29 de septiembre de 2018

Lo que realmente quiso decir Sebastián Piñera al mostrar una bandera junto a Donald Trump


En la bandera de Estados Unidos, las estrellas en el cuadro azul simbolizan los estados que forman su país. La primera bandera, de 1777, tenía 13 estrellas simbolizando igual número de colonias británicas que se declararon independientes aquel célebre 4 de julio de 1776.

Históricamente, la bandera estadounidense ha sido modificada cada vez que se incorpora un nuevo estado: en total, han habido 26 cambios hasta 1960, cuando Hawaii se convirtió en el Estado número 50 del país.

Algunos de los cambios que ha recibido la
bandera estadounidense. Créditos: Microsiervos
Todos conocemos la historia de cómo la política expansionista estadounidense logró la anexión de grandes territorios de México, como Arizona, Texas o California, por lo que esas estrellitas no son tan románticas como muchos quieren hacer ver.

La imagen que presentó Sebastián Piñera en la reunión que sostuvo con Donald Trump en la Casa Blanca el pasado 28 de septiembre de 2018 es estúpidamente delatora de lo que es su forma de pensar. En ella, se ve una bandera estadounidense, pero si la vemos con más detalle, veremos una pequeña bandera chilena incrustada en ella.


La imagen ha causado mucha controversia no sólo porque la bandera de Chile, incrustada dentro de la estadounidense, es al menos 25 veces más pequeña -lo que da la idea de subordinación e insignificancia- sino porque la estrella del pabellón chileno se funde con las estrellas de la bandera estadounidense, dando a entender que Chile ahora es una nueva provincia de los Estados Unidos. ¡Es como decir que los gringos se anexaron su país!

Y que esta imagen se presente en una reunión entre los jefes de Estado de ambas naciones, es aún más significativo. ¡Es como decir que Piñera está entregando su nación ante Trump!

Yo no soy chileno, pero como persona que cree en la integración de nuestros pueblos y en el que algún día se haga realidad el sueño de Bolívar y Chávez de una Latinoamérica Unida, esta imagen me ofende tanto como de seguro ofende a cualquier chileno que ama a su Patria. Toda nuestra solidaridad con ellos.

24 de septiembre de 2018

¿Puede un país en "crisis humanitaria" tener decenas de empresas pagando costosos comerciales en la TV por suscripción?

Esta semana que finalizó ha sido una semana complicada a nivel mediático. El 14 de septiembre, Luis Almagro, secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), visió la ciudad colombiana de Cúcuta, fronteriza con Venezuela, desde donde declaró a los medios que no se podía descartar una intervención militar a Venezuela como forma de resolver sus graves problemas. Aunque posteriormente desmintió sus propias palabras (que quedaron registradas en videos de varias agencias), el que un funcionario de su calibre haya hecho tales afirmaciones ha sido tomado muy en serio tanto por quienes defienden a Venezuela, como por quienes desean el camino de la intervención.


De Venezuela hay quienes dicen que está en una situación de "crisis humanitaria". Y si bien es cierto que sus habitantes pasamos momentos difíciles, que no tenemos el poder adquisitivo que teníamos hace 5 años ni comemos tan bien como lo hacíamos en el pasado (ni hablar de medicinas y otras necesidades), también es cierto que el gobierno de Maduro, con sus errores y faltas, al menos intenta solventar los problemas que vivimos los venezolanos, mientras que el empresariado en su mayoría se aprovecha de los progresos que estamos teniendo para su propio beneficio. Las medidas económicas tomadas por Maduro el 20 de agosto, tales como el aumento de salario mínimo de Bs.S 50 a Bs.S 1.800, los precios acordados y el nuevo cono monetario que ha facilitado un poco el acceso al efectivo, han brindado cierto alivio a la mayor parte de la población. El irrespeto a los precios acordados era lo que todos esperábamos que pasaría por parte del empresariado venezolano, que sigue manteniendo la hiperinflación en permanente crecimiento.

Pero, ¿de verdad se vive en Venezuela una "crisis humanitaria" que obligue a una intervención? Podemos ver en la prensa a países en caso de verdadera crisis humanitaria, tales como Afganistán y Libia, Etiopía, Irak, Sudán, Siria, Malí, Somalía, Uganda, Ucrania y Yemen, entre otros.  Estas son naciones azotadas por guerras civiles, hambrunas descomunales, conflictos armados y grupos como Daesh (Estado Islámico), Boko Haram y otros, que obligan a cientos de miles de personas a huir para salvar sus propias vidas.

¿Cómo puede alguien creer que Venezuela es un país en "crisis humanitaria" que requiere de una "intervención militar urgente" para solucionar sus problemas, si por el otro lado ellos sintonizan cualquier canal de televisión internacional, como FOX, FX, Cinemax o TNT, y lo encuentran lleno de cuñas publicitarias de empresas venezolanas, pagadas en dólares?

El viernes pasado grabé una hora de programación del canal FOX, y pudimos observar una gran cantidad de cuñas publicitarias de empresas venezolanas, muy por encima de cuñas de empresas de otros países.

¿Por qué esto es importante? Porque, de alguna manera, demuestra que numerosas empresas venezolanas están activas, ven a nuestro país como un mercado atractivo (la mayoría de estas cuñas empiezan con el mensaje "Válido sólo en la República Bolivariana de Venezuela") y están dispuestas a invertir en dólares para el pago de esta publicidad.

Estas cuñas aparecen además en un momento del año en el que los canales de televisión por cable están a punto de estrenar nuevas temporadas de sus series, lo que me hace suponer que es uno de los mejores momentos, publicitariamente hablando.

Algunos ejemplos:

Cheese Tris, un producto de PepsiCo., tiene cuñas en varios canales de cable, de un muchacho deprimido hablando con un Cheese Tris gigante porque todos sus amigos le caen a su hermana. 



CLX Samsung son tiendas en centros comerciales venezolanos, que venden exclusivamente productos Samsung. Sus cuñas son musicalizadas con una canción de Amigos Invisibles. Tienen varios meses en las cableras.


DOL Plus son pastillas para el dolor de cabeza; sus cuñas también se ven en varios canales de la televisión por cable.


También tenemos las cuñas de los refrescos Golden, de Empresas Polar, con sólida y muy frecuente presencia en las cableras.


Los zapatos venezolanos Inglese también está haciendo campaña en canales de cable


Los productos de maquillaje Valmy, en asociación con la organización Miss Venezuela, tienen promociones en numerosos canales de cable.

 

La empresa venezolana Montalbán también está publicitando en las cableras un endulzante cero calorías, aunque su azúcar no se ve en las tiendas ni supermercados.


Queso fundido Rikesa, también de Empresas Polar, nunca ha dejado de tener cuñas publicitarias en la TV por cable.


Traki también está haciendo una masiva campaña publicitaria en varios canales de cable, con misses y modelos profesionales (recordemos la presencia de Osmel Sousa) invitando a ir a sus tiendas de ropa.

 

La empresa venezolana Uniseguros también tiene varias cuñas rotando en canales de cable.


Yukery es otro producto venezolano con numerosos anuncios en canales de cable, también perteneciente a Empresas Polar.


Supongo que las empresas que anuncian en televisoras de cable y pagan la publicidad en dólares, lo hacen porque, a pesar de los problemas, hay un segmento importante de la población que está lo suficientemente bien económicamente como para comprar sus productos. No estoy diciendo que no tengamos problemas, pero al menos parece que estas empresas no ven a Venezuela como un país en crisis humanitaria ni a punto de ser invadido.

Ojalá estas empresas, entre ellas Polar, respetaran los acuerdos con el gobierno en materia de precios y dejaran de contribuir con la hiperinflación.

30 de mayo de 2018

El problema del transporte público no se resolverá sin soberanía tecnológica


Cuando se habla de la crisis en el transporte público venezolano y su posible estatización o municipalización, es imprescindible hablar de la soberanía a la hora de fabricar nuestras unidades de transporte.

Y es obvio que, para poder estatizar el transporte público, se necesitan decenas de miles de autobuses que puedan ser administrados desde una empresa pública del Estado o desde nuestros municipios.

¿Qué hacemos? ¿Los compramos a China u otros países aliados? Así se hizo en un principio, hace varios años. Hoy, hay decenas de "cementerios" de autobuses Yutong en todo el país, con miles de vehículos varados porque se han dañado. Lo mismo se puede ver en los estacionamientos de las instituciones públicas: miles de vehículos varados, que no se pueden reparar porque la institución no tiene recursos para comprar los costosísimos repuestos importados.

Uno de los varios "cementerios" de autobuses dañados
 que hay en todo el país. Foto: 2001
Se necesitan miles de piezas y repuestos que no somos capaces de fabricar y no podemos importar por culpa de las sanciones, el bloqueo y la guerra económica.

"Pero bueno, ¿no tenemos una fábrica de autobuses Yutong recién creada en Yaracuy?", podría preguntarse otra persona.

Algo importante a tener en cuenta es la diferencia entre una fábrica y una ensambladora. Creamos ensambladoras de carros, autobuses, computadoras Canaima, teléfonos celulares, las inauguramos con mucha pompa y nos pusimos a hablar ante los medios de que... "¡Ahora sí! ¡Tenemos soberanía tecnológica!". Decidimos crear ensambladoras porque es algo que se hace rápidamente, sobre todo para un país con muchos recursos económicos, como lo era Venezuela hasta 2012.

