24 de abril de 2005

La autonomía es para eliminar la exclusión

(Un fragmento de este artículo fue publicado en el periódico TEMAS de esta semana; aquí lo reproduzco completo)

La Universidad Central de Venezuela, sitio donde fueron instruidos importantes luchadores sociales del país, tiene orígenes realmente peculiares, que vale la pena recordar.

La UCV fue fundada por mandato del Rey Felipe V de España el 22 de diciembre de 1721, con el nombre de "Real y Pontificia Universidad de Caracas". En efecto, los adjetivos "Real y Pontificia" no eran gratuitos: la universidad formaba exclusivamente teólogos, canonistas, juristas y médicos, una élite de jóvenes adinerados quienes defendían los fueros y regalías del Imperio español, y la "pureza" de la Iglesia Católica bajo instrucciones del Sumo Pontífice [1].

En aquella época, la universidad funcionaba donde hoy queda el Concejo Municipal; luego se mudó al actual Palacio de las Academias. Luego, Isaías Medina Angarita inició la construcción de la Ciudad Universitaria de Caracas, con Carlos Raúl Villanueva como arquitecto y gran planificador. Y el general Marcos Pérez Jiménez, un dictador apoyado por el nuevo imperio de turno, le dio un gran empujón al plan para que la antigua Hacienda Ibarra se convirtiera en la Ciudad Universitaria de Caracas, la sede actual de la Casa que vence las Sombras.

En fin: nos fundó un Rey para que trabajáramos para el Papa, y luego un dictador nos dio nuestras modernas instalaciones. Con tan oscuros precedentes, pocos se sorprenderían de que la UCV de hoy -si la juzgamos por sus voceros y representantes más notorios, y por los resultados que produce- no trabaje para la gran mayoría de la sociedad venezolana que sí la necesita, sino para intereses de corporaciones e imperios económicos.

Pero alguien que conozca bien la historia de la universidad no tardaría en recordar algunas cosas: sí, la UCV nació para servir al Rey de España, pero de sus aulas egresaron los abogados que redactaron el Acta de Independencia y que escribieron la primera Constitución. Sí, la Ciudad Universitaria fue construida por Pérez Jiménez, pero en sus instalaciones se formaron algunos de los estudiantes que ayudaron a derrocarlo. Y sí, la mayor parte de la UCV en estos momentos sirve a intereses para nada venezolanos, pero en sus instalaciones hay docentes y estudiantes que luchan por darle un fuerte sentido social. No muchos, pero los hay.

Más bolivariana que ninguna

La UCV también nos da muchas lecciones de historia. Muchos apreciamos la lucha que se realizó en la Universidad de Córdoba, en Argentina, para lograr la autonomía universitaria allá en 1918. Pero muchos años antes, nuestra universidad ya era plenamente autónoma. En 1827, el Libertador Simón Bolívar y el Doctor José María Vargas, rector de la casa de estudios, le dieron a esta universidad no sólo el nombre que tiene hoy, sino el más amplio concepto de autonomía que jamás haya tenido esta casa de estudios. En la Hacienda Ibarra ambos personajes discutían una de sus primeras y más importantes transformaciones. Vargas quiso darle plena autonomía a la universidad, lo que significaba no sólo independizarla de cualquier gobierno y otorgarle plena libertad de cátedra, sino algo aún mucho más innovador: la eliminación de la discriminación por razones raciales, religiosas o económicas en el ingreso de los estudiantes [2].

Bolívar comprendía que ello no era posible si la Universidad no tenía sus propias fuentes de ingresos, así que él se las suministró de su fortuna personal: las haciendas de la familia Bolívar ubicadas en Chuao y Cata y la hacienda La Concepción, ubicada en el pueblo de Tacata, pasaron a pertenecer a la nueva Universidad Central de Venezuela, para darle los fondos necesarios para funcionar.

Sí señores: la UCV tuvo, entre 1827 y 1883, plena autonomía académica e incluso total autonomía económica, gracias nada menos que a Simón Bolívar, aquel héroe del cual hemos oído hablar tan mal en Globovisión. "El Libertador no se reservó consideraciones especiales como jefe de Estado. Defendió la autonomía al establecer que las autoridades universitarias fuesen elegidas por el claustro y dotó a la Institución con un robusto patrimonio económico." [2]

No conozco a ningún ucevista de hoy que le dé las gracias a Bolívar por tan noble gesto; es más, en toda la enorme extensión de la Ciudad Universitaria las estatuas y bustos de Bolívar brillan por su ausencia, en especial con el antibolivarianismo que la caracteriza hoy [3]. Antibolivarianismo que se confunde y se entremezcla con antichavismo, y del radical.

