1 de diciembre de 2010

Javier Biardeau: “El paradigma leninista no cabe en la Constitución del 99”

Entrevista hecha por Hugo Prieto al conocido sociólogo, publicada en Últimas Noticias el pasado 28 de noviembre de 2010. Quien la lea probablemente pensará que el Presidente Chávez lo condenará, pero todo lo contrario, el domingo en la tarde, en medio de la emergencia por las lluvias, Chávez se expresó muy bien en torno a esta entrevista de Biardeau (ver video en Youtube). Por tanto, la publicamos aquí.



Javier Biardeau: “El paradigma leninista no cabe en la Constitución del 99”
Autor: Hugo Prieto. Foto: Joaquín Ferrer.


Si se quiere imponer, a mocha y trocha, el paradigma del viejo socialismo, con sus tendencias centralizadoras del poder y antidemocráticas, el resultado será la desilusión. "El hastío de participar en la revolución bolivariana", advierte el sociólogo Javier Biardeau, quién además está inscrito en el PSUV y es colaborador asiduo de Aporrea y el Centro Internacional Miranda. Lo que se impone es "una reconducción democrática del proceso popular bolivariano".

¿Qué ocurrió el 26-S?

Lo que expresa el 26-S, en términos de la relación Gobierno-oposición, es el equilibrio de las fuerzas. Equilibrio que se conecta profundamente con un extravío que se percibe también durante la coyuntura de la reforma constitucional en 2007.

En mi opinión, hay una línea de continuidad entre la crisis de los resultados electorales de la reforma constitucional de ese año y la crisis de los resultados electorales del 26–S. ¿Por qué? El comportamiento electoral de las fuerzas que apoyan la revolución bolivariana arroja, desde 2006, una tendencia completamente irregular, arrítmica. Hay que revisar, justamente, qué es lo que está pasando entre esas fuerzas sociales y los instrumentos políticos que canalizan la movilización y organización de las mismas, para entender esa arritmia.

¿Eso no expresará, igualmente, el comportamiento del presidente Chávez, a quien uno ve como esos boxeadores que están perdiendo reflejos y ya no tienen la misma pegada?

A partir de 2006 hay cinco procesos electorales, en los cuales hay tres victorias para Chávez y dos rounds, en los que uno podría afirmar que hay un revés táctico. Eso es lo mínimo que puede decirse, incluso, si apela a la jerga beisbolística que el propio Chávez utilizó para referirse al resultado de 2007. El fly detrás del cuadro, al que llamó “un podrido”. A mí me llamó la atención de que a pesar de lo que la dirección del partido calificó como “una victoria contundente”, cuando se hizo una reunión de balance, lo que hubo fue un llamado de atención a Chávez y se acordó que era posible hablar así debido al número de curules parlamentarias obtenidas, pero ellos saben que la procesión va por dentro. Hay que buscar cuáles son los factores que están operando en las bases y que a su vez explicarían ese revés táctico. Yo lo llamo así, porque la meta de obtener 110 diputados implicaba un proceso de radicalización, que se venía dando desde la enmienda constitucional.

¿Por qué del 26–S para acá las autoridades del Psuv no han dado una sola explicación de lo que ocurrió en las elecciones legislativas?

Ellos hicieron una reunión y de allí surgió una versión oficiosa de los resultados. Lo que yo percibo dentro del partido es que de los resultados reales no debemos hablar públicamente. Por eso digo que la procesión va por dentro; en la medida en que no se ha gestionado políticamente, en que no se va asimilando, se generan todas estas inquietudes y malestares que se han amplificado últimamente.

Acaba de decir que la meta de 110 diputados era fundamental para radicalizar el proceso bolivariano. No se obtuvo, pero el presidente Chávez actúa como si no hubiese ocurrido nada.

No lo veo así, porque dentro del propio chavismo por radicalización se entienden diferentes significados. En unas líneas de Chávez, el Presidente sostuvo que había que profundizar la revolución sin desenfreno. Lo que implica, de alguna manera, acompasar el proceso, que venía, precisamente, desenfrenado. Los resultados planteaban un frenazo táctico a la línea que se venía dando.

