28 de febrero de 2008

Los infiltrados

Yo recomendaría a todos los amigos y amigas de los colectivos sociales no sentirse ofendidos por las partes conflictivas de las palabras del Presidente Chávez emitidas anoche en el programa La Hojilla. Cada quien sabe si es un infiltrado o no, cada quien sabe por quién lucha, y cada quien debe evaluar constantemente si sus acciones benefician al proceso social que intentamos construir en Venezuela, o si lo perjudica. Y si alguien cometió un error, pues debe rectificar, sea miembro de un colectivo social, sea miembro del gobierno, o sea el propio Presidente.

Como siempre, a las palabras de Chávez hay que analizar su FONDO, no su forma. El Presidente evidentemente estaba enojado porque, al sintonizar anoche CNN, no se hablaba de la liberación de retenidos por las Farc-EP, sino de la protesta que colectivos chavistas estaban realizando en Globovisión. Chávez hacía un esfuerzo por demostrar los esfuerzos de su gobierno por la paz, pero unos movimientos que no están bajo su control realizaban una protesta muy bien fundamentada, con toda la justificación del mundo, pero que fue usada por medios internacionales para proyectar una imagen de "chavismo violento".

Es, obviamente, un conflicto comunicacional entre el Estado y los colectivos sociales, que en lo personal no veo por qué tuvo que trascender tanto. En La Hojilla le dedicaron mucho más tiempo al tema del que le dedicó Leopoldo Castillo en Aló Ciudadano... no entiendo por qué.

Lo que no tomó en cuenta el Presidente es que la manifestación contra Globovisión se estaba convocando para el 27 de febrero desde hace casi un mes; quienes la convocaron no tenían culpa de que las Farc-EP anunciaran el lunes que la liberación de rehenes se haría el mismo día. ¿Debieron los movimientos sociales suspender la protesta en Globovisión o moverla para otra fecha? No lo sé, eso quedará para la discusión.

Creo que el Presidente también se equivocó en condenar la toma del Palacio Arzobispal. ¡La toma de dicho palacio no fue mala de por sí! Todos los días se realizan tomas pacíficas en muchas partes del país, como forma de protesta. Hace un mes, por ejemplo, ex trabajadores de Viasa tomaron la sede de Iberia en Parque Cristal por varios días, protesta más que válida dado que, después de tantos años, aún no se hace justicia en el caso de más de dos mil trabajadores a quienes Iberia se negó a pagarle sus prestaciones sociales. ¡No podemos criminalizar las protestas ni las tomas pacíficas, por Dios!

Lo malo de la toma tampoco estuvo en que Lina Ron criticara los allanamientos al 23 de Enero, o que se refiriera a Héctor Serrano como "mártir". El FONDO de las palabras de Lina Ron tampoco era criticable: ella protestaba contra Globovisión, contra la Iglesia Católica y contra Fedecámaras.

Lo malo de la toma, tal vez, era la FORMA:

  • Que Lina Ron declarara a Globovisión "objetivo de la Revolución" y entonces dijera: "mande usted mi Comandante", dando a entender que esa amenaza directa y todo el acto era ordenado por el Presidente cuando claramente no fue así.
  • Que amenazara e insultara con groserías a Rafael Fuenmayor, y le dijera que iba a tener que ponerse un traje de Robocop, lo que fue usado por ese canal para afirmar que hubo una amenaza de muerte indirecta.
Si esa toma se hubiera realizado de forma distinta, si sólo hubiera sido una lectura del comunicado y unas palabras sobre los allanamientos, todo hubiera sido un acto tan legítimo y válido como los actos por el 27 de Febrero que la Asamblea Nacional realizó en Petare o en Guarenas. Es por ello que me parece mal que Chávez condenara las tomas pacíficas: lo malo no fue la toma. Fueron algunas de las palabras que se usaron en ella.

