10 de agosto de 2016

El Arco Minero: ¿Quién tiene la culpa?

¿Qué opino yo sobre la explotación del Arco Minero? Por supuesto que estoy en contra. Me molesta enormemente que tengamos que recurrir a la minería de alto impacto para solucionar los graves problemas que atraviesa el país.

Ahora bien, hay ciertos temas controversiales y de difícil discusión. Queremos culpar exclusivamente a Nicolás Maduro de las decisiones que se están tomando sobre el Arco Minero, cuando la realidad es que cada uno de nosotros tiene una pequeña parte de la culpa en el problema, y muy poco estamos haciendo cada uno de nosotros en cambiar nuestro estilo de vida personal para solucionar las cosas.

A ver. Pongamos a un lado la crisis por un momento.

  • Todos queremos tener un celular inteligente de última generación, y queremos cambiarlo cada dos o tres años por uno mejor. Y que cada quien en la familia tenga uno.
  • Queremos tener buenos televisores, pantalla plana, de 32 o 49 pulgadas. Si son 4K, mejor.  Uno en cada cuarto, para poder ver Game of Thrones mientras los chamos ven Cartoon Networks o Disney.
  • Queremos tener un buen Blu Ray.
  • Queremos tener un equipo de sonido con grandes cornetas, que resuenen en toda la cuadra.
  • Queremos tener un buen computador para hacer trabajos en la casa. Con un monitor grandote. Y una impresora. 
  • Queremos una laptop para la hija que está en la universidad. 
  • Queremos que nuestros niños tengan su Canaimita. 
  • Y, si es posible, que también tengan un PlayStation o un Xbox.
  • Y que nuestros viejos tengan una tablet para navegar por Internet. 
  • Y un smartwatch que les mida la tensión arterial.
  • Queremos cocinas, microondas, lavadoras inteligentes, secadoras, aires acondicionados. Y un carro que se maneje sólo. 
Sí, queremos todo eso. Ansiamos que la crisis termine para recuperar el estilo de vida que teníamos en 2010 o 2011, cuando podíamos comprar un celular o una laptop con una fracción de nuestro sueldo. Cierta mala propaganda gubernamental que nos repiten cada vez que vienen las elecciones, ha hecho creer a muchas personas que "socialismo" significa televisores, lavadoras, teléfonos y aires acondicionados baratos. El "buen vivir" y el "vivir viviendo" a menudo era confundido por políticos revolucionarios con tener muchas posesiones, electrodomésticos y equipos materiales como forma de "salir de la pobreza", coincidiendo con la publicidad capitalista que te dice que el tener esos productos es el "único" camino para "alcanzar la felicidad". 

Pero nunca nos hemos sentado a pensar que, cuando millones de personas en un país como el nuestro desean tanto y tanto aparato, estamos prácticamente colocándole una pistola en la cabeza al Jefe de Estado (en este caso, a Nicolás Maduro) exigiéndole una inmensa cantidad de recursos necesarios para lograrlo. Recursos que tienen que salir de algún lado.

Y no me refiero únicamente a los dólares necesarios para importar esos productos. Me refiero a que cada aparato necesita una gran cantidad de minerales y metales preciosos para ser construido. Según diversas fuentes, cada teléfono móvil, cada computador y cada aparato electrónico que queramos necesita:

Hebras de oro usadas como conectores dentro de un circuito integrado
Condensadores de tantalio
  • Una cantidad no precisada de diferentes metales, como aluminio o acero.
  • Una cantidad no precisada de "elementos raros", un tipo de minerales así denominados en la tabla periódica, que son imprescindibles para construir determinadas piezas de nuestros teléfonos: su pantalla (para hacerla más resistente a golpes y rayaduras), los imanes en las cornetas y audífonos, las baterías, los minimotores que hacen que el celular vibre en modo silencioso, etcétera.

    Estos minerales deben extraerse de minas en todo el mundo, principalmente de China, pero países vecinos como Brasil también tienen depósitos de estos minerales; no nos extrañe que en Venezuela también los encontremos (ver Where to Find Rare Earth Elements por  Ainissa Ramirez, The Chemical Elements of a Smartphone por CompoundChem, Digging for rare earths: The mines where iPhones are born, artículo por Jay Greene para CNet).

Estas infografías, tomadas de Scientific American y CompoundChem, muestran algunos de estos minerales o "elementos raros", que son requeridos para cada teléfono y artefacto electrónico que queramos poseer. Puede hacerles click para verlas más grandes.




En otras palabras: por cada teléfono móvil que requiramos en Venezuela para buscar noticias en Google, para posicionar etiquetas en Twitter, para ver fotos de artistas en Instagram o para jugar Pokemon Go, necesitamos excavar gigantescas minas (bien sea en nuestro país o en otras partes del mundo: el planeta es el mismo) para extraer decenas o cientos de minerales distintos, en algunos casos usando sustancias peligrosísimas como cianuro, esclavizando niños africanos y alimentando guerras civiles, como ocurre en Congo; o explotando a trabajadores que deben laborar 16 horas diarias o más, como ocurre en el sureste asiático. 

