25 de julio de 2015

Por qué KXStudio ahorra mucho trabajo al migrar una radio a software libre

KXStudio, unas de las mejores distribuciones de software libre para quienes trabajan con diseño gráfico, audio y video, ha mudado su sitio web a http://kxstudio.linuxaudio.org debido a fallas y problemas que han tenido con Sourceforge.net.

Para quienes no lo sepan, KXStudio es una excelente distribución, actualmente basada en Ubuntu 14.04, pero con muchos cambios y adaptaciones para poder trabajar mejor con las últimas versiones de aplicaciones gráficas, de audio y video bajo software libre.


En la radio Alba Ciudad, emisora del Ministerio de la Cultura en Venezuela, usamos KXStudio porque su creador, conocido por el alias de falkTX, le incorporó algunas aplicaciones y scripts hechos por él mismo para lidiar con el problema de los servidores de audio, que anteriormente causaba grandes dolores de cabeza a todo aquel que intentara lidiar con aplicaciones de audio en software libre.

Voy a tratar de explicar esto de una forma muy sencilla, sin caer en detalles técnicos.

Pulseaudio vs. Jack

En el mundo GNU/Linux, hay aplicaciones de audio para usuarios comunes y corrientes, es decir, aquellos que simplemente quieren escuchar música o ver una película. Son aplicaciones que usan un sistema de sonido muy conocido dentro de Linux, llamado "PulseAudio"; entre ellas, caen también los navegadores web, como Firefox o Chrome, que necesitan usar el sistema de audio para reproducir videos de Youtube, música y similares.


Pero en el mundo del software libre también hay aplicaciones de audio hiperespecializadas, para profesionales del mundo de la música, la radio, el audio y el video: aplicaciones para estudios de grabación como Ardour (muy parecida a ProTools), aplicaciones para composición musical, aplicaciones para transmisión de audio, aplicaciones para aplicar filtros, ecos, reverberaciones, ecualización, monitoreo y distorsiones en tiempo real, aplicaciones para automatizar emisoras de radio. Estas aplicaciones, además, pueden conectarse entre sí de tal forma que el audio pase primero por una aplicación, se modifique y pase por otra. El audio puede provenir de instrumentos musicales, de micrófonos profesionales, de una consola o de una grabación. Puede ingresar al computador a través de una interfaz de audio PCI, USB o FireWire, o tal vez usando una tarjeta de audio común y corriente. Y la salida puede ir a unas cornetas o audífonos, pero también a un servidor de streaming en Internet.

Requieres entonces un sistema que permita "patchear" o conectar las aplicaciones de audio unas con otras. Para esto, se usa el sistema de audio "Jack" y una serie de aplicaciones adicionales, que te permiten justamente realizar el complejo trabajo que puede hacerse en un estudio de grabación o en un ambiente de audio en vivo.


El problema es que, tradicionalmente, las aplicaciones Jack y Pulseaudio nunca han sido compatibles unas con otras. Si estás usando una aplicación Pulseaudio, como tu navegador web para ver un video en Youtube, no podías usar un software Jack como Ardour o Rivendell, al menos no si no recurrías a trucos como colocar dos tarjetas de sonido en tu computador (una para Pulseaudio y otra para Jack), o saber cómo desactivar un servidor de audio y activar el otro.

Como saben, trabajo en una emisora de radio del Estado venezolano, la primera  en Venezuela migrada totalmente a software libre (usamos Rivendell y Audacity desde 2010... haz click aquí para conocer nuestra experiencia), en la que trabajan principalmente periodistas y comunicadores sociales. El principal trabajo de mis compañeros es el de realizar entrevistas, crear micros y producciones radiales, para colocarlas al aire en la emisora a través del sistema Rivendell, un software libre para automatizar el trabajo en una emisora de radio.

Y ellos querían hacer cosas sencillas, como tomar 5 minutos de audio de un video de Youtube, usar ese audio en el editor Audacity, crear un micro o un programa radial y subirlo al sistema Rivendell para que pudiera ponerse al aire. Pero, como expliqué antes, las aplicaciones Pulseaudio no se llevan bien con las aplicaciones Jack, al menos no nativamente, lo que creaba un sinfín de problemas técnicos con lo que nadie quería lidiar: el navegador no me suena, el Rivendell no arranca, etc.

Por fortuna, falkTX creó KXStudio: una distribución hecha para que ambos sistemas de audio pueden funcionar juntos de forma transparente e incluso interactuar entre sí, sin que se convierta en un problema para la persona que está trabajando.

Esto nos ofrecía lo mejor de los dos mundos: un sistema de sonido simple como Pulseaudio para aquel que sólo quería reproducir música, pero uno muy complejo como Jack para quien necesite ir mucho más lejos. Es por eso que, en Alba Ciudad, usamos KXStudio en la mayoría de las máquinas de la oficina, y la recomendamos ampliamente a emisoras comunitarias, alternativas y a quienquiera que trabaje con audio y video.

Si bien KXStudio puede descargarse como ISO, también puede instalarse por encima de una distribución más conocida, como Debian, Ubuntu o sus derivadas, usando sus repositorios.

La comunidad de personas que trabajan con KXStudio hacen vida en el foro de discusiones de LinuxMusicians, que lamentablemente está en inglés pero donde se ofrece mucha ayuda y se puede buscar soporte técnico.

Es muchísimo lo que podría hacerse con las aplicaciones de audio que vienen en los sistemas operativos libres, bien sea KXStudio o cualquier otro (Canaima, Debian, Ubuntu, etc.). Y de hecho, es mucho lo que se está haciendo, considerando que en Venezuela no hay academias de formación de audio en software libre.
Encuentro de radios comunitarias y software libre en Bolivia.
Foto: Alex Llumiquinga

Configurando KXStudio

 Una vez instalas KXStudio, sólo tienes que iniciar una aplicación que viene con ella, desarrollada por falkTX, llamada "Cadence", que debería estar en el Menú, en la sección de Sonido y Video.