Autonomía sube y baja

Seguramente aquella autonomía varguista-bolivariana no era perfecta. Desconozco si realmente los pobres entraban a la UCV del siglo XIX (universidad que apenas contaba con unos cientos de cupos, en comparación con los 50 mil de hoy). Desconozco si esa universidad hacía investigación para buscar soluciones a los problemas del país, o si había democracia y participación en sus decisiones. Pero de seguro el sueño de Bolívar y Vargas era que, en unos 100 o 150 años, sus sucesores pudieran llegar a perfeccionar una universidad que realmente trabajara para hacer crecer a la sociedad venezolana.

La universidad iba en ese camino hasta los años ochenta del siglo XX. Distaba mucho de ser perfecta, pero al menos una gran cantidad de personas humildes lograban ingresar a ella: en 1981, el 65,19% de sus alumnos venía de los liceos oficiales según explica el estudio "La exclusión de los pobres de la educación superior venezolana", de Eduardo Morales Gil.

Quienes soñaban que al llegar el promisorio año 2000 ese índice aumentaría, se equivocaron. El porcentaje se ubicó en 22,45% ese año.

Los cambios en los mecanismos de admisión influyeron notablemente en ese porcentaje. De alguna forma, las pruebas internas de las facultades están hechas para favorecer la entrada de jóvenes de clase media, en parte gracias a la cuota que se cobra para presentarlas (hoy ronda los 30 mil bolívares dependiendo de la facultad). Sólo jóvenes de clase media pueden darse el lujo de pagar 150 mil bolívares anuales para presentar 4 ó 5 pruebas de admisión (es como un raspaíto: mientras más compres, más chance tienes de ganar), sin contar conque ellos son los que pueden pagar los cursos preparatorios que muchos particulares dan para presentar estos exámenes. Quien dude de lo que digo puede dar una vuelta por las facultades y echarle un vistazo a las colas para inscribirse en las pruebas.

Por otro lado, los cambios orientados a dificultar la entrada de los más desposeídos no ocasionaron protesta alguna en el interior de la universidad. Nadie objeta tampoco el aumento de cuotas para presentar la prueba de admisión. Total, sus estudiantes ya están adentro, y no se preocupan mucho por quienes pueden entrar o quienes no.

Las "respuestas" de la UCV

El programa Samuel Robinson, que esgrime la UCV con cierto orgullo como su "respuesta" para que los pobres entren a la universidad, apenas logró la entrada de 900 bachilleres en el lapso comprendido entre 1997 y 2003. Afirman que su sistema tiene una "alta calidad" ya que la eficiencia promedio de quienes ingresaron en ese período es de 0,76 [4]. Sin embargo, no dan respuestas al medio millón de jóvenes, la mayoría pobres, quienes quieren entrar a cualquier casa de estudios universitaria pero no lo logran.

Es aquí cuando uno se da cuenta de cómo se ha torcido el tema de la AUTONOMÍA. Los que estamos adentro de la UCV queremos tomar todas las decisiones, entre ellas determinar quienes pueden entrar, sin que nadie de afuera nos critique al respecto. Pero, ¿los que están afuera de los muros de la UCV pueden confiar en que los que estamos adentro defenderemos sus intereses?

La experiencia nos dice que no.

Ni lavan, ni...

Lo peor no es la ausencia de respuestas a la Sociedad, sino la crítica contra quienes sí tratan de dar soluciones. La Misión Sucre, a pesar de sus problemas, es una respuesta que el gobierno ha dado para lograr que unos 200 mil bachilleres cursen estudios superiores y se formen en carreras necesarias en los municipios donde viven. La respuesta de la UCV, en vez de ofrecer soluciones al problema educativo, ha sido criticar la Misión y, en algunos casos, pedir su eliminación.