Oro y coltán para tu teléfono celular


Si 30 millones de venezolanos deseamos tener un teléfono inteligente, y lo queremos cambiar cada 3 años (hay gente que quiere comprarse un celular nuevo cada año), eso significa que el país tiene que importar o producir 10 millones de teléfonos celulares al año

¿Cuánto oro se necesita para construir 10 millones de teléfonos al año? Multipliquemos 10 millones de teléfonos por 24 miligramos de oro: son 240 kilogramos de oro anuales (unas 8.465 onzas) solamente para fabricar los teléfonos celulares que exigimos los venezolanos.  

¿Cuánto coltán se necesita para construir 10 millones de teléfonos al año? Es difícil hallar las cifras. El tantalio, que es el mineral que se utiliza en los equipos electrónicos, se extrae del coltán, el cual es un mineral a su vez compuesto por columbita y tantalita. El sitio web Tantalum-Niobium International Study Center explica que, para obtener tantalio a partir de minerales como coltán, hay que realizar tratamientos y procesos de refinación usando ácido sulfúrico y fluorhídrico a altas temperaturas, así como complejos procesos de filtrado y separación para eliminar impurezas y otros materiales. En otras palabras, para obtener 400 kilogramos de tantalio necesarios para fabricar 10 millones de teléfonos anuales, necesitaremos varias toneladas de coltán al año. 

Pero nosotros los venezolanos no queremos únicamente teléfonos. Sumémosle un millón de computadoras Canaimita que entregamos a niños y niñas en edad escolar cada año; cientos de miles de tabletas, y millones de productos como televisores, lavadoras, aires acondicionados, computadoras, laptops, sintonizadores de TDA, reproductores de MP3, Playstation... ¿Cuánto oro necesitamos extraer del subsuelo anualmente para construirlos? ¿Una o dos toneladas? ¿Cuánto coltán? ¿Cuánto aluminio? ¿Cuánto cianuro y otras sustancias abrasivas tendremos que usar? ¿Cuántas grandes minas a cielo abierto tendremos que construir?  ¿Cuántos árboles habrá que derribar, cuántas especies de animales únicos tendremos que extinguir? 

¿Qué pasará si descubrimos yacimientos de "elementos raros" en el Arco Minero, necesarios para construir nuestros Samsungs e iPhones? ¿Cuántos cráteres se requieren hacer en el Escudo Guayanés, o en cualquier otro reservorio ambiental del mundo, para poder saciar nuestros requerimientos de equipos electrónicos? 

Mina de "minerales raros" en Mountain Pass, California, explotada por
la empresa Molycorp. Foto: CNet
¿Se imaginan si Maduro hubiera anunciado más bien que, para contribuir con la protección del Arco Minero y evitar que Venezuela tenga responsabilidad en la destructiva explotación minera que se realiza en todo el mundo, se dejará de importar o producir teléfonos, laptops, televisores y Canaimitas? ¿Cuántos venezolanos aplaudirían esa medida en este momento?

El debate necesario


Caray, yo no estoy diciendo que Maduro no tenga la responsabilidad principal en las decisiones que se toman sobre el Arco Minero, pero cada uno de nosotros también tiene una parte de ella. Tenemos un estilo de vida impuesto por el capitalismo y por las grandes transnacionales, pero al cual no estamos resueltos a renunciar fácilmente. Y es que, si de verdad queremos preservar el Escudo Guayanés y cualquier otro refugio ambiental del planeta, cada uno de nosotros tenemos que hacer cambios en nuestro estilo de vida y tenemos que concientizar a los demás al respecto, para evitar unirnos a esta orgía tecnológica que estamos viviendo en los últimos tiempos, que exige tener la última versión de cuanto aparato tecnológico sale a la calle para "ser felices".

Si NO debatimos el mundo que queremos lograr y lo que hace falta para llegar a él, terminaremos en contradicciones dolorosas como éstas.

Lo cierto es: Uno no puede ser defensor del Arco Minero y, al mismo tiempo, ser promotor del consumismo tecnológico, ni de sus consecuencias: el desaforado "etiquetismo tuitero" que se ve en nuestro país, con miles de personas tanto en las instituciones públicas como en los partidos de oposición dedicados a "impulsar etiquetas", cada uno convencido de que la etiqueta que llegue más alto será la que salve al país. 

No podemos autocalificarnos de defensores del Arco Minero y al mismo tiempo llenar las pantallas de nuestras televisoras públicas con mensajes instando a todos los venezolanos a vivir todo el día metidos en Twitter, Facebook e Instagram, cuando más bien deberíamos estar denunciando los daños ambientales que hay detrás de cada aparato electrónico que compramos. Deberíamos estar haciendo micros y programas especiales en contra del consumismo, la obsolescencia programada e incluso enseñando cómo alargar la vida útil de los teléfonos, computadoras y equipos que tengamos.

