5 de diciembre de 2009

La censura de los Medios del Estado al Presidente Chávez

Si de algo se dan tupé los medios del Estado, es de censurar al propio Presidente de la República. Es algo que pudimos ver el pasado domingo 29 de noviembre, cuando el Presidente Chávez regañó tanto al gobernador de Lara, Henry Falcón, como al ministro de Obras Públicas y Vivienda, Diosdado Cabello, por lo ocurrido con una carretera en dicho estado que no había empezado a construirse. Falta de comunicación entre las partes, dos presupuestos con una diferencia de 30 millardos entre ambos, y un regaño previo al gobernador ante muchos rumores de que brincará la talanquera (gobernador que, dicho sea de paso, gasta una millonada pagando dólares sacados no sabemos de donde, para traer al país a joyitas como Wisin y Yandel o Enrique Iglesias).



Este hecho noticioso, que ha dado de qué hablar a todas las y los venezolanos durante la semana, no fue reseñado en las páginas web ni en los noticieros de ninguno de los medios del Estado. Todos los que quisieron enterarse de lo ocurrido en ese memorable Aló Presidente tuvieron que abrir la página de Noticias24, ElImpulso.com o Noticiero Digital, y leer los hechos con el correspondiente veneno añadido por los opositores radicales que manejan esas páginas.

Más o menos lo mismo ocurre en estos momentos con tres bancos intervenidos, en los cuales están involucradas varias personas afines al gobierno, entre ellas Arne Chacón, hermano del ministro Jesse Chacón Escamillo, y Alejandro Uzcátegui, dirigente de "Empresarios por Venezuela", un grupo de supuestos "empresarios socialistas" que reciben mucho espacio en ciertos medios del Estado. Si bien los medios estatales han reseñado las intervenciones bancarias, ninguno se ha atrevido a referirse a estas personas.

Dentro del periodismo del Estado podría decirse que hay dos vertientes al respecto, con muchos matices:

  • Una escuela antigua, que asume que, si en nuestros medios se deja de hablar sobre algo, la gente automáticamente dejará de hablar del asunto y seguirán viviendo sus vidas sin cuestionar nada, cual robots o como si fueran ciudadanos de una dictadura norcoreana. Es el llamado "periodismo institucional", y es el que domina en los departamentos de prensa y relaciones públicas de los ministerios, así como en casi todos los medios del Estado.

  • Quienes nos formamos en medios alternativos, metidos de cabeza en Internet o trabajando con comunicadores sociales que piensan distinto, entendimos que la gente hoy BUSCA la información, y no se conforma únicamente con lo que se les da. La gente opina en las calles, se manda mensajitos con sus celulares, busca en medios del Estado, alternativos y de oposición; usa a Internet para buscar dicha información en todos ellos, y contrasta lo que allí consigue con la información de primera mano que testigos oculares capturan a través de los omnipresentes celulares, camaritas y otras tecnologías cada vez más asequibles. De esta forma, cada quien va sacando sus conclusiones sobre qué medios le dicen la verdad y cuales le ocultan la información.
A pesar de que casi todos los comunicadores sociales jóvenes (tanto los "licenciados" como los alternativos) concuerdan con la segunda vertiente, todos nos vemos sometidos a los jefes de información y de prensa que responden a la primera vertiente, muchas veces en contra de su propia voluntad. ¿A qué se debe esto?

Para hacer un análisis sobre el tema, tenemos que considerar varios actores fundamentales en nuestra sociedad:

  • Las y los usuarios de los medios de comunicación: el pueblo.
  • Los medios de comunicación: del Estado, privados y comunitarios-alternativos.
  • Los funcionarios públicos: el aparato burocrático estatal, que debería trabajar concienzudamente para el pueblo y rendirle cuentas.
  • La burguesía: los dueños de los medios de producción.
Al mismo tiempo, tenemos que preguntarnos quiénes controlan los diferentes medios de comunicación:

  • Medios del Estado: controlados por los funcionarios públicos, burócratas de carrera y ministros preocupados para que su gestión se vea "muy chévere".
  • Medios privados: controlados por la burguesía, el empresariado, los dueños de los medios de producción y las empresas privadas.
  • Medios comunitarios y alternativos: idealmente controlados por comunidades locales, consejos comunales o el pueblo organizado (no incluyamos aquí a aquellos que, llamándose alternativos, han dejado de serlo).
En una sociedad ideal, el pueblo debería hacer contraloría social sobre los funcionarios públicos, pues al fin y al cabo el Estado está hecho para servir a la ciudadanía. El gran problema que tenemos aquí es que los que dirigen el aparato burocrático estatal son quienes a su vez controlan los Medios del Estado. Y esto es un gran problema, porque si eres un gobernador o un ministro y estás haciendo mal tu trabajo, le ordenarás a los medios del Estado que se encarguen de presentar tu trabajo como "muy bueno" y de ocultar tus errores. Puedes usarlos para acusar a cualquier opinión crítica de ser "un enviado del Imperialismo" o "un agente de la derecha golpista", y negarle cualquier derecho a réplica.

Así, has convertido los medios del Estado en meros agentes propagandísticos de tu trabajo, en una agencia que te promociona, disfrazando la publicidad como "información".

El mismo problema lo tenemos con los medios privados: el pueblo también tiene su legítimo derecho de criticar a la empresa privada, de denunciar sus atropellos y las violaciones que ellos hacen contra los trabajadores y los ciudadanos. Pero los medios privados no sirven para denunciarlo, porque quienes controlan esos medios (la burguesía, también dueña de la empresa privada) no permitirán críticas en sus medios en contra de sus propios patrocinantes y amigos.

Es aquí donde vemos que hay un desequilibrio total: Tenemos unos medios privados sin ética que ocupan la mayor parte del espectro radioeléctrico; medios del Estado que están comenzando a levantarse pero que cometen errores que nos hacen desconfiar de ellos; y medios alternativos con poco alcance, poquísimo presupuesto y empleados mal pagados que muchas veces terminan desertando hacia otros medios medios.

Si lo dejamos todo como está y permitimos que los medios del Estado sigan actuando como meros agentes propagandísticos de los Ministerios, la gente poco a poco va a ir perdiendo la confianza en dichos medios y en los periodistas que allí dan la cara, hasta que concluyan que éstos sólo muestran las cosas bonitas y chéveres que les convienen al Ministro Tal. Esto, a la larga, perjudica la gestión del propio Presidente Chávez y a todos los que creen en su proyecto.

Es entonces donde creo que deberíamos abrir una discusión sobre cuál debería ser el papel de los medios en nuestra futura sociedad socialista, y qué solución le vamos a dar a este problema que hemos creado.

Una solución que no funcionó

Un interesante experimento fue la construcción de medios alternativos dentro del Estado, o sustentados por éste. Permiten tener personal adecuadamente remunerado, con estabilidad laboral y buenos equipos técnicos, haciendo un trabajo equivalente al de un medio alternativo, con posiciones revolucionarias, pero críticas y de altura. Funcionan muy bien, a menos que incomoden a algún Diosdado, Arne Chacón o Darío El Vivo, por decir algunos nombres que se me vienen a la mente.

En 2006-2007, surgieron algunos medios que, formando parte del Estado, intentaron tener un alto perfil alternativo y crítico: los casos de Ávila TV y YVKE Mundial (seguramente hay otros, pero éstos fueron los que llegué a conocer más de cerca). Lamentablemente, diversas situaciones que ocurrieron en Ávila TV y que forzaron a (o sirvieron como excusa para) dos cambios de directivas, parecieran estar haciendo que dicho medio pierda su perfil crítico, aunque muchos nos aconsejan esperar a ver qué sucede en los próximos meses.