La primera vez que la uses, ejecutas estos pasos:
  • En la pestaña System, activa la opción "Auto-start JACK or LADISH at login"
  • En ALSA Audio, selecciona en "Bridge type" la opción "Alsa ->Pulseaudio -> Jack (plugin)".
  • En Pulseaudio, oprime Start (de no estar activado) y deja marcada la opción "Auto-start at login"
  • Luego, oprime el botón "Configure". Se abrirá otra ventana. En la pestaña "Driver", selecciona ALSA y coloca los datos de tu tarjeta de sonido en "Device/Interface". Generalmente debería funcionar con los parámetros señalados.
  • Oprime Aceptar. Al cerrarse la ventana, oprime "Force restart" en la primera, y cierra la ventana.
  • Cadence permanecerá en ejecución (quedará un ícono en la barra de aplicaciones) y se ejecutará automáticamente cada vez que inicies el sistema operativo, encargándose de que Pulseaudio y Jack se inicien y trabajen juntos.

Ya hecho esto, podrás usar aplicaciones Jack y Pulseaudio de forma transparente y nativa. Incluso podrás usar Audacity en modo Jack, para poder grabar la salida de otras aplicaciones Jack. Pero a través del Pulseaudio JACK Sink, también podrás grabar todo lo que suene a través de un navegador web.

Podrías, por ejemplo, conectarte a Youtube y grabar parte del audio de un video, o conectarte a un concierto que se transmita en vivo por streaming (como los Tomorrowland, los conciertos SonARA que transmite Alba Ciudad o los Suena Caracas) y grabar su audio. Sólo tienes que asegurarte de que el dispositivo de captura que elijas en Audacity sea el "Pulseaudio JACK Sink".

Y podrías hacer muchísimo más. En Venezuela no existe la carrera de ingeniería de audio (existen cursos, generalmente brindados por empresas que venden paquetes comerciales de software y que enseñan a sus estudiantes que hay que usar ese paquete, en vez de incentivarlos a investigar, tener la mente abierta, probar todo lo que haya y crear nuevas herramientas y técnicas), pero ojalá el día que exista, sea enfocada en el uso de herramientas libres y no de productos comerciales, tan imposibles de comprar legalmente hoy en día.

21 de julio de 2015

Extraer canciones de un CD original se convierte en algo ilegal en Reino Unido

 La acción de “ripear” un CD de música, que consiste en extraer sus canciones y convertirlas a MP3 u otros formatos para poder disfrutar de ellas en un teléfono celular, una tableta o un reproductor de música, se ha convertido en algo ilegal en Reino Unido aún si el disco es original y legítimo, ello tras un dictamen de la Corte Suprema de ese país, según informó el diario The Independent el pasado lunes.

 La decisión también afecta a quienes intenten “ripear” un DVD para extraer sus películas.

La sentencia había estado en vigencia en el pasado, pero fue anulada con el fin de que quienes hayan comprado un disco original no tengan que pagar otra vez para tener las canciones o películas como archivos digitales para su uso personal. Pero la Corte Suprema ha echado para atrás la anulación, lo que significa que quienes mantienen los derechos de explotación de las canciones y películas, tienen derecho a una gran compensación por la “extracción ilegal” de canciones a partir de los discos.

La industria musical alega que el extraer música de CDs y películas de DVDs les cuesta unas 58 millones de libras esterinas (unos 90 millones de dólares), dinero que deberían recibir en compensación. Pero en la práctica, es difícil hacer cumplir esta sentencia, la cual pareciera ser principalmente simbólica, alega The Independent.

La sentencia afecta a quienes compraron legítimamente un disco, y desean extraer su música y películas de ellos con el fin de colocarla en aparatos portátiles, tales como tabletas, teléfonos inteligentes o reproductores de música. Pero también afecta a cualquiera que tome la música o las películas para su estudio ―tales como profesores que usan los videos en clases, o investigadores que analicen las películas― quienes ahora tendrán que pagar un monto adicional.

El gobierno británico permitía en el pasado que las personas extraigan música y películas para su uso personal. Pero los representantes de la industria musical, incluyendo Basca (la Academia Británica de Autores, Compositores y Escritores de Canciones, por sus siglas en inglés), la Musicians’ Union (Sindicato de Músicos) y UK Music (quienes se autodefinen como “un grupo que realiza campañas y lobbys, representando a cada parte de la industria musical en vivo y grabada”) introdujeron una apelación en la Corte Suprema, que la declaró procedente.

 Aunque anteriormente también era ilegal extraer música, las demandas y casos judiciales eran muy raros en Gran Bretaña, y la industria en dicho país usualmente ignoraba a quienes “ripeaban” música para uso personal y privado, señala The Independent.

14 de julio de 2015

Neptuno y Plutón: Unas cosas han cambiado, otras no

Hoy, una sonda de la NASA llegó al último de los nueve planetas clásicos, que aún no había sido visitado por artefactos humanos: Plutón. Hace casi 26 años, otra sonda de la NASA (el Voyager 2) llegaba por primera vez a Neptuno, el octavo planeta del Sistema Solar. Fue una de las poquísimas noticias buenas que hubo en ese terrible año, 1989, en el que el gobierno de Carlos Andrés Pérez convirtió en un desastre la vida de los venezolanos.

Aquella vez, las imágenes llegaron a la Tierra el mismo 25 de agosto, pero ninguno de los nerds venezolanos ansiosos de conocer a Neptuno pudimos verlo ese mismo día, excepto en un fugaz reporte de los noticieros de entonces. Los periódicos del país publicaron las fotos al día siguiente, pero eran casi todos en blanco y negro. Era la época antes de las redes sociales, las computadoras, los teléfonos inteligentes o Internet. Para llamar por teléfono, tenías que levantar el auricular y esperar varios minutos solamente para tener tono de marcado; nuestros gobernantes estaban creando las condiciones para justificar la privatización de la empresa telefónica Cantv, que ocurrió en 1991. No pudimos apreciar el hermoso color azul del octavo planeta sino hasta varias semanas después, cuando una revista (creo que Mecánica Popular, que usaba papel glasé) publicó las hermosas imágenes.