Las televisoras públicas y los medios del Estado deberían ser los principales promotores del software libre, una excelente forma de alargar la vida útil de tu computador y evitar tener que comprar una PC nueva cada pocos años, lo que pasará si le instalamos Windows o cualquier otro sistema privativo.

Y uno puede ser crítico con los medios públicos venezolanos, pero los que dan auténtico asco son los medios de extrema derecha, como La Patilla, Caraota Digital, El Nacional, El Estímulo, El Cambur y similares. Medios que jamás le han dado espacios a los ambientalistas y ecologistas, y mucho menos cuando hay que denunciar una empresa privada o una multinacional. Medios para quienes el Arco Minero no existía, hasta que se encontró una forma de usarlo para atacar al gobierno de Maduro. Y ahora sí fingen ser ecologistas:


O ciertas personas que dicen ser de izquierda, pero nunca en su vida han hecho una lucha ambientalista ni siquiera para salvar un arbolito. Que trabajan dando charlas a activistas de la oposición para que usen sus smartphones de forma más eficiente en el manejo de Twitter y otras redes sociales, pero de pronto fingen ser más ambientalistas que Chico Mendes o Berta Cáceres, con el único fin de  aprovechar el descontento: manipulando, mezclando verdades con mentiras, usando fotos falsas y argumentos erróneos con el fin de convencer a incautos de que Maduro debe abandonar el poder bajo cualquier excusa. 

Y la excusa de moda es el Arco Minero.

Son personas que gritan ―no sin razón― que la Guardia Nacional es corrupta, pero jamás se atreverían a mover un dedo para enfrentar las mafias de asesinos y malandros que tienen tomadas muchas zonas del Arco Minero desde donde hacen minería ilegal, y extraen los minerales con métodos aún más destructivos que los que usan las transnacionales. Peor aún: algunos de esos políticos que pegan gritos contra el Arco Minero, tienen sus negocios con esas mafias.

Escuchar a los nuestros


Pero, por otro lado, existen ecologistas y ambientalistas revolucionarios, personas que han acompañado al chavismo desde 1998 e incluso antes, quienes han estado toda su vida luchando por la defensa de las selvas y los bosques, que han peleado con rudeza contra las grandes corporaciones destructoras del ambiente, que se han solidarizado con grandes luchadores ecologistas de toda Latinoamérica y cuyo estilo de vida siempre se ha opuesto al consumismo que, a la larga, se usa para justificar el incremento de la minería a cielo abierto.

Muchos de estos luchadores están muy dolidos por las decisiones del Presidente Maduro en torno al Arco Minero. Algunos se sienten incluso traicionados.

Pienso que el gobierno bolivariano ha fallado en su estrategia comunicacional en torno al Arco Minero. Se nos ha llenado de frases rimbombantes, como "minería ecosocialista" y similares, sin explicarnos cómo se harán las extracciones de minerales de forma "ecosocialista". Tampoco se nos ha explicado bien todo lo que hay detrás de las negociaciones con la empresa canadiense Gold Reserve, o por qué se le están pagando inmensas indemnizaciones. El decreto prohibiendo el uso y tenencia de mercurio es un gran comienzo, pero no podemos quedarnos allí.

Pienso que el gobierno bolivariano está obligado a sentarse con estos auténticos luchadores ambientalistas revolucionarios: debe escuchar sus argumentos, debe explicarle con calma los planes que existen con el Arco Minero, y si hay cosas que deban rectificarse, pues debe rectificarlas. 

Promover la investigación


Y, en cuanto a qué hacer: ¿Será que podemos pedirle al Ministerio de Ciencia y Tecnología que promueva concursos entre los destacados científicos del país, tal vez en conjunto con universidades chinas o rusas, para que juntos investiguen y descubran métodos para sustituir el coltán o el oro en los aparatos electrónicos, y usar minerales y materiales cuyo proceso de extracción sea menos contaminante? 

¿Podemos soñar con ver a venezolanos inventando formas económicas de reciclar los materiales que se hallan en teléfonos y computadores dañados, con el fin de tener que recurrir cada vez menos a la explotación minera?

¿Podemos soñar conque venezolanos lideren la creación de robots y drones que puedan hacer una explotación minera limpia y puntual, sin tener que recurrirse a la minería a cielo abierto ni a la destrucción de miles de hectáreas de bosques? 

¿O simplemente nos quedaremos cada uno en justificar nuestra posición y enojarnos con quienes nos critiquen?

Pienso que este gobierno, a diferencia de uno que sea presidido por Leopoldo López o por Ramos Allup, es un gobierno que sí escucha, que sí se sienta con los auténticos revolucionarios y que sí rectifica cuando se le demuestra que se equivocó. 

No creo que se vaya a echar para atrás toda la explotación en el Arco Minero, pero siempre que se demuestre que se están cometiendo graves errores, yo creo que Maduro y su equipo deben estar dispuestos a corregirlos.
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