Dentro del partido hay como dos nociones de radicalización. Una es radicalización socialista. Es decir, que las tareas socialistas están a la orden del día, según los conceptos del viejo socialismo real: avanzar en las nacionalizaciones, en las expropiaciones, en la construcción de un parlamento revolucionario, de la conquista del poder por la clase trabajadora, etc, etc.

¿El socialismo del siglo XX?

El socialismo del siglo XX.

¿El fracaso del socialismo real?

Diría el fracaso del paradigma leninista, a partir del cual se construyó el socialismo real. Para un sector del Psuv eso nunca ocurrió. Todavía siguen de espaldas a un balance crítico de los desastres y fracasos del socialismo real. Hay un sector que todavía cree que el problema de la Unión Soviética comienza con Stalin. Y que lo anterior fue chévere. Hay otro sector que sostiene que ese paradigma, justamente, es lo que está en crisis, como referencia, digámoslo así, para toda la izquierda de América Latina.

¿Qué cree usted?

Yo pienso que está en crisis y la razón fundamental es que ese paradigma no resolvió la tensión entre libertad política y li bertad social. Y nuestra Constitución, la del 99, cuando le montas ese paradigma, sencillamente se desbarata. El paradigma leninista no cabe en esta Constitución.

¿Lo que advierte esuna tendencia autoritaria,no sólo en el Gobierno sino en un sector del Psuv?

Y de la subcultura de la izquierda autoritaria, que sigue manteniendo la mitología de que la revolución rusa como paradigma de transformación social. No han advertido que si es socialismo del siglo XXI, uno está pensando en algo distinto, radicalmente distinto, y utilizo la palabra radical a propósito de lo que fueron las experiencias del socialismo real. La otra tendencia de radicalización, apenas visible, busca una profundización de la democracia.

Creo que hay un sector dentro del partido, y dentro de los movimientos que acompañan a Chávez, que están pidiendo más democracia, que está exigiendo que cambie el rumbo de centralización del poder y de excesivo control, ejercido desde arriba, tutelado y vertical, del proceso de cambios; y no se lo dicen de manera directa porque siente que romper con la idea del comandante presidente y llamarlo compañero Chávez es una suerte de anatema, algo demasiado iconoclasta y
heterodoxo.

¿Lo que usted propone es que se retome el poder constituyente, digamos, las motivaciones primigenias de este proceso?

Correcto. A diferencia de lo que ocurre en Ecuador, en Uruguay, en Bolivia, en Brasil e incluso en países donde la izquierda no es gobierno (Chile), nosotros estamos perdiendo la oportunidad de entender la democracia como un proceso de participación ampliada de los sectores populares en las decisiones públicas. Estamos reproduciendo lo peor del socialismo real del siglo XX, porque estamos construyendo el esquema alrededor de cuatro cosas: el culto a la personalidad, el partido único, el aparato del Estado y el comisariato político, tratando de controlar a los movimientos sociales y populares que quieren más democracia.

Esa forma de radicalizar la revolución bolivariana no tiene ninguna posibilidad en el terreno
electoral.


No, no la tiene. Ninguna. El sistema político electoral, el sistema de competencia entre partidos y la representación de múltiples partidos en el parlamento y en otras instituciones del
Estado, incluso, la posibilidad de que en el sistema electoral se expresen diferentes grupos de opinión, nos remiten a unas elecciones burguesas. Ya hay gente que vive una suerte de regresión psicoideológica, en la cual, como decía Lenin, esas elecciones son burguesas. Pero olvidan un hecho fundamental: esas elecciones fueron las que abrieron las compuertas del proceso constituyente en Venezuela (1999). Esa es, justamente, la contradicción que se vive, no diría que en la revolución bolivariana, pero sí en el chavismo, que se ha inclinado hacia la vieja izquierda.

¿Qué va a pasar cuando los sectores populares conozcan la cara autoritaria y centralizadora de esa vieja izquierda?

Lo que está pasando...