Y luego, el año siguiente, el famoso Almanaque Mundial también las tenía en sus páginas centrales, que eran dedicadas a astronomía. Guardé las revistas y los recortes por muchos años, hasta que los BBS e Internet hicieron innecesario guardar tantos papeles.

Hoy, cualquier niño de escuela puede encontrar las imágenes de Neptuno con una sencilla búsqueda en Internet, y cientos de millones de personas estamos viendo las imágenes de Plutón apenas minutos después de recibirlas de New Horizons.


Nos reímos, hacemos memes, nos burlamos de la forma de corazón que tiene una de sus manchas, o comparamos al planeta con la Estrella de la Muerte de Star Wars.

¡Cómo han cambiado algunas cosas en apenas 25 años! Mientras tanto, en Grecia el mismo Fondo Monetario Internacional que impuso una fórmula neoliberal en Venezuela aquel 1989, obligará en los próximos meses a privatizar numerosas empresas públicas helénicas, como parte de su "plan de rescate".

En nuestro planeta, algunas cosas han cambiado. Pero ciertas cosas siguen igualitas.

12 de julio de 2015

No permitamos que Venezuela sufra un pantallazo azul


En este artículo se intenta abordar una discusión un tanto difícil: el que muchos camaradas informáticos, jóvenes, partidarios del software libre, con un perfil de izquierda, en algún momento partidarios del proceso bolivariano y técnicos necesarios para que el Estado pueda desarrollar las aplicaciones requeridas para aumentar la transparencia, la eficiencia, la lucha contra la pobreza y se pueda eliminar la corrupción, de pronto han asumido una actitud apática con el gobierno bolivariano, ya no desean trabajar para él o incluso se han alejado del mismo.

Y es un hecho que muchos camaradas informáticos de la comunidad de software libre, que aplaudieron con gran alegría hace 11 años el Decreto Presidencial 3.390 firmado por el Presidente Hugo Chávez para ordenar la migración a software libre, poco a poco se fueron decepcionando. Algunos dejaron de apoyar abiertamente al gobierno, otros incluso se marcharon del país para hacer vida en otros lugares.

Hay muchas razones, y sin duda que cada caso es distinto. No voy a negar que en muchos casos hubo desclasamiento, aburguesamiento, desvinculación con los problemas del país o rechazo a los sectores populares. Pero también hay otras razones que todas y todos tenemos que entender.

Y creo que es necesario dedicar unos párrafos a explicar la forma de pensar de estos chamos y chamas quienes decidieron estudiar Informática, Computación o Sistemas.

Cómo funciona la mente de un informático 

A los informáticos y en particular a los programadores (los profesionales que crean los programas de computadoras que sostienen a la banca, la industria petrolera, los ministerios, las telecomunicaciones, etc.) nos gustan las reglas. Necesitamos reglas estrictas, bien establecidas, documentadas y probadas para lograr que los sistemas funcionen. Y necesitamos que las reglas funcionen y se cumplan estrictamente.

Un programa no es más que un conjunto de pasos necesarios para cumplir una tarea. Estos pasos deben cumplir un gran numero de reglas, para ser entendidos y ejecutados por un computador. Cualquier computadora moderna (incluyendo tu laptop, tableta, teléfono inteligente, los servidores del Banco de Venezuela o los de Google) están basados en la arquitectura de Von Neumann, y deben cumplir estrictamente un gran conjunto de reglas para que las aplicaciones modernas, que constan de millones de líneas de código, funcionen bien.

Las computadoras actuales no son como el HAL 9000 de Odisea del Espacio, o como Vikky, el computador de “Yo Robot”, que arbitrariamente deciden dejar de cumplir las reglas que los programadores humanos les implantaron. Si una computadora decidiera dejar de cumplir las reglas implantadas, no podríamos confiarles la banca, los cajeros automáticos, el pago de nóminas, los semáforos, las telecomunicaciones, los canales de televisión, el control de procesos en Pdvsa, Corpoelec o Hidroven, o tantas otras aplicaciones críticas.

La formación que tuvimos los informáticos, básicamente nos obligaba a pasar horas y horas desarrollando software a lo largo de nuestra carrera. Y el software que desarrollamos allá en la universidad casi nunca funciona a la primera. Cuando le entregas a la computadora tus líneas de código fuente por primera vez para que éstas se transformen en una aplicación, casi siempre la computadora te dirá que el programa tiene decenas, cientos o hasta miles de errores por reglas no cumplidas.

Los estudiantes de informática tuvimos (y tenemos) que pasar aún más horas haciendo “depuración”: descubrir qué reglas hemos roto, y corregir el software. Casi siempre los errores son humanos: no cumplimos alguna regla, y por eso el programa no funciona. O, en muchos casos, el error está en alguna de las aplicaciones con las que tenemos que interactuar: bibliotecas de funciones hechas por terceras personas, drivers, compiladores, interpretadores. Y tenemos que aprender a corregir las reglas que nosotros mismos hemos roto. Aprendemos a hacer un máximo esfuerzo por cumplir las reglas. A pesar de nuestros esfuerzos nos equivocamos mucho, lo que hace que seamos humildes. Pero sabemos que podemos corregirnos.

Entenderán, entonces, que para una persona con esa formación no es fácil vivir en la Venezuela actual, donde estamos dejando de cumplir las reglas, leyes y normas que nosotros mismos hemos escrito.