Pero las ensambladoras requieren que importemos de otros países una gran cantidad de piezas prefabricadas para poner a obreros a ensamblarlas, como si fuera un Lego. Crear una ensambladora pudo haber estado bien en su momento, pero para mantener la ensambladora funcionando necesitamos importar constantemente todas las piezas que las potencias nos ofrezcan para poder armar nuestros vehículos, y si estas potencias deciden no vendernos nada por culpa de un bloqueo, tendremos que detener la producción.

Y así nos ha pasado. Tenemos numerosas ensambladoras varadas porque, al acabarse el stock de piezas importadas, ya no pueden seguir funcionando. Ya no podemos fabricar más nada. Y ello a pesar de que la enorme mayoría de esas piezas importadas están hechas de minerales y materia prima que se encuentra en nuestro subsuelo. Pero nosotros los venezolanos aún no sabemos cómo convertir esa materia prima en esas piezas y componentes. Despertamos a la triste realidad: aún no tenemos soberanía tecnológica.

Ensambladora de Industrias Canaima en La Carlota
En mi humilde opinión, hicimos las cosas al revés: creamos grandes ensambladoras porque eso se hace rápido, en cuestión de meses. Pero hacer las cosas bien es un camino muchísimo, pero muchísimo más largo: para poder tener soberanía tecnológica, no sólo debemos ser capaces de ensamblar el producto final (en este caso, el autobús) sino que debemos ser capaces de diseñar y fabricar todas y cada una de las piezas que requerimos para ensamblarlo.

Entonces, tener soberanía tecnológica no significa sacar un motor de una caja de madera, montarlo en una grúa y colocarlo en un chasis, sino formar a ingenieros y técnicos capaces de  tomar el hierro y otros minerales de nuestro subsuelo y convertirlos en motores de combustión interna. Debemos formar expertos venezolanos que sepan exactamente cómo funciona un motor, por qué la cámara de combustión tiene que ser de tal tamaño, por qué tiene que tener tantos cilindros, qué aleaciones de metal tienen que usarse en tal o cual sección, y un millón de detalles importantísimos.

Lo mismo ocurre con una computadora o un teléfono celular: nunca podremos hablar de soberanía tecnológica hasta que no seamos capaces de diseñar, crear y producir en masa microprocesadores, circuitos integrados, memorias, pantallas, condensadores, resistencias, tarjetas madres, baterías y demás componentes necesarios para la fabricación de los productos finales, incluyendo la formación de todo el personal necesario, en un sinfín de disciplinas importantísimas.

Para poder fabricar todas y cada una de las piezas que necesitamos, nuestros ingenieros y técnicos tienen que tener la "mentalidad de hacker" que, en su momento, tuvieron ingenieros chinos y de otros países. ¿No saben cómo funciona un motor? Pues conseguimos uno, lo desarmamos, lo estudiamos, conseguimos libros y manuales, buscamos instructores de otros países que nos ayuden, y así aprendemos a hacer uno. Esto se llama "ingeniería inversa", y es muy popular en esos países. Tanto así, que las potencias intentan prohibirla y la denigran llamándola "espionaje industrial" y "piratería". Pero es la única forma de adueñarnos del conocimiento.


De esa forma, el primer motor que hagamos no funcionará muy bien, pero nos dará muchos datos necesarios para que el segundo, el tercero o el centésimo que hagamos sí sea muy bueno, incluso mejor que el original.

Este proceso de formación, capacitación y experimentación toma años y requiere mucha investigación propia, pues nuestros aliados chinos y rusos muy difícilmente querrán ayudarnos a convertirnos en un competidor potencial que pueda arrebatarles parte de su mercado. Uno que, a diferencia de ellos, sí tiene la materia prima de la que ellos carecen.

Sin embargo, si no nos decidimos a tomar este camino largo y difícil, nunca llegaremos a ser lo que soñamos. Nunca podremos hablar de soberanía tecnológica, ni podremos sobreponernos a sanciones ni a un bloqueo si no somos capaces de tomar la inmensa materia prima que tenemos en su subsuelo, y convertirla en motores, chasis, cajas de cambio, cables, sistemas de dirección, frenos, carrocería y todos los demás componentes que componen un vehículo. Lo que implica, además, tener ingenieros, técnicos y diseñadores formados y capacitados para crear todas esas piezas. Y tomar todas las medidas para que estos ingenieros y técnicos, una vez formados, no se vayan del país: lo que incluye formar sus conciencias y corazones para que amen a Venezuela y emprendan la misma lucha en la que creemos, en pro de la liberación de los pueblos, en contra de la pobreza, la desigualdad, la explotación del hombre por el hombre y el Imperialismo. Además: pagarles sueldos apropiados, y comprometerlos legalmente.

Nuestros dirigentes políticos son muy bien intencionados y sí creen en la importancia de la soberanía tecnológica pero, lamentablemente, en medio de esta guerra de la que es víctima nuestro país, que tiene un lado mediático desde el cual nos atacan permanentemente, están obligados a mostrar muchos resultados en muy poco tiempo. Por ello, han pecado en buscar soluciones rápidas, que puedan montarse en 6 meses. Pareciera que están esperando a alguien que llegue y les ofrezca una solución mágica, rápida y económica, que lamentablemente no existe.

Es nuestro deber convencerlos a ellos y al país completo de que las verdaderas soluciones  requieren un camino distinto al que acostumbran tomar.

No es de extrañar que haya sido durante las guerras que las potencias hayan hecho algunos de los mayores desarrollos tecnológicos de la Historia. En la Segunda Guerra Mundial, tanto Estados Unidos como la Unión Soviética, Alemania y Japón reunieron a sus mejores mentes y les dieron recursos casi ilimitados para desarrollar los tanques más poderosos, los cañones más mortíferos, los aviones que pudieran transportar más bombas y las bombas que pudieran matar más gente.

Nosotros, en medio de esta guerra que nos hacen, siendo víctimas de sanciones y bloqueos, tenemos una misión mucho más noble: construir el mejor autobús, que pueda transportar mucha gente de una forma muy cómoda, y que pueda durar muchos años sin deteriorarse. Y poder fabricar todos los repuestos que requiera para ser reparado.


Y así como queremos construir el mejor autobús porque es nuestra necesidad inmediata, queremos construir también el mejor celular, la mejor computadora, las mejores medicinas, los mejores alimentos, las mejores escaleras mecánicas para nuestro Metro, las mejores piezas para nuestra industria petrolera, entre muchas otras cosas que requiere el país.

Es imprescindible que Maduro, en esta nueva etapa y nuevo comienzo, entienda la necesidad de esto, busque a las mentes dispuestas a esta labor -que sí las hay- y las ponga a trabajar cuanto antes.

20 de marzo de 2018

Ministro Villegas visitó emisora Alba Ciudad y llamó a darle un voto de confianza a su nueva directora

Más abajo quiero compartir una nota que redacté de forma personal a propósito de las declaraciones públicas del ministro venezolano de Cultura, Ernesto Villegas, este 20 de marzo en un programa radial de la emisora Alba Ciudad, y que considero ético publicar, como contraparte y respuesta a un artículo que publiqué recientemente. Algunas soluciones a la difícil situación de la emisora del ministerio están comenzando a llegar gracias al equipo del ministro. Otras, esperamos que también lleguen pronto.
He leído algunos tuits que, tras mis escritos sobre la situación en la emisora Alba Ciudad, se han puesto a insultar a Ernesto Villegas y su equipo. No creo que sea justo atacar a alguien  que apenas fue designado ministro hace 3 meses, por todo lo que ha ocurrido en esta institución pública en 9 años. Ese fue el sentido de mi artículo original, y es lo que se entiende al leerlo desde su primera línea. Cualquier explicación está demás. Aunque parece que algunos no lo leyeron en absoluto.  
En ningún momento he tenido la intención de atacar ni al ministro ni mucho menos a la nueva directora de Alba Ciudad, a quien le tengo un enorme respeto. Aunque sí ataqué y creo que debemos seguir atacando al burocratismo dentro y fuera del MinCultura, que tantas veces ha puesto en peligro de muerte a la única emisora del Estado venezolano migrada a software libre, y que varias veces ha tratado de forma muy injusta a sus trabajadores y trabajadoras. Ya en mi artículo anterior he explicado las razones de por qué defiendo tanto a Alba Ciudad y a quienes trabajan o han trabajado allí, y de los problemas absolutamente inaceptables que hemos vivido allí los últimos años. 
Creo que Maria Gabriela Rodríguez, la nueva directora de la radio nombrada hace apenas 3 semanas, es un gran cuadro de la revolución; es una periodista muy activa, trabajadora, que toma en consideración la experiencia de mis compañeros de trabajo, y que nos pone a dar lo mejor a cada uno de nosotros. Estoy muy orgulloso de trabajar bajo su coordinación, junto al equipo de trabajadores y trabajadoras del Ministerio de la Cultura y de la emisora Alba Ciudad. Ella y todo su equipo están trabajando en un próximo relanzamiento el próximo mes de abril, que la emisora se merece.  
A continuación, la reseña:
El ministro del Poder Popular para la Cultura, Ernesto Villegas, llamó este 20 de marzo a los trabajadores y trabajadoras de la emisora Alba Ciudad 96.3 FM a darle un voto de confianza a la nueva coordinadora general de la emisora, María Gabriela Rodríguez, quien asumió el cargo a comienzos de marzo, al tiempo que se comprometió a solventar una serie de situaciones estructurales que se han venido presentando en la emisora desde mucho antes de que iniciara su gestión. "Yo le voy a dar todo mi apoyo a ella y a ustedes, los trabajadores, las personas que hacen vida aquí, para mejorar las condiciones de trabajo, para que sean dignas y para preservar esta emisora como una conquista del pueblo venezolano. ¡Este pueblo se merece una Alba Ciudad cada vez mejor!", señaló este martes en la mañana, invitado en el programa "Con discapacidad y todo" que conduce Julia Salcedo.

