25 de febrero de 2007

Cortos financiados por La Villa del Cine, y la discusión sobre el cine venezolano y el Ministerio de la Cultura


En el sitio web Blogacine encontramos que el usuario AlfaFilms subió varios cortos realizados en los últimos dos años por directores nóveles, financiados por la Villa del Cine y el Ministerio de la Cultura. Es la primera vez que estos cortos son publicados en algún sitio, ¡y algunos de los que he visto son realmente buenos! Los seis cortos son:

Vendrán otros muy pronto, que son un poco más largos y tendrán que ser subidos a Google Video.

Controversia en torno al Ministerio de la Cultura

Estos cortos han sido publicados en medio de una controversia iniciada por el director Franco de Peña, realizador de películas como "Your name is Justine" y "Amor en concreto", quien hace unas semanas escribió una carta dirigida al ministro de la Cultura, Farruco Sesto, criticando la forma como se ha dirigido la Villa del Cine y cómo se han entregado créditos a unos 35 realizadores para la creación de igual número de películas.

El ministro Sesto emitió una respuesta que puede leerse en Blogacine, la cual generó allí una interesante discusión con casi 300 comentarios al respecto, muchos de ellos provenientes de diferentes cineastas (entre ellos el propio Franco De Peña y Jonathan Jakubowicz, director de Secuestro Express).

Como es costumbre en nuestro país, la discusión se ha polarizado coincidiendo con las posiciones políticas de cada quien. A pesar de eso, pueden encontrarse allí interesantes argumentos de lado y lado sobre lo que debería ser el cine nacional, pero también pueden leerse comentarios realmente denigrantes, que muestran desprecio y asco por aquello hecho por las comunidades y por nuestros medios del Estado. Algunos no dudan en desplegar todo su ego y vanalidad para tratar de pisotear a quienes discrepan de sus opiniones, y tal pareciera que lo único que sienten es envidia por no ocupar determinados puestos en el gobierno, o por no recibir créditos.

Otros parecen que sólo quieren imitar a directores estadounidenses y europeos, queriendo revivir géneros y estilos que nada tienen que ver con la realidad de nuestro país. Eso no me parece malo; están en su derecho, pero me parece que el Estado también tiene derecho de financiar aquello que crea que es lo que va a contribuir con el desarrollo del país.

Escuchemos algunas críticas

Sin embargo, hay algunas críticas que debemos escuchar. Jonathan Jakubowicz, el director de Secuestro Express, dejó varios comentarios en la discusión de la respuesta de Farruco. En uno de ellos, dice en parte (edité algunas palabras fuertes):

Yo no tengo rollo con que usen nuestros reales para promover su proyecto, pues su proyecto es el de la mayoría y, aunque a mí no me guste, la mayoría lo goza. ¡Pero hagan una vaina buena de vez en cuando! (...) Quiero ver peo [conflicto] cuando voy al cine (...) Si voy al cine quiero ver emociones, cosas impresionantes, personajes únicos en momentos definitivos… ¡dejen de fastidiar al público, no joda!

Lamentablemente, muchas de las obras que se hacen en canales del Estado, en medios comunitarios y en nuestros ministerios carecen de conflicto y no manejan adecuadamente el lenguaje audiovisual, lo que causa que, para la mayoría de la gente, sean aburridos.

En muchos de nuestros documentales se subestima o se desecha la postproducción; en muchos casos el documental se limita a un viejito hablando durante una o dos horas, con un sonido muy pobre, un ritmo lentísimo y una edición casi inexistente. Muchos documentales para televisión carecen de un narrador o locutor que lleve adelante la historia y mantenga el ritmo, como se acostumbra en los documentales transmitidos por National Geographics, Discovery Channel, o, sin ir tan lejos, en "Puente Llaguno: claves de una masacre" o "La revolución no será televisada". Y a pesar de que todos los medios del Estado tienen computadoras Macintosh último modelo con Final Cut y GarageBand instalados, sin embargo raras veces escuchamos música de fondo en esos documentales.