Tenemos una Constitución muy avanzada. Tenemos innumerables leyes y reglamentos, y todos los años creamos más. Pero pareciera que muchas de estas leyes pasan a ser letra muerta. Los motorizados y conductores incumplen las leyes de tránsito frente a los policías que deberían controlarlos. Los bachaqueros venden productos de la cesta básica en todas las salidas del Metro aún cuando eso está prohibido. Los locales comerciales de todo tipo venden productos a precios que equivalen a decenas de salarios mensuales de un trabajador. Y se burlan de nosotros mismos poniéndole una etiqueta de ”Precio Justo”. Los compradores callejeros de oro y dólares son ilegales, pero ejercen su oficio en toda la puerta del Palacio Federal Legislativo, sede de la Asamblea Nacional. Los malandros que roban cadenas van adonde ellos y les venden la mercancía, todo esto a 50 metros del recinto donde se hacen las leyes del país.

Total, que uno percibe que las personas que rompen e incumplen las reglas son las que les va mejor: los raspacupos y bachaqueros ganan impresionantes cantidades de dinero que les permiten viajar, comprarse aparatos y darse lujos a costa de romper todas las reglas que el gobierno intenta poner para limitar sus actividades. Quienes cumplimos las reglas terminamos ganando apenas algo más sobre el sueldo mínimo, vivimos arrimaos con nuestros padres, sin capacidad económica ni para comprarnos un par de zapatos, o un celular básico. Quienes rompen las reglas ganan cientos de miles de bolívares, viajan a todos lados, compran carros, apartamentos y electrodomésticos a través de gestores a quienes recompensan bien por sus servicios, y casi siempre les va muy bien, a pesar de que no son otra cosa sino sanguijuelas que viven de robarle al Estado.

Pocas veces los que rompen las reglas terminan sancionados, y es más: a veces el gobierno hace operativos para tratar de “atraerlos” y “hacer que se porten bien”, poniendo de lado a quienes siempre han cumplido las reglas. No debe ser fácil para una madre de barrio, que ha perdido hijos y familiares en las guerras entre pandillas, ver que el gobierno se acerca a éstas, a veces acompañados por artistas y celebridades, para ver si entregan las armas y se “portan bien”, en vez de aplicarles la ley como se debe. Una actitud que, lejos de favorecernos, nos cuesta votos porque, en todo caso, el gobierno debería acercarse a las víctimas de la inseguridad, no a sus transgresores.

Esto sin dejar de mencionar medidas que el gobierno ha tomado muchas veces, castigando a culpables e inocentes por igual cuando no ha sabido resolver determinados problemas. Por ejemplo: miles de personas usan sus cupos de viajero y electrónico para cometer irregularidades, pero la medida que se toma para resolver el problema es castigar a todo el mundo, inocentes y culpables por igual, recortando los cupos y poniendo más pasos burocráticos. Medida que, en gran medida, desfavoreció a prácticamente todo aquel que practica una profesión que requiere comprar equipos, aparatos, instrumentos o materias primas disponibles únicamente en el extranjero.

Esto estimula obviamente que más y más personas rompan las reglas. Recientemente algunas figuras del chavismo mediático criticaron con fuerza a Luis Vicente León por decir que cada vez más gente estaba optando por elbachaquerismo como nuevo “oficio”, dadas las impresionantes ganancias que se obtenían. Al margen de las profundas diferencias ideológicas que uno pueda tener con ese señor, ¿no es cierto lo que dijo? Ser bachaquero no requiere tener que estudiar 5 años en una universidad. No tienes que dar cuentas a jefes. No tienes mayores responsabilidades. Ni siquiera tienes que cumplir horario todo el tiempo, o presentarte todos los días a trabajar. Tienes ganancias muy superiores a las que puede tener un agricultor, un técnico, un trabajador de una fábrica o cualquier personas que haga parte de las fuerzas productivas del país. Y lo mejor: Sabes que estás violando innumerables leyes, pero ¡nadie te sanciona!

La Venezuela de la Pantalla Azul

En un computador, si una aplicación rompe las reglas, el sistema operativo la penaliza y hace que deje de funcionar. Una medida hecha para obligar a los humanos a revisar la aplicación y tomar los correctivos necesarios.

Si una aplicación que rompe las reglas no es penalizada, si la obligas a seguir funcionando con los errores que tiene, podría causar un caos enorme: un cajero automático que entregue menos dinero del solicitado, un semáforo que prenda las luces verdes en todas las direcciones, la válvula automatizada de un oleoducto que se abra más allá de su capacidad, una aplicación de nómina que deposite salarios incorrectos a los trabajadores, etc.

Peor aún: Si una aplicación que rompe las reglas continúa funcionando, podría causar el colapso completo del computador y de todas las otras aplicaciones. 

¿Recuerdan Windows 3.1 y Windows 95? Por razones técnicas en las que no profundizaremos, una aplicación que "se portaba mal" podía dañarse no sólo a sí misma, sino sobreescribir los espacios de memoria de otras aplicaciones, dañándolas también. Esto causaba en versiones antiguas de Windows los famosos "errores de pantalla azul". Como no había forma de evitar, en ese momento, que rompieran dichas reglas, las consecuencias eran catastróficas: el computador completo se guindaba.  Por una sola aplicación que “se portaba mal” y no era sancionada, todo el trabajo que estabas haciendo en las demás aplicaciones se perdía, y tenías que reiniciar tu equipo. 

Así siento a esta gran computadora llamada Venezuela en estos momentos: tenemos muchas aplicaciones problemáticas, que van dañando a las demás y amenazan al país completo de sufrir un peligroso error de pantalla azul. 

Hoy en día, sistemas operativos basados en Linux, MacOS o las versiones más nuevas de Windows actúan como una especie de superpolicía insobornable y no matraquero, que captura a una aplicación problemática en el momento en el que intenta invadir espacios de memoria de otras aplicaciones, y la extermina sin que dañe a las demás.