¡Ah!, ¿ya está pasando?

Por eso digo que hay una línea de continuidad entre la propuesta de reforma constitucional (2007) y las elecciones parlamentarias del 26-S. La gente olió y percibió que la propuesta tenía mucho del viejo socialismo. Intuitivamente, la gente advirtió que había menos poder para las bases, para la soberanía popular y más poder concentrado en algunas instancias del Ejecutivo.

¿Qué va a pasar?

Se intensifica el desgaste, porque ya son 10 años de gobierno; hay mucho descontento, latente o manifiesto, con diferentes expresiones, orgánicas e inorgánicas y la desilusión. El hastio por participar activamente en la revolución bolivariana.

Eso es lo que va a pasar en el plano psicosocial y político, digamos, ¿y en el plano económico?

Tenemos el grave problema de que no hemos definido, adecuadamente, lo que significa en el terreno económico el socialismo del siglo XXI. Si me preguntas a mí, a un ciudadano común y corriente, pues el modelo económico del socialismo posible, consistente además con la Constitución, es una economía mixta, donde coexisten tres sectores: la empresa privada, la empresa estatal y las empresas populares, autogestionarias o alternativas. Coexisten, pero hasta allí. No puedes avanzar si liquidas a las empresas de producción social, en el sentido de la propiedad ejercida por los propios trabajadores o la propia comunidad, ni puedes avanzar liquidando al sector empresarial privado, sin asfixiar los motores de crecimiento económico de un país, porque los tres sectores pueden converger en un proyecto político de crecimiento económico y desarrollo humano integral.

El problema son las señales que envía el Gobierno, se asume que si crece uno es a costa del otro. Es una economía deformada, donde tenemos una cabeza del sector público demasiado grande y las extremidades, que sería la economía popular y alternativa del socialismo del siglo XXI, son demasiado pequeñas y atrofiadas. No le tienen ni confianza.


REGISTRO VERBAL

A simple vista, la conclusión que surge de lo expuesto por Javier Biardeau, es que el fracaso del proceso bolivariano está a la vuelta de la esquina. “No sé si fracaso, pero sí una rectificación. A Chávez le gusta decir que Dios habla con la matemática. Yo hice una fórmula: victoria igual a 3R al cuadrado, donde la variable es R. ¿Qué significa R? Revisión, rectificación, reimpulso... y más recientemente: recuperación, repolarización y repolitización de la gestión pública. Si el valor de una de esas R es cero, la ecuación da cero. Y, para mí, la que da más cero es la rectificación. El Gobierno no ha demostrado claras señales de rectificar. Eso significa, públicamente, no a puertas cerradas, decir hemos evaluado estas políticas, hemos cometido estos errores y estos son los correctivo”.

Biardeau no es el único que ha planteado el extraño silencio e inmovilismo que rodea la falta de aplicación de las 3R en el gobierno. “Sobre todo en las políticas que tienen que ver con los problemas estructurales de las comunidades, con infraestructura y vivienda, por ejemplo. Por eso es que la vivienda se ha convertido en un tema situacional, de urgencia, pero hay muchas metodologías de evaluación de la gestión pública que pudieran implementarse para evaluar”.

La propuesta de la diputada Iris Valera y del ex ministro Eduardo Samán, quienes han planteado la creación de una tendencia radical dentro del Psuv es valorada por Biardeau como un hecho positivo. “El problema dentro del partido y de las organizaciones que apoyan la revolución bolivariana es que no hay un debate abierto sobre lo que significa la edificación del socialismo democrático y participativo”. Biardeau asegura que no se trata de la democracia de la IV República, pero tampoco del stalinismo. “Hay demasiados tabúes, demasiados bloqueos, censura y autocensura para abordar el debate”. El socialismo del siglo XXI tiene que construir una esfera pública “con mayor profundidad y alcance de deliberación política, donde la gente de oposición también participa, viendo un poco con el Gobierno y con las fuerzas que quieren el socialismo, alrededor de nuevas ideas”. ¿Realmente se quiere debatir?
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