En el caso de YVKE Mundial y su página web RadioMundial.com.ve, la prof. Cristina González nos alentaba continuamente a la crítica constructiva y el análisis dentro del proceso bolivariano. Cuando algún funcionario del Estado llamaba a la emisora a quejarse por alguna noticia incómoda, ella defendía a su personal y --salvo casos muy excepcionales-- mantenía la nota periodística y alentaba a los periodistas a continuar dicho camino. En otros medios del Estado, todos sabemos que ocurre lo contrario: la llamada de un ministro obliga a la pronta eliminación de una noticia y una buena reprimenda a un(a) joven periodista crítico que, entre regaños y amenazas, pronto se va convirtiendo en un(a) burócrata más que evita meterser en problemas para no perder su trabajo.

Pero la emisora YVKE Mundial crítica y revolucionaria fue fulminada en 2009: la sustitución de González (hasta hoy sin ninguna explicación) por una nueva persona que carece totalmente de sentido crítico, periodístico y revolucionario, causó que se impusieran políticas absurdas que en nada ayudaron a este proceso. Vimos la indignación de compañeros que conducían programas importantísimos de noticias suramericanas, cuyos espacios fueron removidos porque "a nadie le importan las noticias de Suramérica" y se les pedía que, más bien, hicieran programas deportivos e hípicos. Veíamos en la página web que las noticias críticas eran sustituídas por comunicados de EmpreVen (los "empresarios socialistas", como Alejandro Uzcátegui, directivo del recién intervenido Banco Real), que entre otras cosas, alentaban al gobierno a aumentar el precio del pan porque los "pobres panaderos" estaban sufriendo. Afloraban noticias apoyando a Windows 7, confundiendo a Álvaro Uribe con el presidente de Guatemala, copiando textualmente textos de agencias internacionales que denigraban de presidentes como Evo Morales o Rafael Correa, y hasta ofendiendo a la bandera venezolana colocándole la marca "Blackberry" en una de sus franjas. El propio presidente de YVKE, José Gregorio Zambrano, sufrió fuertes críticas cuando, el pasado 7 de noviembre, realizó un Mercal en YVKE Mundial y los propios usuarios descubrieron que él se estaba llevando grandes cantidades de carne en su camioneta, dejando a los asistentes sin el producto. Los noticieros de YVKE fueron reducidos, programas de radio combativos fueron eliminados, y paulatinamente, unos 15 periodistas y comunicadores del equipo de González fueron renunciando, dándose por acabado otro experimento de "medios alternativos dentro del Estado".

Afortunadamente aún quedan otros medios de comunicación que, perteneciendo al Estado, presentan un elevado perfil alternativo: el periódico Ciudad CCS, lejos de ser un mero periódico institucional de la Alcaldía de Libertador, coloca a las comunidades a escribir en él de forma protagónica, en primera persona, y no tiene temor en denunciar problemas incluso dentro de su propio municipio, con miras a una pronta solución de los mismos. Tal vez no sea perfecto, tal vez pudiera ser más crítico y contundente, pero sin duda es un periódico que ayuda mucho más a la imagen de Jorge Rodríguez, de lo que haría un aburrido periódico institucional que sólo muestre cosas bonitas y se gane la desconfianza del pueblo.

¿Habrán nuevas propuestas para construir mejores medios alternativos independientes? ¿O para crear Medios del Estado que no se comporten como vehículos propagandísticos en detrimento del pueblo? ¿O sucumbiremos al aburrido periodismo institucional, acrítico, complaciente con los burócratas y que suprime las críticas del pueblo por temor a que el ministro pueda destituir al Jefe de Prensa?

Creo que este es un debate que debe hacerse con urgencia, sin tabúes, sin censuras, y no sólo en las escuelas de comunicación social, sino en las calles, con el pueblo, con los directores de los medios del Estado, con los jefes de prensa de los ministerios y con los trabajadores de estos entes. De lo contrario, la desconfianza que el pueblo acumule en torno a sus medios y sus funcionarios públicos, podría causar que derrotas electorales (como la de la Reforma Constitucional o la que sufrió el entonces gobernador de Miranda, Diosdado Cabello) se repitan en el futuro, con consecuencias trágicas.

Y aquí no podemos darnos el lujo de seguir el camino que siguió Nicaragua, de perder el poder por culpa de nuestra propia incompetencia.
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