En nuestro país, la falta de sanciones ante la ruptura de reglas ha causado gravísimos problemas de inseguridad y delincuencia; corrupción en las empresas privadas y públicas; proliferación del bachaquerismo y el raspacupismo como nuevos oficios; escasez, especulación, largas colas y el desánimo de la población que continúa en los puestos productivos, pero piensa en abandonarlos. Necesitamos que el Estado revolucionario asuma su papel. Que funcione como lo hace Linux: sancionando a quienes no cumplen las reglas, antes de que contaminen a los demás.

Por otro lado: Por favor, entiendan un poco a los chamos informáticos y del software libre que están decepcionados con este proceso. Algunos ingresaron a un ministerio, emocionados para trabajar en un proyecto que les gustaba, con gente honesta y trabajadora. Y al principio les iba bien. Pero de pronto cambiaban al ministro, a su jefe y compañeros de trabajo, y de pronto entraba otro tipo de personas. Ordenaban destruir trabajos y proyectos anteriores, que costaron miles de horas de trabajo, esfuerzo, investigación y pruebas. Muchas veces, su trabajo era sustituido por aplicaciones propietarias, a veces mucho más ineficientes y que no estaban adaptadas para la realidad del país ni de nuestras leyes. Esto, en abierta desobediencia y desacato al Decreto 3.390 firmado por el Presidente Chávez, o a la Ley de Infogobierno aprobada durante el gobierno de Nicolás Maduro.

Y pronto conocías que la aplicación se compró porque el vendedor le ofreció jugosas comisiones al Director de Compras o de Informática. O, peor aún: se te acerca tu jefe y te ordena alterar bases de datos y borrar registros, para encubrir actos de corrupción. Y no te queda otra... no puedes renunciar porque tienes una familia que mantener, no puedes denunciarlos porque tu vida podría correr riesgo. No te queda otra sino hacerlo.

Y coño, los informáticos son informáticos... no políticos. Las y los chamos se decepcionan, luego viene una transnacional que les ofrece (aquí o en el exterior) un sueldo mucho mejor, y se van. Y perdemos gente valiosísima desde el punto de vista técnico y de investigación, con un gran conocimiento de cómo funciona el Estado y sus sistemas. Pero vamos llenando el Estado de corruptos que sólo saben comprar cosas carísimas para que les paguen comisión.

Con esto, no estoy generalizando ni diciendo que chavismo es sinónimo de corrupción. Creo que la mayoría de los líderes chavistas son honestos y trabajadores, pero muchos no lo son. Incluso a algún líder honesto se le puede colear algún funcionario en su grupo de confianza que sea corrupto. Y tienen que salir de ellos, ¡ya basta de hacernos los locos, de decir que esto no es nuestro problema y mirar para otro lado!
Por otro lado, tenemos una Ley de Infogobierno que las comunidades de software libre de otros países envidiarían, pero que casi todos los ministerios venezolanos evaden. Y lo peor es que la gente se siente revolucionaria y subversiva evadiéndola; van e instalan un Photoshop crackeado y se sienten como el Che Guevara. Y se justifican diciendo: "sí, yo sé que es malo e ilegal usarlo en el Estado, pero total, esto es un quemaíto, yo no le estoy dando plata a las transnacionales”. No entienden el meollo del problema.

Uruguay y Tabare Vázquez

Peor aún: tenemos miedo de que empiecen a repetirse errores del pasado. En un mensaje reciente escrito por un amigo en Facebook, se daba a conocer la reciente captura de una banda en España que había logrado que 20 mil personas “rasparan” su cupo de dólares. Allí se formó un debate interesante con varios camaradas, que resaltaban lo bueno de esta captura, pero también señalaban que estos 20 mil raspacupos lograron robarle al país, a lo sumo, unos 60 millones de dólares (20 mil personas x 3 mil dólares). Una cantidad que al principio nos parece enorme, pero que palidece comparada con otros escándalos que quienes vivimos en el mundo del software libre hemos conocido de cerca.

Por ejemplo, el convenio que Venezuela firmó con Uruguay en 2007, también por unos 60 millones de dólares, en los que una empresa del hijo de Tabaré Vázquez se comprometía a vender a Venezuela un software privativo llamado Genexus, del cual se anunció inicialmente que serviría para generar todo el software libre que necesitaba el Estado. Esto era tan tan bochornoso e ilógico, como pedirle a Monsanto que ponga a producir AgroPatria, pedirle a McDonald's que genere las políticas del Instituto Nacional de Nutrición, colocar a Coca Cola a distribuir agua potable o designar a Lorenzo Mendoza en el Ministerio de Alimentación. Al final, todo ese esfuerzo y dinero se perdió. No hubo presos, no hubo destituciones, ni siquiera inhabilitaciones administrativas. En todo caso, el castigo fue para los que denunciaron el asunto por Aporrea y otros lugares, que son tachados de ultrosos y conflictivos hasta el día de hoy.

Con bastante bochorno, nos enteramos que hace unos días nuevos actores del gobierno venezolano volvió a firmar convenios tecnológicos con este nuevo gobierno de Tabaré Vázquez, aunque los términos no se han dado a conocer. Exhortamos al camarada y ministro Rodolfo Marco Torres a recordar que en Venezuela existe una Ley de Infogobierno que exige el uso de software libre en toda la plataforma tecnológica del Estado venezolano, y que cualquier convenio que se firme con la República Oriental de Uruguay tiene que tener esto en cuenta.

Así como ese, durante estos años nos hemos enterado de otros casos, como las cédulas electrónicas o los famosos 25 mil millones de dólares que se llevaron las empresas de maletín. O los gastos en aplicaciones propietarias excesivamente costosas, como Oracle, SAP y similares, que son en estos momentos las columnas vertebrales de importantes instituciones como Pdvsa, Corpoelec o el Saime.