Dijo textualmente: "Yo vengo como parte del equipo que estamos a cargo en este momento en el Ministerio de la Cultura. Yo soy el responsable fundamental de esta cartera. El Presidente Nicolás Maduro me nombró en noviembre pasado. Nosotros hemos venido diagnosticando esta compleja estructura que es el Ministerio del Poder Popular para la Cultura y que cumple ya 13 años. Hay que hacer un reconocimiento a sus trabajadores y trabajadoras, que durante todo este tiempo han estado batallando por toda nuestra hermosa diversidad cultural, y al mismo tiempo hacer un retrato descarnado de los problemas, de las dificultades, las cosas que se han hecho bien, las cosas que se han hecho mal, de las que no se han hecho y de las heridas que este bloqueo económico y que esta guerra despiadada contra la nación venezolana se han dejado sentir, especialmente en el campo de la cultura".

"El Ministerio de la Cultura no ha estado exento, ni los cultores, ni la cultura, han estado exentos de estas heridas. Una de ellas se siente aquí, por supuesto, en esta emisora, en Alba Ciudad. Yo sé que el compañero Luigino Bracci (trabajador de la emisora) ha hecho públicas a través del Facebook, a través del Twitter algunas de las particularidades y las situaciones que aquí se han vivido. Ya nosotros habíamos, antes de que se hicieran públicas estas situaciones, tomado algunas iniciativas. Por ejemplo, está recién tomando hace unos días apenas, acaba de llegar nuestra compañera María Gabriela Rodríguez, quien es la nueva directora de esta emisora".

"Yo voy a pedirle a los trabajadores y a las trabajadoras un voto de confianza a María Gabriela, que viene llegando. No es una buena manera de recibir a una nueva directora, que entonces nosotros dejemos en el aire como que es responsabilidad de la que está llegando, una serie de situaciones estructurales que tienen mucho tiempo sucediendo. Yo sé que no ha sido el espíritu de lo que plantea Luigino, pero tú sabes que algunas personas apenas leen los titulares y no le prestan atención al detalle de las cosas que se escriben, sino que, en medio de la situación de indignación que puede generar una determinada situación difícil, pues entonces hay la búsqueda de inmediato de un responsable", señaló el ministro.

"Yo quiero pedir un voto de confianza -insisto- para la compañera María Gabriela, a quien vengo aquí a respaldar en la gestión que viene a realizar, en conjunto con los trabajadores y trabajadoras".

"Yo tengo el propósito de solventar las situaciones que se han venido presentando como consecuencia de este atroz bloqueo contra la nación venezolana, y quiero que sus trabajadores de la radio, todas las personas que tienen los programas y los que vayan a incorporarse -porque quiero que estos micrófonos se abran para el pueblo y para comunicadores de distintos sectores que hacen vida en el campo de la cultura y, en general, de la sociedad venezolana- todos los que están y los que estén por incorporarse, tengan las mejores condiciones de trabajo. ¡Es nuestro deber!"

"Pido, eso sí: un voto de confianza a la compañera que va llegando, yo le voy a dar todo mi apoyo a ella y a ustedes, los trabajadores, las personas que hacen vida aquí, para mejorar las condiciones de trabajo, para que sean dignas y para preservar esta emisora como una conquista del pueblo venezolano. ¡Este pueblo se merece una Alba Ciudad cada vez mejor!"

12 de marzo de 2018

La unidad en hechos y no en palabras

Fíjense por qué me cuesta tanto creer en algunos discursos de "unidad" que tanto se repiten por allí. Por un lado, nos dicen que debemos permanecer unidos. Por el otro, hacen cosas tan disparatadas como las que pasaron al menos en tres o cuatro ocasiones en la emisora Alba Ciudad: le dicen a una persona que es absolutamente tradicionalista, que tiene que dirigir determinado lugar y encargarse de cambiarlo por completo, sin importar lo que tenga que hacer. Que esa es "su misión".

¿Qué puede pasar si en una emisora que ha combinado los géneros tradicional, juvenil/urbano, y latino/salsero, llega un jefe diciendo que hay que acabar con los dos últimos y dejar únicamente aquello que él considere tradicional, echando a la basura lo hecho por sus trabajadores durante años? Obviamente se forma un lío.

La consecuencia de esto que ha ocurrido varias veces en Alba Ciudad es que gente que podíamos vernos por allí, darnos las manos y hasta sentarnos a tomar unas cervezas, ahora vamos a cargar rencores de por vida. Ya no vamos a poder trabajar juntos, vamos a estar los unos hablando mal de los otros, no nos vamos a tolerar y el resto de la gente no va a entender por qué, ni les va a importar.

Y la verdad, ni un lado ni el otro tiene la culpa. Gente por encima de nosotros (no sé quienes, no sé en qué punto de la burocracia ni con qué intenciones) nos puso en estos papeles absolutamente absurdos de estar peleando entre revolucionarios y de convertirnos en "enemigos" cuando los enemigos reales son otros.

¿Cómo reaccionarían si fuera al revés? Si ellos si hubieran luchado por 9 años para crear una emisora de música 100% tradicional y hubiera llegado alguien con la misión de convertirla en una emisora salsera y urbana, ¿qué hubiera pasado? Les doy una pista: A Reinaldo Iturriza, siendo ministro de Cultura, lo llamaban abiertamente "el ministro reguetonero" y hasta le dedicaban memes y caricaturas por redes sociales. Le hicieron una auténtica guerra, y todo por decir en una entrevista que le gustaban un par de canciones de Tego Calderón. Nunca llegó a atacar, minimizar o quitarle importancia a lo tradicional; sólo trató de abrir nuevos espacios para géneros contraculturales. Pero así lo trataron ciertos grupos del mundo de la cultura revolucionaria.

En ese sentido, le tengo un poco más de respeto a lo que se hizo para crear la emisora Corazón Llanero FM: esperaron a que fuera sancionada una emisora que tenía 100 mil violaciones a la Ley Resorte, incluyendo constantes llamados a la violencia. Y esa emisora fue 92.9 FM, una emisora propiedad de la misma gente de RCTV. Al no renovársele la concesión y quedar esa frecuencia disponible, aprovecharon para solicitarla e iniciaron allí una nueva emisora. Al menos no se hizo una guerra entre chavistas.

Yo sé que todo el mundo quiere subir. Mucha gente lucha por tener un cargo, porque creen que es lo más chévere del mundo. "El que respira, aspira", ha dicho Diosdado Cabello en su programa televisivo. Pero caray, antes de aceptar un puesto, investiguen bien la situación del lugar y de quienes trabajan allí, y si ustedes son revolucionarios pero les están pidiendo ir a un lugar a iniciar una guerra contra otros revolucionarios, caray, piénsenlo un poquito mejor. Desconfíen mucho antes de trabajar para una persona que les esté pidiendo eso. Así sea un ministro reconocido. Así se haya abrazado con Chávez o con Maduro.

Algunas personas dicen que yo estoy "desacatando los llamados a la unidad" al haber publicado lo que pasó con Alba Ciudad. Sólo quiero responderles algo: Si vamos a hablar de "unidad", hagámoslo con hechos, no con palabras.

10 de marzo de 2018

Caso Alba Ciudad: ¿Quiénes deben evitar que el Estado se desmorone?

Es tanto lo que quisiera escribir sobre esto, pero al mismo tiempo no sé si sea lo mejor. Pero pienso que es necesario dejarlo por escrito.

En enero de 2017, la emisora Alba Ciudad 96.3 FM, radio del Ministerio del Poder Popular para la Cultura en Caracas, tenía 39 programas al aire. Aunque algunos tenían sus fallas, la mayoría eran excelentes, incluyendo "La Ventana" de Enza García, "Radar 96" de Jose Angel Lanz y José Gregorio Sánchez, o "La Salsa de Acero" de José Gregorio Acero, entre muchos otros. Programas que han recibido numerosos premios y galardones y tenían una gran audiencia cautiva y una gran cantidad de seguidores.

Tres meses después, casi todos estos programas habían sido sacados del aire sin explicación alguna. Nuestra coordinadora general había sido humillada y echada de la emisora a pesar de ser una de las profesionales más íntegras y comprometidas que conozco. El resto de los trabajadores la dejamos sola, asustados y temerosos de enfrentarnos al Director de Comunicaciones, alguien que decía que todas sus decisiones eran apoyadas absolutamente por el hermano del Comandante Chávez, quien era, en ese momento, el ministro de Cultura. A mí me dijo que él no venía a arreglar nada, que él venía a cumplir "una misión" asignada por "un personaje histórico".