Protestas contra Globovisión... causadas por la impunidad

Las diferentes protestas pacíficas contra Globovisión son más que válidas, dada la actitud que ese canal toma contra la población y el gobierno bolivariano, y el hecho de que los entes creados para regular los medios (en particular Conatel y el Directorio de Responsabilidad Social) no toman la más mínima medida, ni siquiera una multita contra ese canal. Hay gente que se ha sentido muy mal de ver la impunidad con la que se desenvuelven allí, o en otros casos:

  • No hay detenidos de importancia por el caso de los alimentos de Mercal en la Policlínica Metropolitana. Ni por ningún otro causante del desabastecimiento (sólo detienen al gafo que estaba cuidando la bodega).
  • A seis años de los hechos de abril y diciembre de 2002, no hay presos de importancia y todo lo contrario, muchos han sido amnistiados.
  • En cambio, la parroquia 23 de Enero sí es allanada buscando a los "ponebombas".
Eso tiene molesta a mucha gente, pues lo malo no es que se busque a los ponebombas, sino que a los oligarcas que causan problemas de desabastecimiento o que llaman a la violencia desde los medios no se les allana.

Por otro lado, también molesta un poco que en La Hojilla hayan criticado una protesta que ellos mismos convocaron el día 26 de febrero. Desde La Hojilla se critica constantemente a Globovisión (y con razón). Desde allí Mario Silva preguntaba todos los días: "¿Quién detiene a Globovisión?". Mario es una de las personas más valiosas del proceso, pero aquello de echar la culpa únicamente a los movimientos sociales de algo de lo que somos responsables todos -él incluido- de verdad cayó mal.


Creo que existen espacios suficientes para que el Estado y los movimientos sociales realicen actos simultáneos y bien pensados sin que nos interfiramos mútuamente; sólo tenemos que buscar la forma de coordinarnos, respetarnos y pensar muy bien en cómo hacer las cosas. No debería venir Chávez a llamar infiltrados a los movimientos sociales, ni los movimientos sociales deben irrespetar al Presidente.

Infiltrados vs. paranoia: buscando el balance

En cuanto a los infiltrados, recordemos que es tan fácil infiltrar un movimiento social, como lo es infiltrar cargos vitales del gobierno. Sin mencionar que en los ministerios ya hay mucha gente de oposición que colabora con la contrarrevolución activamente, amparados además en leyes venezolanas que los protegen.

El PSUV tampoco puede declararse libre de infiltraciones; de hecho, miles de empleados públicos pro-oposición se inscribieron en el mismo, ante los falsos rumores de que el gobierno sólo permitirá que los inscritos en el PSUV ocupen cargos públicos.

Pero el problema de acusar a camaradas de infiltrados es que se crea paranoia y desconfianza. A partir de hoy, muchos en el chavismo no confiarán en Lina Ron ni en el UPV pues los calificarán de agentes de la CIA. Cada vez que un movimiento social proponga un acto, o una manifestación por su cuenta, siempre saldrá alguien a acusarlo de contrarrevolucionario. Esta actitud (que muchos hemos sufrido incontables veces en carne propia) aumenta el riesgo de volvernos paranoicos, desconfiar entre nosotros y de dividir al chavismo.

Por ello, hay que buscar el balance: no ser ingenuos, pero tampoco desconfiar de aquellos que han mostrado, vez tras vez, su apego al Proceso Bolivariano.

De que hay infiltrados, los hay. Pero no están en los movimientos sociales únicamente. Los hay en el gobierno. Los hay en el Estado. Los hay en el PSUV. Y también todos tenemos un pequeño "infiltrado" dentro de nosotros mismos, proveniente de las miles de horas de exposición a la televisión y otros medios que promueven valores en contra del socialismo.

Pero de ninguna manera podemos permitir que la existencia de infiltrados se convierta en excusa para que el gobierno deje de confiar en el pueblo, ni el pueblo en su gobierno.
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