Cumplir las reglas y sancionar a quien no lo haga

En fin: Necesitamos acabar con esta impunidad. Necesitamos transparencia, necesitamos facilitar las denuncias, necesitamos actuaciones contundentes del Ministerio Público, la Contraloría, los cuerpos de inteligencia y los tribunales. Necesitamos que se haga entender a los bachaqueros que tienen que cumplir las reglas y buscar empleos formales y productivos, y a los empresarios, dueños de tiendas y de cadenas, que el romper las reglas tendrá severísimas consecuencias. Lo mismo tiene que hacerse en los ministerios.

Es cierto que parte de los problemas que vivimos son causados por factores externos con los que el gobierno bolivariano tiene que lidiar: Por un lado, la caída de los precios del petróleo es un factor que nadie hubiera podido prever. Además, la muerte del Comandante Chávez envalentonó a la derecha venezolana e internacional, que dice que “ahora o nunca” es el momento de restearse para acabar con el chavismo. Nadie puede negar el protagonismo de estos grupos en los sabotajes económicos, contrabando, especulación, en la propia corrupción dentro del Estado y otros problemas.

Pero también hay que entender que, si se hubiera enfrentado estos problemas con severidad, castigando a los que incumplen las leyes y robusteciéndolas de ser necesario, muchos de estos neogolpistas y corruptos se hubieran replegado y no estarían jugando a sabotear la economía venezolana, a contrabandear productos alimenticios o a sonreírle a Maduro en Miraflores para ver si le afloja unos dolaritos, para luego revenderlos en el mercado negro.

Sí, sé lo que muchos deben estar pensando: que somos tecnócratas que vivimos encapsulados en nuestro propio mundo, en una oficina llena de servidores, que no entendemos los problemas de Venezuela, que hay personas en sectores populares con necesidades gravísimas. Lo sé. Y es tal vez esa la razón por la que muchos continuamos apoyando a este gobierno: porque sabemos que otras personas, para nada vinculadas con las decisiones económicas, están echándole pichón en los barrios, en las aldeas, en sitios remotos ayudando a las personas en extrema pobreza, produciendo y dando el ejemplo. Seguimos con este gobierno, con este proceso revolucionario por ellos, gracias a ellos y trabajando con ellos. Porque si fuera por quienes han tomado las decisiones económicas, científicas, tecnológicas o por quienes deberían velar por el cumplimiento de las leyes, de seguro que no estaríamos aquí.  Simplemente no estaríamos en ningún lado.

Al final, una de las razones por las que uno sigue apoyando al proceso es porque uno sabe que la derecha hará las cosas aún peor, y estamos viendo las evidencias "en vivo y directo" en países como España o Grecia. Y coño, es terrible, es agotador, es a veces hasta frustrante estar peleando con todo el mundo: pelear con los caprilistas, con los leopoldistas y los guarimberos que quieren hundir el país aún más, desconociendo los logros en la lucha contra la pobreza que han habido en 15 años de gobierno bolivariano. Pero pelear en este lado con los choros con corbata que existen en los entes públicos y quieren comprar SAP y Oracle porque les ofrecen grandes comisiones. Pelear con los bachaqueros. Pelear con los dueños de los abastos y supermercados. Pelear con el Sundde, que pareciera que no hace nada. Pelear con los camaradas que están deprimidos o molestos, y quieren abandonarnos e irse. Pelear con Marea Socialista y otros camaradas de izquierda, que parecieran no entender el momento histórico. Pelear con VTV porque el canal se ha convertido en una repetidera de consignas que no permite el debate ni el surgimiento de nuevas ideas, y que a veces hasta se convierte en un showcase de productos de las transnacionales contra quienes luchamos. Pelear con el sistema de medios públicos, que olímpicamente ignoró la muerte del amigo y camarada José Luis Rey. Pelear con los camaradas que creen que hacer revolución es repetir consignas y gritarlas durísimo. Que creen que denunciar los problemas es deslealtad. Que creen que las personas que tienen que estar en los puestos claves son las que dicen “¡Sí señor, como usted ordene!” y no las que dicen “Camarada, creo que eso no funcionará, aquí le explico por qué y le presento una alternativa”.

Esas cosas están muy alejadas del debate sobre si el sistema económico debe ser el capitalismo o el socialismo. Porque, hasta donde sé, la Unión Soviética funcionó muy bien en lo productivo. Allá se acataban las reglas, se sancionaba fuertemente su violación y el delincuente era tratado con severidad. El "socialismo real" tenía muchos defectos y problemas que no queremos copiar, pero ese tipo de cosas sí deberíamos imitarlas.

Todos estamos dispuestos a seguir trabajando duramente en pro del proceso revolucionario, con el fin de acabar con la pobreza y la desigualdad, que no es un sueño sólo de Hugo Chávez o de Nicolás Maduro, sino de todos y cada uno de nosotros. Pero necesitamos un cambio radical en el gobierno bolivariano para lograrlo. Son cambios que no dependen de nosotros, sino de ustedes. Esperamos que den el paso adelante.

16 de junio de 2015

Nos quitaron también la crema dental... y sólo se necesitaba un tuit para evitarlo


El pasado viernes, una serie de fuertes rumores a través de redes de mensajería instantánea y otros medios, aseguraban que las toallas sanitarias y otros productos, entre ellos la pasta de dientes o crema dental, serían eliminados de la lista de productos regulados y que “la semana que viene" vendrían a precios estrambóticos. Por ejemplo, que las toallitas sanitarias tradicionales, que costaban menos de Bs. 60, pasarían a costar Bs. 1.300, los champús a Bs. 900 y la pasta de dientes a Bs. 490. La lentitud en desmentir estos rumores causó un fuerte caos en numerosos establecimientos, y miles de personas a lo largo del país se apilaban para adquirir productos tan fundamentales e importantes.