Y, en plenas guarimbas, cuando más se necesitaba a una emisora política y politizada, que mantuviera en buena lid y buen ánimo a una población sometida a cercos, ataques psicológicos y amenazas físicas, la radio fue reducida a una rockola musical. Así, más de treinta programas salieron del aire por la decisión de una sola persona.

El responsable de todo esto -el Director de Comunicaciones- duró unas pocas semanas en su cargo y nunca más regresó, luego de que un anónimo hiciera justicia divina y le clavara un coñazo en un acto público por otras atrocidades que hizo en el pasado.

Después de eso y de que hubieran sacado de tan mala manera a nuestra coordinadora general, un compañero de trabajo fue asignado para ser coordinador general de la emisora. Con ayuda de todos los trabajadores, él comenzó a reconstruirla y logró que unos quince programas regresaran. Sólo para que ocurriera un nuevo cambio ministerial. Adán Chávez tuvo que irse para las elecciones de constituyentes.

La nueva ministra de Cultura se comportaba de forma muy déspota con los trabajadores. Los coordinadores queríamos exponerle todos los problemas de la emisora, que venían de varios años atrás, pero nunca nos recibió. Los operadores de la radio también tenían problemas graves: estaban a punto de estallar pues uno de ellos había renunciado, los demás estaban trabajando horas extras de gratis para hacer su turno, pero nadie firmaba el punto de cuenta para contratar al operador nuevo. Todos los canales regulares habían sido usados sin éxito. La situación llevaba varias semanas. Los operadores afectados iban a declararse en paro, pero el coordinador les pidió esperar y tratar de hablar, todos juntos, con la ministra al salir de su programa radial. Le pasaron un papelito al terminar el programa pidiéndole hablar con ella 5 minutos, pero ella no quiso alegando que estaba muy ocupada. El coordinador general se armó de paciencia y valor; tuvo que perseguirla mientras se dirigía a su vehículo y suplicarle que le escuchara dos minutos para presentarle el problema. Al final, ella escuchó de muy mala gana.

El nuevo operador al final fue contratado, pero el coordinador general perdió su cargo pocos días después, en agosto de 2017. La ministra colocó a una nueva persona en su lugar.

El nuevo coordinador general fue nuestro jefe hasta finales de febrero de 2018. Es un músico extremadamente ególatra, que decía seguir lineamientos de la ministra, del Estado Mayor de la Cultura, del Plan de la Patria y de 400 mil leyes que él mismo se había inventado. Basándose en eso, destruyó lo único que le quedaba a la emisora: la musicalización. Hizo valer su visión tradicionalista radical, que veía como maligno a cualquier género que no fuera el joropo o la trova, y que hasta descartaba canciones como "Tin Marín" de Alí Primera porque su evocación al fuego "podía afectar el subconciente de la gente" y provocar que salieran a guarimbear.

Además, los quince programas que había restaurado el coordinador general anterior -nuestro compañero de trabajo-, casi todos tuvieron que irse otra vez porque no eran compatibles con el nuevo esquema musical de la emisora, que tenían que seguir al pie de la letra. Algunos fueron sacados del aire por segunda vez en el año... ¡un irrespeto total y absurdo! Y debo aclarar que son programas que no recibían pago alguno por ser emitidos.

El personal de prensa comenzó a renunciar en 2016 por los problemas de bajos salarios. Para 2017, quedaba una sola periodista de las cinco que tenía el departamento. Quienes se iban no eran sustituidos, y la nueva gestión tampoco se preocupó mucho por recontratar personal. De 30 personas que tenía la radio en nómina, en marzo de 2018 quedamos dieciocho. De los cinco coordinadores de la emisora, sólo quedábamos dos.

Nuestro coordinador de producción, un profesional excelente, quien regularmente también ayudaba en la musicalización, locución y transmisiones de la emisora, también fue humillado y pisoteado por el nuevo coordinador general, y finalmente tuvo que renunciar en diciembre de 2017. Lo mismo con los productores, a quienes maltrataba desconociendo su profesionalismo, ordenándole hacer los micros y audios una y otra vez a pesar de que varios de ellos tenían más de 10 años de experiencia en el área. El objetivo era hacerlos obstinar hasta que renunciaran.

Esto era increíble: tres gestiones distintas en menos de un año, cada una peor que la que le precedió, destruyeron la emisora mucho más de lo que hubiera podido destruirla cualquier agente de la ultraderecha. Si al menos nos hubieran puesto de ministro a Alberto Ravell o a Carmen Ramia, hubiéramos podido enfrentarnos a ellos, protestar, hacer escándalo, encadenarnos, escribir artículos, pedir ayuda a las comunidades.

Pero esto que pasamos en 2017 fue bochornoso, asqueroso y terrible. Fue absolutamente injustificable, y un error inaceptable de parte de la Revolución Bolivariana para con un medio del Estado que siempre la ha defendido.

Me la pasaba pidiendo ayuda desesperado a personas que sólo se limitaban a escucharme estupefactos e impotentes, sin poder hacer nada sino darle a uno una palmadita en la espalda, decirnos que ellos no podían hacer nada, que había que tener paciencia o, si no aguantaba, simplemente que me fuera.

Y es que yo sé que la mayoría de quienes lean esto no me entenderán. Total, esto es sólo un trabajo. Lo normal es que, si a uno no lo gusta un trabajo, uno simplemente tiene que renunciar y buscarse otro. Y, para mí, era relativamente sencillo conseguir otro empleo.

¿Por qué no lo hice? Les explico: Formé parte de un grupo de compañeros que llegamos en agosto de 2009 a una emisora de radio que había sido abandonada por sus primeros trabajadores, quedando fuera del aire.

  • Prácticamente con las uñas la reconstruimos, aún cuando nos decían que no se podía. 
  • La pusimos en el aire, aún cuando nos decían que no tendríamos la capacidad. 
  • Luego, la migramos a software libre siguiendo un decreto del Presidente Hugo Chávez, aún cuando todos nos decían que eso no servía para radio, que no era profesional y que nunca podríamos hacerlo. Pero lo hicimos.
  • Por sentido de pertenencia, le agarramos mucho cariño a nuestro lugar de trabajo. Hoy, seguimos siendo la única radio del Estado venezolano en software libre, porque a ninguna otra le ha interesado migrarse a pesar de la existencia de una ley que obliga a hacerlo. 
  • Sus trabajadores innovaron prácticamente sin recursos, creando espacios para la formación de comunidades ("Marcando Zona"), transmisiones en vivo de eventos y conciertos sin mayores equipos, entre muchos otros logros.
  • En conclusión: eran logros de los que estábamos muy orgullosos, que no queríamos que se perdieran.
Desde 2012 hasta hoy, tras cambios y cambios de ministro, la burocracia nos quitaba cosas: nos quitaron el transporte, las horas extras, la caja chica. Siempre nos decían que "no hay dinero" cuando informábamos que algo se dañaba y se necesitaba dinero para comprar una pieza o un repuesto para que nosotros mismos lo reparáramos. Me cansé de coleccionar informes del estado de la emisora, todos con sello de recibido de las diferentes gestiones.

Gente resentida y músicos obstinados nos acusaba de querer "quedarnos con la radio", como si eso fuera posible. Nos acusaban falsamente de ser "payoleros" (cobrar a los músicos por poner sus canciones) sólo porque de vez en cuando sonaba alguna canción comercial (nunca hemos llegado al extremo de Radio Miraflores de poner Prince Royce, pero ¿quién se va a meter con Radio Miraflores? Era más sencillo atacar a una radio como Alba Ciudad).

La realidad, es que Alba Ciudad es una radio muy valiosa. Por aquí ha pasado un montón de gente: Pedro Carvajalino, Cabeza'e Mango, Luis Hugas, Pedro Ibáñez, Ildegar Gil, Gipsy Gastello, Gustavo Villapol, Osly Hernández, Pinky. Aquí hasta Jorge Rodríguez e Iris Varela tuvieron sus programas. Pedro Calzadilla y Reinaldo Iturriza, cuando ministros, echaban piropos con frecuencia a nuestro trabajo. Pero ninguno pudo arreglarla. En 9 años hemos tenido igual cantidad de ministros, ninguno ha podido durar lo suficiente. Sus trabajadores y extrabajadores, igualmente, han sido valiosos camaradas, muy conscientes de su papel como comunicadores de la revolución.

Estamos contentos porque la gestión del ministro de Cultura actual, Ernesto Villegas Poljak, al fin está realizando algunos cambios para permitir que la radio renazca. Haré todo lo posible por ayudar y quedarme mientras continúen estos ánimos positivos. Me alienta el entusiasmo de la coordinadora nueva, que comenzó hace apenas unos días. Sólo espero que ellos duren lo suficiente y no los cambien a corto plazo.