El resultado es que mucha de nuestra propia población, incluyendo a aquellos que apoyan el proceso, se la pasan viendo telenovelas de Venevisión o RCTV, y sólo ven ViveTV o VTV para sintonizar aquellos programas puntuales que sí son buenos y de calidad.

Caso de estudio: Sun Channel

En contraposición, vemos que hace unos meses se estrenó un canal nuevo, Sun Channel, el cual sólo se transmite por cable. Es un canal hecho por empresarios privados, nacido en Venezuela para mostrar el turismo en Latinoamérica. Es toda una joya en calidad, con documentales y programas muy bien producidos: muestran cosas hermosas de nuestra capital y de sitios como Margarita, Los Roques, Canaima o Puerto La Cruz. Tienen un programa de submarinismo y buceo que enamorará a más de uno.

Pero también tienen algunos programas culturales sobre nuestra música y nuestros valores; en uno de los que he visto, Francisco Pacheco y su Pueblo han contado cosas sobre nuestra música y nuestros valores que jamás he visto en ningún canal del Estado.

En cuanto a infografías, gráficos y postproducción: son impecables. Se llevan por los cachos no sólo a los medios del Estado, sino también a Venevisión y RCTV, los antiguos campeones nacionales en esta materia.

En verdad me duele y me avergüenza, como persona que apoya a nuestro proceso, que en algunas cosas fallemos así. Pero también me duele que la mayoría de los cineastas y documentalistas que están "del otro lado" sienten asco por lo nuestro y sólo tienen aspiraciones de crear películas con personajes y situaciones que nada tienen que ver con nuestra realidad o nuestra cultura.

La necesidad de modelos e inspiración

Quiero dejar una idea, a ver si a alguien le parece interesante, sobre lo que debería financiar el Estado.

A veces me pregunto qué siente un policía o una enfermera venezolana, con salarios bajos y poca autoestima, cuando encienden su televisor y ven series estadounidenses como "C.S.I.", "NYPD: Policía de Nueva York", "E.R.: Sala de Emergencias" o tantas otras, donde personajes estadounidenses hacen hazañas fabulosas y mantienen su moral y su ética a pesar de las malas circunstancias.

Luego de ver un capítulo de C.S.I. (una serie donde policías científicos resuelven los cangrejos más difíciles gracias a las experticias que realizan) o de "Bones" (basado en un personaje de la vida real, donde una antropóloga forense ayuda a la policía a resolver casos cuando los cadáveres de las víctimas se han descompuesto), el policía venezolano seguro pensará:

"¡Qué arrechos son esos gringos! Si yo viviera allá, si me entrenaran para saber todo lo que ellos saben, de seguro yo también sería tan arrecho como ellos. Pero como no lo soy, no me queda otra sino matraquear".

¿Qué quiero decir con esto? Que necesitamos modelos. Así como el Presidente Chávez insiste en que deberíamos tener buenas películas sobre Bolívar, Francisco de Miranda, Ezequiel Zamora y Pedro Pérez Delgado, así también nuestros policías, enfermeras, médicos, abogados, fiscales, jueces, trabajadores sociales y demás profesionales (en particular aquellos que sirven a la sociedad) deberían poder ver series, películas y documentales donde personajes latinoamericanos y venezolanos se sobreponen a nuestros problemas típicos, evitan caer en la corrupción, se estimulan valores socialistas como la solidaridad, y al mismo tiempo, "hacen cosas impresionantes y se convierten en personajes únicos en momentos definitivos".

Lamentablemente, cosas como esas le parecerán "clichés" a los cineastas de un bando, y
"muy comerciales" a los cineastas del otro lado.

Peor aún: las únicas producciones donde vemos a personajes latinoamericanos son las telenovelas. Los modelos que nuestras muchachas ven durante 2 ó 3 horas al día, seis días a la semana, son los típicos donde la niña pobre del barrio o del campo sufre desgracias, se enamora del niño rico quien inicialmente la traiciona pero finalmente le dice "te amo" y se casa con ella.

El mensaje es: "la salvación está en casarse con el niño rico". Esos son los únicos modelos que ha producido la televisión venezolana hasta ahora, y son los modelos que algunos luchan por salvar recogiendo firmas en la Plaza Altamira.

En fin...
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