Es difícil comprender y aceptar que estamos en una guerra. No hay bombas ni cañones, afortunadamente. Pero esto es una guerra no declarada, impulsada por los sectores económicos y empresariales, con los mismos efectos y consecuencias que existen cuando una nación hace un bloqueo naval a otra con la esperanza de que el caos económico la obligue a doblegarse. Los oligopolios están confiados en que, si ponen todo su empeño, acabarán “de una vez por todas” con esta revolución, ahora que su principal líder ha fallecido y que su sucesor ―aseguran ellos― no podrá soportar sus arremetidas por mucho tiempo.

Uno de los frentes de esta guerra son los productos regulados y de primera necesidad. En este frente, lo que buscan las oligarquías es que una cantidad mayor de productos sean cada vez más difíciles de conseguir, o que no quede otra sino pagarlos muy por encima de la regulación, mermando nuestro poder adquisitivo y nuestra calidad de vida. Y mientras provocan el caos, al mismo tiempo usan sus aparatos mediáticos para culpabilizar al gobierno y su modelo económico, tratando de hacer que nos demos por vencidos y le quitemos nuestro apoyo.

El gobierno hace de todo para responder, pero lamentablemente esta guerra hace uso de las nuevas tecnologías y de nuestra psiquis, y no es suficiente con tener buenas intenciones. Este fin de semana, bastó conque un grupo pequeño de personas iniciaran una serie de rumores a través de Whatsapp, Twitter y BBpin, e incluso difundieran audios en el que actrices aseguraban que “en el nuevo listado de precios, tales productos iban a salir de la regulación".

De esa forma, un producto que estos dos años había sido TAN ABUNDANTE que hasta se usaba como relleno en las vitrinas, de pronto desapareció por completo. Me refiero, por supuesto, a la pasta de dientes.

La derecha busca aumentar cada día la lista de productos regulados que son difíciles de conseguir. Es como si dijeran: “esta semana nos toca desaparecer el desodorante”. Se ponen a emitir rumores, y nosotros a veces parecemos idiotas: no puede llegar la vecina a decirnos “se va a desaparecer TalCosa” porque inmediatamente salimos histéricos a comprar 50 cajas de TalCosa, y le avisamos a toda nuestra familia y amigos para que hagan lo mismo.

Total que  nosotros mismos desaparecemos el producto. La semana siguiente la derecha repite la misma estrategia: “esta semana desaparecemos el jabón”. Emiten rumores, nos dejamos manipular y nosotros mismos desaparecemos el jabón. Luego siguen con el champú, los pañales, el pollo y así sucesivamente.

Bueno. Esta semana le tocó a la pasta dental. Nos la quitaron. Hicieron que nosotros mismos la desapareciéramos. Ahora, cada vez que llegue la pasta dental a un abasto, inmediatamente se formarán colas gigantes de gente desesperada innecesariamente, que en media hora se llevarán todo el producto que antiguamente duraba un mes. Pero que, en menos de 15 minutos, estará en las mesitas de todos los buhoneros costando 10 veces mas.

¿Por qué pasó esto? Yo sí estoy convencido de que esto forma parte de una estrategia de guerra por parte de ciertos empresarios y sus cómplices. Pero también pasa por nuestra propia torpeza en el área comunicacional.

Cada vez que comienza un rumor, quienes trabajan en medios de comunicación recibimos mensajes de la gente preguntándonos si tal rumor es cierto o no. Y aún cuando uno no tiene acceso directo a ministros, uno trata de responder basándose en  su propia experiencia. Por ejemplo: en estos dos años el gobierno no ha sacado productos de la lista de regulaciones, así que, basándome en eso, puedo decir con un 99% de seguridad que ese rumor es falso.

El problema es que quien debe decir estas cosas es una fuente confiable: alguno de nuestros 35 ministros, 600 viceministros, seis vicepresidentes o el Presidente mismo. No es lo mismo que el tuitero @Lubrio o el periodista Fulano de Tal diga “eso es un rumor”, a que lo diga el Presidente del Sundde, el Ministro del Poder Popular para la Agricultura o el Vicepresidente de Alimentación. Deberían ser ellos quienes, rápidamente, salgan al paso a los rumores.

Y hoy en día no hace falta mover a cientos de periodistas y camarógrafos y pasar varias horas organizando y realizando una rueda de prensa. Ni siquiera hace falta llamar a VTV o enfrentarse a la latosa burocracia del Minci. CON UN TUIT, el ministro o vicepresidente del área puede desmentir un rumor en cuestión de segundos. SÍ SEÑORES, CON UN TUIT. Eso es todo lo que necesita VTV, Telesur, Vive, el Correo del Orinoco, AVN, CiudadCCS, Vea, Cuatro-F, RNV, Aporrea, Alba Ciudad, HoyVenezuela, las emisoras comunitarias y la Tropa, así como muchos otros medios para redifundir la información.
Usaremos todo nuestro esfuerzo y energía en dar a conocer los desmentidos y acabar con los rumores. Pero necesitamos aunque sea un tuit del ministro del área, diciendo:

  • “No hay absolutamente ningún plan de sacar la pasta dental ni ningún otro producto de la lista de bienes regulados”
  • “Las toallitas sanitarias SON y SEGUIRÁN SIENDO un producto regulado. Su precio es y sigue siendo XX. No crean falsos rumores!”
Hubiéramos recibido mensajes como esos desde el mismo viernes, y muy seguramente la situación con las pastas dentales y las toallas sanitarias hubiera sido distinta.
 
Por supuesto: si el ministro emite un comunicado, es mejor aún. Si da una rueda de prensa respondiendo todas las preguntas, ¡muchísimo mejor! Pero es que ni siquiera recibimos un tuit... ¡tuvieron que pasar tres días antes de que una ministra que no era del área económica, negara que las toallas sanitarias fueran a aumentar de precio!