Pero créanme que ando harto, obstinado, sin ganas de volver a trabajar más nunca para el Estado ni para la Administración Pública. Hasta la semana pasada -con el jefe anterior- yo ya estaba casi decidido a irme. Estaba a punto de no volver más nunca, a desaparecerme sin carta de renuncia ni nada parecido. Ya no me importaba nada.

Me daba asco todo. Me daba asco subirme en el Metro para cruzar toda la ciudad, aguantar coñazos por una hora en trenes vueltos mierda, que se paran 10 o 15 minutos por estación, que a menudo no tienen aire y te echan un bandejazo de agua desde el techo cuando frenan. Luego, tener que llegar a trabajar a un edificio (el Archivo General de la Nación) que desde hace 4 años no tiene ascensores, y desde hace año y medio no tiene aire acondicionado. Pasar calor y arrechera. Vivir en medio de una invasión de cucarachas y chiripas, pues no hay dinero para fumigar. Aguantar la prepotencia de un músico ególatra que adoraba humillarme a mí y a mis compañeros de trabajo.

Con unos sueldos de mierda, porque algún burócrata del Ministerio de Planificación decidió que el Ministerio de la Cultura es "un ministerio clase C" porque supuestamente "no produce nada", y por lo tanto, sus trabajadores y empleados tenemos toda la razón de ser humillados con los peores sueldos y bonos de la Administración Pública.

La radio no tiene estructura de cargos y todos somos contratados a tiempo indeterminado. No tiene figura jurídica, por lo que ningún programa radial puede tener pautas publicitarias. No pueden haber ingresos propios por dar cursos o talleres. Si el ministerio no puede pagarlo, no se puede hacer nada.

Yo soy "coordinador de la página web", aunque en realidad las diferentes gestiones de Recursos Humanos se han encargado de sacarnos en cara que ni siquiera somos eso: somos "trabajadores con funciones de coordinador", pues no existimos en el manual de cargos. En 9 años, nadie ha podido cambiar esa realidad, pues es "muy complicado". Ganábamos igual que los no coordinadores, y no se nos permitía cobrar horas extras, a diferencia de ellos. Freddy Ñáñez, cuando fue ministro, se encargó de colocar una solución temporal, colocándonos un pequeño bono o encargaduría mientras se gestionaba una solución mejor. Pero la gestión que vino después dijo que eso era "ilegal", y casi nos lo quitaron.

Aunque aún tengo el bono, recién hace unos días, en febrero, me lo bajaron en casi 60 por ciento (de Bs. 180 mil quincenal a Bs. 76 mil), sin explicación alguna. En 2017 lo llamaba "el bono pollo" porque me permitía comprar un pollo al mes. Hoy, lo llamo "el bono café" porque con él me puedo pagar un cafecito de barra.

Sin embargo, a pesar de todas estas circunstancias, nunca perdimos el cariño a nuestro trabajo y al ambiente cultural. Mientras pudimos, casi todos pusimos nuestros aparatos y objetos personales (teléfonos, grabadoras, audífonos) y hasta dinero de nuestro bolsillo para mantener las cosas en pie y continuar haciendo nuestro trabajo.

Todos estábamos desmotivados, cansados, pero haciendo esfuerzos para no perder la alegría. Total, cualquiera podría ganar más dinero trabajando cómodamente desde su casa haciendo cualquier trabajo inútil, como resolver captchas o llenar encuestas, que yendo a ese asqueroso ambiente de mierda a aguantar todas esas condiciones.

¿A quién le interesa que Alba Ciudad siga siendo la primera y única radio de Estado en software libre? Porque sé, que, a la semana de irme, todos se pelearán por instalar Windows 10 en todas las computadoras y execrar "esa mierda de Linux", que hace años dejó de ser prioridad para el gobierno. En seis años, el Presidente nunca ha mencionado el tema del software libre. A ninguno de sus ministros le ha interesado el asunto. Es mucho más fácil adquirir software y tecnología por el convenio China-Venezuela, Cuba-Venezuela o cualquier otro, a tener que contratar técnicos venezolanos para que desarrollen software y soluciones tecnlógicas propias y autóctonas.


Cuando nuestros músicos tradicionales aparecen con cuatros, arpas y bandolas en mano hablando de defender la identidad venezolana -que es una lucha que comparto y apoyo absolutamente-, todos lo hacen con computadores Apple y aplicaciones ProTools bajo el brazo; a ninguno le agrada tener que experimentar con tecnologías libres, ni siquiera por el tema del costo.

¡Bendito sea el petróleo, que mientras dure, jamás será necesario desarrollarnos!

Siento que luché la más inútil de todas las luchas, mil veces más inútil que el Quijote peleando contra molinos. He resistido lo que he podido compas, pero les digo la verdad: Estoy cansado y harto. Le tengo mucha envidia a los compas que se han ido a otras instituciones, que han podido seguir su camino y están mucho más contentos.

Para nada dejaré de ser revolucionario y chavista. Pero esta lucha de resistencia dentro de la revolución, de proteger los logros para que no se desmoronen, es absolutamente absurda, desagradecida y sin propósito. Si no le importa a la mayoría de los grandes ministros que salen todo el tiempo en televisión, ¿por qué me tiene que importar a mí, que no soy nadie?

Cuiden su salud física y mental, y sean felices. Hagan lo mejor para ustedes mismos y sus familias. El Estado no es nuestra responsabilidad.

¿O estoy equivocado? ¿Fuimos los trabajadores los que hicimos mal? ¿Fuimos nosotros los que fallamos? ¿Qué es lo que se esperaba de nosotros?

En julio de 2009, Alba Ciudad salió del aire porque su entonces coordinador y un grupo de trabajadores no estuvieron de acuerdo con los cambios que hacía la gestión ministerial de aquel entonces. Renunciaron en grupo y se fueron. La radio estuvo casi un mes fuera del aire.

Esta vez, en 2017 y 2018, los trabajadores más bien resistimos en grupo un año de desastres y mantuvimos la emisora al aire.

¡No! ¡No fuimos nosotros quienes fallamos! ¡Yo más bien estoy orgulloso de mis compañeros de trabajo, tanto de los que se fueron a otros lugares, como de los que se quedaron resistiendo! Pero si estas cosas no se revisan, si hay cosas iguales o peores pasando en entes más importantes, como fábricas, industrias y similares adscritas al Estado, pues muy probablemente allí veremos las causas de que muchas de ellas no estén produciendo.

8 de diciembre de 2017

Dándose una ducha en el Metro de Caracas

Entramos al vagón del Metro de Caracas alrededor de las 5:30 pm de este jueves, cansados tras un duro día de trabajo.

Tuvimos que esperar 15 minutos a que el tren llegara a la estación Capitolio, mucho más de lo normal. Pero ya es habitual que, a pocos días de unas elecciones en Venezuela, los servicios públicos empiezan a fallar: El Metro funciona mucho más lento, el agua potable falla varios días, a veces hasta hay apagones… ya uno asume que son acciones de sabotaje que algunos sindicatos realizan para aumentar el descontento contra el gobierno.

Entramos al vagón, que estaba más o menos lleno, y mi compañera me lleva arrastrado al espacio entre un vagón y el otro, para no quedar en la puerta y ser empujados por la gente. Creíamos que ese punto estaría vacío, pero nos encontramos a 4 muchachas como de veinte años sentadas en el piso, al parecer estudiantes de danza, a juzgar por su vestimenta. Estaban sentadas sobre sus bolsos para no apoyarse directamente en el piso, pues tenían faldas. Dos de ellas estaban muy bien maquilladas, tenían diademas de plástico y conversaban sobre diversos temas. Más allá, otras dos muchachas, con una cachorrita de poodle de unos dos meses, también estaban echadas en el piso, jugando con la cachorrita y haciendo que mordiera una bolsa.

Nosotros cargábamos una caja más o menos grande, como de 60 centímetros de largo y 30 de ancho, aunque no muy pesada, con un nacimiento que recién habíamos comprado cerca de la Plaza Bolívar. No teníamos nacimiento en la casa, una de las más bonitas tradiciones navideñas venezolanas, y mi compañera está muy ilusionada de montar uno que consiguió a buen precio en medio de la loquera inflacionaria.

Mientras esperábamos que el tren arrancara, las dancistas hablaban entre ellas. Una contaba que fue a sacarse el carnet de la Patria obligada por su mamá, para obtener el bono de Bs. 500 mil. Su amiga, la más opositora, la regañaba y le recriminaba que eso era terrible, que era como si las estuvieran comprando y que por eso el país estaba como estaba. Aunque luego reconoció que ella sí quería "su tablet", lo que las delataba como estudiante de alguna universidad pública. Las otras dos les seguían la corriente en la conversación.

Pasan 15 minutos y el tren continúa en la estación sin avanzar, con las puertas abiertas. Llegaba más y más gente; el tren se atestaba, muchos trabajadores empujaban para entrar a la fuerza y llegaba un momento en el que todos estábamos presionados unos contra otros. La operadora del tren, molesta por la gente que oprimía el botón de emergencia a cada rato imaginando que eso le haría arrancar, anunció a los pasajeros que hay un retraso motivado a “un arrollamiento en la estación Bellas Artes”.