En mis visitas a foros promovidos por Agustín Blanco Muñoz, el rector Antonio París y otros personajes, no he escuchado ni siquiera alternativas para sustituir la Misión Sucre, salvo el programa Samuel Robinson, con el cual lograremos que los más desposeídos mueran de viejos esperando un cupo. Ni siquiera escuché propuestas para ampliar cosas que ya existen, como el programa de Estudios Supervisados de la UCV (que desde hace treinta años permite que miles de jóvenes de Caracas y el interior estudien a distancia, pero sólo existe con la carrera de Educación). Ni siquiera alguien se paró a presentar una propuesta de Ley de Educación Superior. Sólo escuché rabiosas amenazas a Chávez y sus ministros, cuyo eco rebotaba por doquier debido a la pobre asistencia a dichas charlas.

Universidad "sólo para los más aptos"

La hipocresía abunda hasta en los argumentos: vemos a diario a profesores universitarios hablando de que "no todos pueden entrar a la Universidad porque no todos tienen las aptitudes mentales para lograrlo". Nos dicen que "no todos tienen que ser ingenieros; el mundo también necesita mesoneros y albañiles".

Suponiendo que esta idea discriminatoria tuviera algo de cierto, entonces sólo un pequeño porcentaje de los hijos de profesores universitarios deberían entrar a la universidad; total, no todos son aptos, ¿cierto?

¡Falso! Los profesores que usan estos tristes argumentos tienen a TODOS sus hijos estudiando en la UCV o en otra universidad pública, gracias a los convenios que le dan ingreso automático a sus hijos sin presentar prueba de admisión. En cambio, es normal encontrar familias en los barrios caraqueños con cinco, seis u ocho hijos, ninguno de los cuales logra cupo en alguna universidad pública venezolana.

Por cierto, ¿conoce usted a algún hijo de profesor universitario que sea mesonero?

Conclusión

Espero que estas humildes reflexiones sirvan para hacer entender a algunos que aquí el problema no se trata de ponerle una gran boína roja a la UCV, o de pintarle la cara de Bolívar al edificio de la Biblioteca. El problema estriba en buscar mecanismos para que la universidad ofrezca soluciones a la Sociedad; tumbar el mito de que los muros de la UCV son inexpugnables, y de que todos los que están afuera tienen que mirar callados su esplendor sin pedirle retribución alguna al recinto universitario.

Porque ese obrero que gana sueldo mínimo y sale todos los días del barrio El Carpintero para trabajar y mantener a sus 4 pequeñines debe entender que él, con los impuestos que paga y con el petróleo que está en el subsuelo y le pertenece, le está pagando los estudios a jóvenes de clase media que pronto serán ingenieros o licenciados, mientras que sus hijos tal vez sólo serán obreros como él.

Las cosas empezarán a cambiar cuando este señor comprenda que sus hijos tienen tanto derecho de entrar a la UCV como los jóvenes de clase media. Las cosas empezarán a cambiar cuando quienes estemos dentro de la UCV comprendamos que, por cada uno de quienes entramos, hay por lo menos 200 personas que se quedaron afuera, a quienes representamos y por quienes tenemos que luchar. Las cosas empezarán a cambiar cuando los ucevistas egresados comiencen a trabajar para MEJORAR las condiciones de vida de TODA la sociedad, y no para SUBIR escaños dentro de la sociedad.

Hagamos entonces que las cosas empiecen a cambiar, o sino otros lo harán por nosotros. Y luego no podremos quejarnos de que no se nos preguntó.




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[1] El propio sitio web de la Biblioteca Central de la UCV afirma que la universidad en aquel entonces "velaba por la pureza de la Religión Católica, bajo la rígida corriente escolástica".

[2] Historia de la Biblioteca Central, por la profesora Eudis T. Borra Ortiz. Extraído del sitio web de la Biblioteca Central de la Universidad Central de Venezuela. http://www.sicht.ucv.ve:8080/biblioteca/historia.htm (27-03-2005)

[3] En cambio, un busto de José María Vargas domina la Plaza del Rectorado. No es intención de mi persona el proponer la colocación de bustos de Bolívar por doquier; "Tu herencia es el pan nuestro de cada día", escribió Neruda respecto al Libertador.

[4] Fuente: Reporte de la Secretaría de la UCV emitido este año.
La eficiencia es un indicador que expresa, en este caso, que el 76% de los créditos de las materias inscritas por los estudiantes fueron aprobadas.
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