ¿eso no pasa en Venezuela? Un par de policías que encuentran a la muchacha recién liberada y deciden re-secuestrarla para violársela... ¿acaso eso no ha pasado en Venezuela?

Entiendo que el gobierno está luchando duro para cambiar estas realidades, y que el hacerlo no es nada fácil. Pero no podemos cambiar las cosas tampando la realidad con un dedo, o diciéndole a Jakubowicz que vaya con sus denuncias a la Fiscalía. No podemos prohibir películas como Requiem para un sueño o Trainspotting. ¿O sí?

Violencia y Puente Llaguno

En cuanto a la imagen de Puente Llaguno: preservo mi crítica. La imagen aparece al comienzo, en un collage desprovisto de narración, que tiene la intención de mostrar que en nuestro país se vive día a día con la violencia. Esa imagen dura menos de un segundo.

Sin ella, la película hubiera sido exactamente la misma. Pero al incluir a Rafael Cabrices disparando desde Llaguno, de forma descontextualizada, sin mostrar el otro lado de la contienda (la PM asesinado chavistas desarmados el 11 de abril), en un collage de imágenes violentas donde también se incluyen a algunos opositores confrontándose con la Guardia Nacional, se pierde completamente el equilibrio. Creo que quienquiera haya decidido incluir esas imágenes estaba buscando que se armara una controversia en torno a la película, y creo que José Vicente Rangel y las demás personalidades del gobierno que se pronunciaron contra ella ayudaron mucho a que la taquilla se incrementara.

Si hablamos de violencia en nuestra ciudad, podemos leer este post en el blog "El país de los equivocados". Mientras algunas personas en la Torre Ministerial de La Hoyada se preocupan de mostrar una imagen rosa de Venezuela, a sólo 100 metros se practica una de las formas de atraco más horrorosas: frente a los buhoneros y mientras transeuntes ven aterrorizados la escena, en plena hora pico, cinco o seis malandros rodean a su víctima, generalmente alguien que tenga pinta de cargar algo de dinero. Lo golpean brutalmente con palos y luego le dan patadas en el piso. Le quitan su maletín o bolso y salen huyendo. Nadie hace nada. Nadie dice nada. Francamente, si vamos a hablar de violencia, prefiero que denuncien esa realidad (que ocurre allí o en la Av. Baralt todos los días... y no me pidan llevar pruebas a la Fiscalía, ¡no joda!, que queda a 300 metros de allí) antes que al difunto Rafael Cabrices en una imagen totalmente descontextualizada. A menos, por supuesto, que la idea sea generar escándalo.

La imagen de Llaguno, de todas formas, ayudó mucho a la película. La demanda que sufrió por parte de Cabrices y su familia hizo que un gentío se volcara a las salas, temiendo que Secuestro Express llegara a ser prohibida. Lamentablemente, esta imagen también debió ser responsable de que Secuestro Express no fuera nominada al Oscar por el Centro Nacional Autónomo de Cinematografía de Venezuela. Una decisión que creo que es muy lamentable.

Pero por otro lado, Jakubowicz y la mayor parte de su equipo son antichavistas. Parte de la película fue filmada en 2003, como lo delatan algunas tomas en la Plaza Altamira. Considerando la politización que había en ese momento, realmente la cosa pudo ser mucho peor. Hubieran podido poner a los malos con boinas rojas, o a gente hablando mal del Presidente Chávez. Pero nada de eso se ve en el film.

En fin, recomiendo a todos ver la película y formarse su propia opinión.
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