Tras más de media hora de espera, finalmente arrancamos. Al principio el tren se desplazaba muy lento por los túneles. Pero cuando al fin comienza a ir más rápido, comienza a caer agua desde el techo, desde una de las rejillas del aire acondicionado. Al principio era una gotera pequeña, pero luego era como una ducha, como un chaparrón. Les dejo un video que llegué a grabar, un poco asustado pues sacar el celular en el Metro es una operación de alto riesgo.


Llegamos a la estación La Hoyada, y en las puertas del vagón se formó una trifulca entre las personas que querían salir y las decenas de personas que estaban afuera, quienes llevaban más de media hora esperando el tren e intentaban entrar a la fuerza, sin dejar salir a nadie. Los gritos de personas pidiendo que los dejaran bajar no sirvieron de nada; privó la ley del más fuerte. Era detestable ver a trabajadores, personas humildes, madres con bebés, incluso una que otra persona con un bastón, empujándose entre sí para tratar de entrar o salir.

Tras cada estación, se repetía lo mismo:

  • Sonaba el pito anunciando que las puertas iban a cerrarse.
  • Éstas se cerraban, pero siempre quedaban algunas puertas entreabiertas, entorpecidas por algunos usuarios que querían entrar a la fuerza.
  • La operadora hablaba por los parlantes, exigiendo a los pasajeros no impedir el cierre de las puertas o sino el tren no arrancaría. 
  • Pasaban dos o tres minutos más con las puertas abriéndose y cerrándose, pasajeros forcejeándolas para tratar de entrar y la operadora dando su sermón. 
  • Cuando al fin las puertas se cierran y el tren comienza a andar, nos vuelve a caer el chaparrón de agua.

Las bailarinas se tomaban el asunto con risa y bromeaban entre ellas. Yo también bromeaba con mi compañera, pues teníamos más de una semana sin agua en nuestra casa, pero al menos la gente del Metro era tan considerada que nos permitían ducharnos en sus vagones.

Llegó un momento en el que cayó tanta agua, que las dancistas se tuvieron que parar y quedarse de pie. Se reían y se burlaban de la situación. Una grabó la escena con su celular, con la esperanza de viralizar el chaparrón. Mi compañera y yo brincábamos de un lado al otro, tratando de esquivar el agua y de evitar que la caja con el nacimiento se mojara; lo último que queríamos era tener un Niño Jesús molesto con nosotros porque quedó empapado en su viaje inaugural.

En las grandes estaciones, como Plaza Venezuela o Sabana Grande, los forcejeos, empujones y gritos entre las personas cansadas, que querían entrar o salir del tren, eran cada vez peores. Es una lástima que no haya funcionarios del Metro o de la Policía Nacional intentando poner orden en los andenes.

Al llegar a nuestra estación destino, tuve que ponerme la caja con el nacimiento en la cabeza, empujar a mucha gente y salir por la fuerza, casi como un corcho de una botella de champaña, con mi compañera detrás de mí.

Alcancé a ver allí el número del tren: el 61038. Al llegar a casa, tuitée a la cuenta oficial del Metro, a la del Ministerio de Transporte (ahora conducido por el señor Carlos Osorio) y a la Misión Transporte, con la esperanza de que me lean y lo reparen. Aunque no es sólo el agua del techo lo que tiene que repararse: son muchísimos los problemas que se acumulan en el Metro y sus estaciones, que tienen que ser resueltos con urgencia.

Al menos el nacimiento llegó sano y salvo a casa.

No estoy seguro cuánto duró el viaje pero creo que fueron más de dos horas, cuando lo normal son 30 o 40 minutos. No puedo imaginar lo que sentirán quienes tienen que llegar a Petare para tomar allí otro transporte hacia sus barrios, o hacia Guarenas, Guatire u otras ciudades cercanas. Tal vez sean 4 horas de viaje a sus casas, o más.

No son sólo las limitaciones y problemas que se viven día tras día al haber menos camionetas funcionando, y que hacen aumentos ilegales sin que ninguna autoridad les ponga coto, en un momento en el que conseguir efectivo para pagarles se ha vuelto mucho más difícil. Hay gente que tiene que hacer dos horas de colas diariamente en los bancos o cajeros automáticos para conseguir el efectivo que necesitan para poder pagar su transporte público. Otros, en cambio, han preferido hacer parte de su trayecto a pie, pues su sueldo no les alcanza para pagar los aumentos ilegales en el transporte público.

Es un contraste total llegar a casa, poner VTV y encontrar un mundo tan distinto de sonrisas y felicidad, donde estos problemas no existen. Son las cosas que causan una desconexión tan fuerte entre el pueblo y la revolución, que causan que algunos nos llamen “Narnia” por lo felices que aparentamos ser.

Si no abordamos estos problemas y muchos otros problemas con prontitud, no nos quejemos después de lo que pueda pasar.

3 de diciembre de 2017

La candidatura de Eduardo Samán y la necesidad urgente de que Maduro se rodeé de nuevos cuadros

Cada vez que Nicolás Maduro anuncia un nuevo cambio de ministros, generalmente es blanco de acusaciones de parte de muchas personas porque, en la gran mayoría de los casos, simplemente se rotan en sus cargos a un grupo muy pequeño. "¡Siempre los mismos! ¿Es que no hay más gente en este proceso?", es la pregunta que se hace mucha gente en las calles y en las redes sociales.

Sin embargo, casos como el recientemente ocurrido con la empresa Citgo, en la que seis altos directivos, con el aparente apoyo del presidente de Pdvsa, decidieron colocar a esta gigantesca empresa refinadora de petróleo y vendedora de gasolina, responsable de una inmensa parte de los ingresos de divisas al país, como garantía para una inversión cuyo fin era enriquecerlos ilícitamente, es sin duda para pensar mucho.


Estamos hablando, en primer lugar, de una empresa gigantesca, que cuenta con 6.000 estaciones de servicio, 3 refinerías, 48 terminales de almacenamiento y distribución y decenas de miles de empleados en suelo estadounidense. Genera ingresos de miles de millones de dólares anuales, vitales para nuestro país. En medio de la crisis que vive Venezuela, el que algún día esa garantía terminara ejecutándose, Citgo fuera embargada y pasara a ser propiedad de prestamistas estadounidenses, hubiera acentuado inmensamente la crisis que vivimos a un punto indescriptible.

¿Cómo es posible que seis altos directivos, quienes ya de por sí vivían muy bien gracias a sus altos cargos, hubieran podido confabularse de esta manera, sin que ninguno de ellos protestara o denunciara esta marramucia, o su conciencia los reprendiera? Peor aún: parece que algunos actuaban como espías del gobierno estadounidense, y hasta se habían sacado la nacionalidad de ese país para estar mejor "protegidos".

Cosas como estas sin duda que deben hacer que Maduro se piense muy bien antes de incluir en su equipo a personas de quienes no tenga referencias, que no considere probos o de quienes no haya garantías de que sean honestos, leales, eficientes, buenos en su área y con ideología sólida. Sin duda que son muchos requisitos. Y tantas traiciones tan graves que ha sufrido este proceso (basta recordar a Miquilena, Baduel, Rodríguez Torres y otras personas que en su momento eran queridas y muy estimadas por el pueblo chavista) han hecho que se desconfíe de cualquier nuevo cuadro.

Mismas personas en los cargos, rotadas cada pocos meses


Pero, por otro lado, el reuso de un pequeño grupo de personas en una gran cantidad de cargos también tiene sus consecuencias. De repente, alguien lo hizo muy bien en un cargo, porque es muy buena en el campo en el que se le asignó, es lo que conoce y lo que estudió. Pero luego se le coloca en otro cargo en el que no tiene experiencia o capacidad. Y pone la torta. Y luego la movemos a otro cargo que tampoco conoce, y también lo hace mal. Y la movemos a otro, y lo hace peor. Así terminamos "quemando" a buenos cuadros, en vez de dejarlos en cargos que sí dominan y conocen.

También ocurren otros casos, en los que a una misma persona se le colocan 6 o 7 cargos distintos: 
  • Ministro del poder popular
  • Presidente de dos o tres instituciones
  • Vicepresidente de área
  • Vicepresidente del Partido para la región tal
  • Jefe de campaña del candidato tal
  • Supervisor de las UbCh de la zona tal
  • Encargado de la base de misiones del sector equis. 
Y es imposible que alguien que tenga tantos cargos pueda hacerlo bien con todos. Termina desgastado, cansado y desprestigiado.

Supe que algo así pasó con uno de los ministros de Cultura que tuvimos este año: además de ministro, tenía varias funciones y cargos adicionales, entre ellas las de asumir roles internacionales en un momento muy crítico para el país. Le costaba muchísimo cumplir con sus deberes como ministro: tenía cientos de papeles y puntos de cuenta sin firmar; personas que él no conocía estaban colocadas en puestos clave, tomando decisiones absurdas y abusando del poder, diciendo que lo hacían en su nombre o con su conocimiento. Fue una de las peores gestiones que tuvimos, pero la verdad yo sigo creyendo que él es una persona muy valiosa para esta revolución. Simplemente no debió aceptar tantos cargos, sino concentrarse en uno.

Otros casos son las quejas sobre innumerables personas, que no mencionaré aquí, que eran ministros, alcaldes o gobernadores, abandonaron su cargo para lanzarse a Constituyentes, ganaron y luego abandonaron ese cargo para lanzarse a las elecciones de gobernadores o a las de alcaldes. ¿Por qué tanto cambio?

