8 de marzo de 2004

El fin de una era

Fue Albert Einstein quien, a consecuencia de la teoría de la relatividad, llegó a la conclusión de que existen infinitos universos. Y a partir de la base científica, el humanista le aplicó su imaginación y su creatividad a las derivadas y las ecuaciones, y comenzó a imaginarse qué habría en ellos. ¿Será que en cada uno de esos trillones y trillones de universos hay variaciones de nuestro mundo, donde las decisiones que alguien tomó o dejó de tomar causaron cambios tan drásticos que afectaron la vida de cada uno de nosotros?

Es allí cuando el "¿qué hubiera pasado si...?" que cada uno de nosotros se ha preguntado alguna vez (yo me lo pregunto una vez al día, o por hora, o a veces más) toma sentido y fuerza. ¿Qué habría pasado si Bin Laden no hubiera sido llenado de odio por quienes lo entrenaron hace veinte años? ¿O si Chávez nunca hubiera dicho su inmortal "por ahora"? ¿Qué hubiera pasado si nunca le hubiera dicho a mi novia "te amo", o si Kennedy hubiera decidido lanzar sus misiles contra los comunistas? Desde lo más pequeño, que puede ser lo más grande, hasta lo más grande que al mismo tiempo es lo más insignificante... todo puede influir en nuestras vidas, y nuestras vidas a veces también pueden influir en el todo de los demás.

Hoy introduje mi renuncia al Grupo InfoGuía.net, la empresa donde he trabajado para bien o para mal desde noviembre de 1997. ¡Seis años! Desde hace tiempo, ¡tiempisimo! yo quería renunciar, pero muchas causas lo impedían. En su momento, era la necesidad por el cochino dinero. Más recientemente, alguien muy grande para mí me lo impedía. Ya ese alguien resolvió su situación, y la guarimba se quitó de mi autopista. Fue el momento oportuno para entregarle a mi jefe la carta que, en un lenguaje muy sencillo y agradecido, explicaba que trabajaría sólo un mes de preaviso, hasta que se inicie el nuevo semestre.

Hace un poco más de dos años, un gran amigo de la universidad, de nombre Carlos y quien tenía más o menos las mismas materias aprobadas que yo, tomó la misma decisión que yo tomé hoy y renunció al trabajo que tenía en aquel momento. Admiré su decisión, pero me negué a acompañarlo. Hoy está terminando su tesis y sólo a meses de graduarse. Yo aún estoy a dos años, en el mejor de los casos.

Creo que en alguno de los infinitos universos paralelos, un Luigino tomó la misma decisión que Carlos. Hoy tal vez sería un poco más pobre --no mucho, porque yo ni soy, ni quiero ser rico-- pero estaría a sólo meses de convertirse en un licenciado en Computación. Ese Luigino no hubiera conocido a Inita. Su vida tendría más estatus, pero estaría más vacía. O tal vez no; total, la vida da muchas vueltas.

Pero un título sólo es eso: un papel que alguien que no te conoce y nunca te ha visto en su vida firma y sella, certificando que tú estudiaste lo suficiente durante cinco largos años (en mi caso ya van seis) como para saber "mucho" sobre alguna profesión. Luego, vas a buscar trabajo y te dicen que eres un novato, un lechugino sin experiencia que tendrá que soportar los rigores de los que escalaron posiciones halando los mecates indicados, teniendo sexo con las personas correctas o --en el mejor caso, pero cada vez más difícil de hayar-- cumpliendo con los pasos de lo que algunos llaman "meritocracia".

¡Déjenme en paz, empresas del mundo! Mi forma de trabajar es distinta.
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