Ministerios que cambian su jefe cada tres meses


En otros casos, vemos ministros que apenas duran 2 ó 3 meses en sus cargos para luego ser trasladados a otra posición. Y luego, a otra. Y a otra. ¿Quién puede hacer una buena gestión en un ministerio o en cualquier ente público o privado si apenas dura 3 meses allí?

Podemos dar el Ministerio de la Cultura como un ejemplo. En él hemos tenido cuatro ministros en lo que va de año... ¡y aún no ha terminado 2017! Un nuevo ministro puede que necesite un año completo o más para conocer la institución que acaba de asumir, sobre todo si tiene entes adscritos y si tiene presencia a nivel nacional  (Cultura tiene 30 entes adscritos, pero hay ministerios, como el de Industrias, que tiene 80). Los ministerios tienen que introducir la solicitud de presupuesto una vez al año, y sólo puedes hacerlo bien si conoces el Ministerio, sus problemas y prioridades. 

Los cambios excesivos de ministros no sólo dificultan o imposibilitan una adecuada gestión, sino que causan cambios excesivos de directores y personal gerencial, que a veces son reemplazados por nuevos jefes que llegan maltratando o abusando del personal, como ya nos ha pasado varias veces este año, haciendo cambios y tomando decisiones a la carrera pues saben que ellos tampoco durarán más de unas pocas semanas.

"Yo no vine aquí a resolver problemas; vine a cumplir una misión", nos dijo uno de los jefes que tuvimos este año, que duró mes y medio en su cargo. Nunca entendí cuál era "su misión", pero una de las cosas que hizo fue sacar del aire más de 30 programas de la emisora Alba Ciudad en plenas guarimbas, y maltratar a personal muy comprometido con el proceso revolucionario.

El personal del Ministerio termina harto de los cambios, de enfrentar a nuevos jefes que llegan cada 2 meses queriendo cambiar todo y destruir lo hecho en la gestión anterior. Los trabajadores terminan por un lado predispuestos y con ganas de pelear contra quien se venga, o desanimados, sin iniciativa y sin motivación, en un ambiente hostil donde a nadie le interesa solventar problemas estructurales, sino hacer cosas que sean muy visibles mediáticamente, para aparentar que sí se está haciendo gestión. Al final, tenemos que no funcionan los ascensores, aires acondicionados ni equipos; personas sin ética se roban los activos sin que hayan investigaciones ni sanciones, y los trabajadores se enferman al tener terribles condiciones de trabajo.

Así, una parte del personal se desespera intentando escapar de un espacio donde se enferman o se sienten inútiles: buscan trabajos en otros lados, solicitan comisiones de servicio o se ofrecen en apoyo institucional para ser trasladadas a otras instituciones, solicitan reposos médicos o meten cualquier otra excusa para no estar allí. La institución termina paralizada y enferma. Es un gran reto el que tiene el nuevo ministro de Cultura para levantar la moral de los trabajadores y reconstruir la institución... si es que dura el tiempo suficiente.

Yo no sé si alguien se lo ha manifestado al Presidente Maduro. Pero él debe saber que hacer esos cambios cada pocas semanas no ayudan para nada a la revolución que deberíamos ayudar a construir. Visto desde aquí abajo, desde donde estamos los trabajadores y la gente, es un caos y un desastre terrible.

Crisis sin precedentes


Instituciones con tantos problemas no pueden ayudar a abordar la situación sin precedentes que vive Venezuela, en la que se combinan una gran cantidad de factores:
  • Caída de los precios del petróleo.
  • Caída de la producción petrolera, admitida por el gobierno recientemente al descubrirse los escándalos de corrupción en Pdvsa, Citgo, Petrozamora y otras empresas petroleras estatales.
  • Sanciones y bloqueos propiciados por el gobierno estadounidense y solicitados a ellos por miembros de la oposición venezolana, para impedir que el gobierno venezolano pueda adquirir alimentos y medicinas e incrementar así la crisis.
  • Imposición por parte de páginas como DolarToday, de un valor artificial e injustificado para el dólar paralelo, que es usado como referencia por los empresarios y comerciantes a la hora de fijar precios, y es aumentado constantemente, sin ninguna base real, depreciando artificialmente la moneda venezolana.
  • Sabotaje en la economía por parte de los empresarios locales, que acaparan, especulan, remarcan precios diariamente basándose en DolarToday (aún en productos que no son importados) y contrabandean productos a terceros países. O simplemente disminuyen la producción e importación de productos.
  • Sabotaje en la producción: campesinos y hacendados dejan de producir alimentos por razones diversas: políticas, de inseguridad, imposibilidad de conseguir materias primas o de repuestos para los equipos y transportes. O al menos eso alegan.
  • Inflación sin precedentes, causada por todos los problemas anteriormente descritos, pero también por la escasez de productos y servicios. 
  • Imposibilidad de encontrar determinadas medicinas, lo que pone en peligro la salud y la vida de numerosísimas personas.
  • Problemas graves en la disponibilidad de efectivo, que es extraído del país por mafias de forma masiva. 
  • Problemas graves en los sistemas de transporte público: aumentos injustificados y no autorizados de las tarifas, disminución de las unidades en funcionamiento por la dificultad de conseguir repuestos, recorte en los horarios alegando inseguridad, todo esto aunado a la dificultad para la gente de conseguir efectivo.
  • Colapso de los puntos de venta, bancos y mecanismos para el pago electrónico.
  • Incapacidad por parte de las instituciones del Estado en poner orden, evitar las innumerables violaciones de las leyes y sancionar a los infractores.
  • Corrupción por parte de funcionarios, guardias nacionales, efectivos policiales y empleados públicos, con la complicidad y el apoyo del sector privado, que es el que más se beneficia de ella.
  • Paralización de empresas públicas y privadas por la dificultad de importar materia prima, repuestos y equipos. 
  • Deserción del personal técnico de las empresas del Estado, bien sea porque se van a empresas privadas o encuentran formas de trabajar para empresas extranjeras ganando en dólares.
  • Cientos de miles de jóvenes, profesionales y familias se van del país, incluyendo personal que se formó en universidades públicas y del Estado.
  • Una inexplicable tardanza en la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) para aprobar las leyes necesarias para intentar solucionar los problemas económicos, a las que se sumó que aparentemente apartaron a aquellas personas, como Isaías Rodríguez, que exigieron que la ANC tenía que abocarse a esto con urgencia.
  • Reaparición o intensificación de problemas superados en el pasado, como las personas que consumen alimentos de la basura o los llamados "niños de la calle".
  • Todo esto como parte de la lucha de 18 años que tiene la extrema derecha y los gobiernos extranjeros, por recuperar el control de un país que ocupa los primeros lugares del mundo como reserva de hidrocarburos, oro, hierro, coltán y muchos otros minerales, agua potable, tierras cultibvables y una posición geográfica envidiable.
El Ejecutivo ha tomado medidas importantes para paliar los graves problemas de escasez y dificultad de adquirir alimentos y medicinas, entre ellas los aumentos de sueldo frecuentes, las bonificaciones y subsidios directos a la población, la distribución de alimentos a través de los Clap o la de medicinas a través del sistema de salud y un número 0800. Nadie puede negar el interés del gobierno en solucionar los problemas, a pesar de los problemas puntuales que suelen presentarse en estos mecanismos, bien sea por su novedad o por los errores que puedan cometer las personas.

Sea como sea, las medidas son insuficientes y la gente poco a poco se agota por problemas económicos que, lejos de solucionarse, tienden a intensificarse cada año. El país tuvo que enfrentar cinco meses de protestas violentas este año, que dejaron unas 150 personas muertas. Y apenas terminan, tuvo que enfrentar la intensificación de esta guerra económica. Nada garantiza que no se repitan estos escenarios en el futuro; las esperanzas de que estos conflictos se solucionen pronto simplemente se desvanecen.

Llegan las elecciones de alcaldes


En medio de esta crisis, se anuncian las elecciones municipales tras la contundente victoria del Psuv en las elecciones de gobernadores del 15 de octubre de 2017. Los partidos chavistas que conforman la alianza conocida como el Gran Polo Patriótico tenían meses acumulando su molestia al ser ignorados por el Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv, partido chavista con más militantes) y convocados únicamente para apoyar los candidatos que este partido escogía unilateralmente. Sus cuadros y piezas eran ignorados y echados a un lado vez tras vez, justificándose en la necesidad de ser disciplinados ante el fuerte conflicto que se vive con la oposición, y en el hecho irrefutable de que el Psuv es el partido con más miembros en el país.

El conflicto finalmente explotó con estas elecciones luego de que el Psuv se hubiera atribuido una vez más el derecho de escoger el candidato único del chavismo para los 335 municipios. Los partidos pequeños del GPP se cansaron y lanzaron sus propios candidatos en muchos municipios, aprovechando que los partidos principales de la oposición (Primero Justicia, Acción Democrática y Voluntad Popular, entre otros) anunciaron que no participarían en las elecciones.

El Presidente Maduro emitió unas duras declaraciones en las que les exigía disciplina a los partidos pequeños y unificación de las candidaturas o sino se tomarían medidas estructurales contra ellos, lo que endureció el debate y causó conflictos entre fuerzas del chavismo en algunos municipios.

Angel Prado
Sin embargo, los candidatos alternativos del chavismo fueron recibidos con mucho entusiasmo en algunos lugares, como manifiesta el exministro de comunas Reinaldo Iturriza en un artículo reciente. En el municipio Simón Planas del estado Lara, las comunidades organizadas propusieron que Angel Prado, una persona que había sido elegida como constituyente por más de 13 mil votantes del municipio, regresara allí y se lanzara a alcalde  (consideraban que desde la ANC en Caracas no estaba haciendo nada por ellos), para continuar trabajando directamente con la comunidad. Prado también contó con el apoyo de partidos pequeños, como el PCV, PPT y Tupamaros, pero el más importante era el de los comuneros de Simón Planas, incluyendo la conocida comuna El Maizal.

La dirección nacional del Psuv, cuyo candidato a la Constituyente para ese municipio sólo sacó 3 mil votos, no estuvo de acuerdo con la candidatura de Angel Prado y la directiva de la Asamblea Constituyente finalmente no le dio la autorización al CNE para aceptar su candidatura. En mi opinión, un error lamentable.

El caso de Eduardo Samán


En el municipio Libertador de Caracas, el mayor de los 5 que conforman la ciudad capital, el Psuv escogió como candidata a una persona que ha sido ministra de comunas, ministra del Despacho de la Presidencia (en varias ocasiones), ministra de agricultura urbana, gobernadora de Cojedes y quien hace pocas semanas fue elegida como Constituyente. En los últimos 12 meses ha ejercido cuatro cargos distintos y aspira al quinto. Yo no tengo nada contra ella como persona y no dudo de su carácter revolucionario, pero caray... ¿no será que parte de nuestros graves problemas se deben a que no hemos tenido funcionarios que asuman un cargo y se concentren únicamente en él, por el tiempo que sea necesario? ¿Qué nos garantiza que en unos meses no dejará una vez más su puesto de alcalde, para dedicarse a otra cosa?

Eduardo Samán
Al mismo tiempo, también se lanzó Eduardo Samán, a quien conozco en persona y me consta su amplitud de ideas, su honestidad y sus ganas de trabajar. Ha sido uno de los pocos subalternos del comandante Hugo Chávez en cumplir instrucciones que él dejó, como el darle gran importancia a las tecnologías libres, un tema que él consideró vital como gran luchador antiimperialista y conocedor del tema de las patentes y el robo del conocimiento por parte de las corporaciones, que dominó muy bien como director del Sapi (Servicio Autónomo de Propiedad Intelectual).

Por razones que nadie ha querido explicar, Samán fue apartado del proceso bolivariano tras su salida del Ministerio de Comercio en 2010, y un breve regreso al Indepabis en 2013. Tras años de ser relegado dentro del Psuv, se convirtió este año en militante del partido Patria Para Todos (PPT, chavista) y recibió el apoyo de ese partido y del Partido Comunista de Venezuela (PCV, chavista), en el que también militó, para lanzarse a alcalde por el municipio Libertador, el más grande de los cinco municipios que conforman Caracas.

Respeto a los militantes del Psuv y las personas que piensan que hay que apoyar a la candidata escogida por dicho partido, pero algunos creemos que, por el bien del propio Presidente Nicolás Maduro y del proceso revolucionario, es necesario trascender del pequeño grupo de personas a quienes se escoge y rota continuamente para los cargos públicos, y permitir que otros camaradas revolucionarios, capacitados y honestos lo ayuden. 

Samán es una persona honesta y comprometida. La periodista Indira Carpio hizo un importante resumen de sus aportes para la revolución y de cuales son sus orígenes, que recomiendo a quien busque más información sobre él.

En el gobierno hay una preocupación legítima: el año que viene son las elecciones presidenciales, para las cuales ya se anunció que Nicolás Maduro será el candidato del chavismo, y se teme que aparezcan candidatos "alternativos" que puedan restarle votos y faciliten una victoria a la oposición. Se dice que Eduardo Samán forma parte de ese grupo de personas que simplemente buscan restar autoridad a Maduro y poner en peligro el proceso bolivariano, por lo que algunos han iniciado una dura campaña de desprestigio contra él. Incluso afirman falsamente que él piensa a lanzarse a candidato presidencial el año que viene.

Samán, sin embargo, ha ratificado que él es chavista, que él viene a trabajar con Nicolás Maduro y no viene a hacerle ninguna guerra. "Nosotros vamos a trabajar con el Presidente Maduro porque somos chavistas, somos maduristas; nosotros no vamos a llegar a ser oposición, ni vamos a llegar a derrocar a nadie, ni a hacer golpes de Estado", indicó Samán en una entrevista que le realicé hace unas semanas. "Nosotros vamos a llegar a rescatar nuestra ciudad y a repotenciar el chavismo, porque somos chavistas y revolucionarios; eso nadie nos lo puede quitar".

Incluso ha estado dispuesto a renunciar a su candidatura si la oposición llegara a tener alguna posibilidad de vencer. "¡Jamás vamos a poner en riesgo la revolución! Si la oposición llega a representar una amenaza, cualquiera de nosotros, si es revolucionario, está dispuesto a declinar a favor del otro para que no llegue la oposición".

Por supuesto, eso no significa que él no tenga diferencias con algunos ministros o dirigentes del chavismo, o que no proclame públicamente sus desacuerdos con determinadas decisiones, tal y como lo hace todo chavista en estos momentos en las calles, cuando expresa sus molestias con la inflación, la especulación, la escasez, la banca, el transporte público, el efectivo, el DolarToday, las medicinas o los cientos de problemas que estamos viviendo. El que alguien esté en desacuerdo con una decisión o con un funcionario no significa que esté en contra de la revolución, algo que nos cuesta entender cuando estamos acostumbrados a escuchar medios públicos que suprimen el debate entre revolucionarios y nos hacen creer que todos estamos de acuerdo en todo.

Es un hecho que, en las elecciones de este 10 de diciembre, el mapa electoral se va a tornar rojo en la mayoría de los municipios y va a haber una contundente victoria del chavismo en todo el país.

Pero pregunto a los trabajadores y periodistas de VTV, Telesur y otros medios públicos: Si Samán llegase a ganar en el municipio Libertador, ¿qué color piensan poner en el mapa del municipio? ¿Azul? ¿Verde? ¿Morado? 

Samán es el candidato del PCV y del PPT, dos partidos revolucionarios y miembros del Gran Polo Patriótico; los partidos que, además, traen más votos al chavismo inmediatamente después del Psuv. Samán se proclama chavista y quiere trabajar con Maduro. El mapa será indudablemente rojo, no importa si gana él o la candidata del Psuv.

Hay quien teme que la división del voto chavista traiga la victoria a la oposición. Hay que recordarles que los candidatos opositores en el municipio Libertador son Oscar Arnal por Copei, Maribel Castillo por Avanzada Progresista, Nicmer Evans por Nuvipa y Manuel Isidro Molina por UPP89 (pueden consultarlos en esta página del CNE). La mayoría de ellos son absolutamente desconocidos. Ni Primero Justicia, ni Voluntad Popular ni Acción Democrática lanzaron candidatos. La oposición prácticamente no ha hecho campaña y la mayoría de los militantes opositores tienen pensado abstenerse, en medio de sus contradicciones por haber convocado las guarimbas violentas de este año, pero luego llamar a participar en las elecciones de gobernadores en octubre. Por ende, es muy poco probable que un candidato opositor llegue a ganar en el municipio.

Todos sabemos que 2018 va a ser un año muy difícil. De mi parte, el Presidente Maduro tiene mi apoyo, pero sin duda son muchas las cosas que tiene que corregir en su gobierno para poder tener, a partir de 2018, seis años de recuperación y crecimiento económico. Creo que el ingreso de nuevas personas en su equipo, a pesar de lo difícil que pueda ser tras vivir casos como el de Citgo, es vital.


No sé si Samán vaya a ganar el 10 de diciembre, dado que él no cuenta con la maquinaria, las ventajas ni el acceso a los medios de comunicación con que cuenta la candidata del Psuv. Pero sí creo que va a tener un importante apoyo, que debe ser respetado y escuchado. Ni él ni quienes le apoyen deben ser tratados como traidores, divisionistas o desleales. Todos somos chavistas, pero a veces el maltrato y los ataques procedentes de algunos de los dirigentes del Psuv, lejos de ayudar a la Unidad, la resquebrajan y espantan a gente muy valiosa y necesaria.

Hay que entender e interpretar muy bien la opinión que manifestará el pueblo el próximo domingo. El voto por Samán debe entenderse no sólo como el apoyo del pueblo a una persona que siempre ha sido revolucionaria, eficiente, leal y trabajadora, sino como el mensaje del pueblo bolivariano al Presidente Maduro para que incluya y dé espacios a nuevos cuadros y personas valiosísimas en nuestra revolución. Hay que permitir nuevas formas de hacer las cosas, nuevas formas de trabajar, nuevas estéticas y lenguajes.

Es muy necesario para mantener este proceso, sobre todo en la crisis que vivimos.