Pero más allá de tumbar rumores, hay que pasar a la ofensiva. No sé nada de estrategia militar, pero sí creo que el gobierno debería iniciar un plan para RECUPERAR los productos regulados y volver a la normalidad: que podamos ir a una abasto o farmacia a cualquier hora del día y conseguir el producto regulado sin nervios, sin hacer gigantescas colas, sin empujones, sin que mi vecina me acuse de estarme coleando, sin arrecharse porque se acabó el producto luego de haber hecho dos horas de cola, sin que nuestros adultos mayores tengan que estar medio día de pie bajo el sol, sin la decepción de que acaba de llegar tal producto pero hoy no es mi número de cédula.

¿Cómo recuperamos los productos? No sé si esta sea la forma más apropiada, pero es lo que se me ocurre: Hagámoslo uno por uno. Dediquemos todas nuestras fuerzas a saturar el mercado con un producto determinado, importándolo o produciéndolo masivamente. Activemos a TODOS los entes del Estado y concentrémoslos durante varios días en “recuperar” determinado producto regulado, y que su situación vuelva a la normalidad. Y luego, seguimos con otro. Y luego con otro. Y otro. Y otro.

Por ejemplo: la semana del 1 de julio vamos a recuperar el papel tualé. Así que importaremos 100 veces más papel de lo normal, hagamos pacto con los empresarios patriotas para que produzcan las 24 horas del día, suministrándoles todo el personal y materia prima que necesiten. Hagamos megaoperativos de distribución.

¡Pongamos tanto papel tualé a la venta, que quien quiera comprarse 500 paquetes y construir un iglú con rollos de papel tualé pueda hacerlo! Que la oferta supere a la demanda en una proporción 100 a 1, tanto así que los bachaqueros no compren papel tualé porque simplemente nadie se los va a comprar.

Una vez recuperado el papel tualé, se sigue la semana siguiente con otro producto. Y luego otro. Y si alguno recae, entonces vamos de nuevo y repetimos el proceso. Y seguimos así hasta recuperar la normalidad en todos los productos regulados.

Por supuesto, todo esto debe ir acompañado de contundentes sanciones, fuertes multas, medidas de cierre, expropiación y similares a las empresas que dirigen la guerra económica.

A lo mejor estoy totalmente equivocado en la propuesta o en las formas. Y sin duda es algo que no es ecologista ni socialista.  Pero sí creo que tenemos que hacer algo para pasar a la ofensiva. De no hacerlo, no superaremos esta guerra económica. ¡Tenemos que hacer algo ya!

8 de mayo de 2015

Chino, Nacho y la niña con cáncer


Mayo de 2015. Chino y Nacho, junto al reguetonero Farruko, estrenan el video de su canción "Me voy enamorando". En un claro intento de ganarse nuevamente al público venezolano que meses antes rechazó su presencia en el Suena Caracas 2014, los cantantes graban en la capital venezolana por primera vez en varios años y utilizan símbolos netamente venezolanos para representar la historia de dos adolescentes que se enamoran.
Pero sus productores van más allá: utilizan símbolos y recuerdos que, para los chavistas, son sagrados. La muchacha, con su cabeza rapada por padecer cáncer (en contraste con el cabello rizado de su enamorado), hace recordar a todo venezolano la vez aquella en que una niña de nombre Génesis, quien padecía cáncer terminal, asistió con su mamá a un evento en noviembre de 2006 con el Presidente Hugo Chávez, quien le dio un inmenso abrazo. Y ella le regaló una bandera.

Cinco años más tarde, la niña había fallecido. Y era Chávez quien ahora estaba convaleciente de cáncer y con la cabeza rapada. Dio un discurso abrazando ese tricolor, recordando con lágrimas en los ojos cómo la niña le dijo: "yo sé que me voy, pero me quedo contigo en esta bandera, para que sigas dándole vida a los niños de esta Patria". Y dio a conocer todo lo que hizo su gobierno, junto al cubano, para hacerla feliz durante sus últimos días de vida.

En el video de Chino y Nacho, el joven protagonista intenta conquistar a la muchacha participando en un concurso de talentos. Desde la tarima, tocando un cuatro criollo y con la cabeza cubierta, le dedicó una canción a la hermosa enamorada quien lo ve desde el público. Al final, el muchacho se descubre la cabeza: él también se la rapó en solidaridad con su amada, recordando a todos la ola de gente que también hizo lo mismo en solidaridad con Chávez.

 
Entonces aparecen en tarima Chino y Nacho, los ídolos de la jovencita, quienes le dan un fuerte abrazo que en nada se diferencia del que Chávez dio a Génesis aquella vez en 2006.

El video fue grabado en la UCV, y también en sitios mantenidos y recuperados por el gobierno chavista, como el Museo Alejandro Otero y el hermoso Parque Los Caobos. Pero también fue grabado en un barrio de Petare (municipio Sucre de Caracas), donde pintaron algunas casas y contaron con sus habitantes para una de las escenas más bonitas, copia clara de la Misión Barrio Nuevo Barrio Tricolor que tanto repunte está teniendo en el oeste de Caracas.

La actriz Naomi de Oliveira antes
de raparse para grabar el video.
Fuente: "Behind the scenes"

La oposición lucha por ganarse a la gente de Petare y mantener su apoyo: gracias a ello fue que se perdió la alcaldía del municipio Sucre, el segundo municipio más habitado de Caracas y antiguo bastión chavista, y con ello la Alcaldía Metropolitana de Caracas.

El video de Chino y Nacho, muy bien hecho y espectacularmente mercadeado por la maquinaria comercial de los Stefan con la cooperación en Venezuela del canal Televen, obtuvo 500 mil visitas en su primer día de publicación en las redes Vevo y Youtube. Todo un éxito para ellos.


Abril de 2015. Un emotivo comercial se difunde por redes sociales y canales de televisión privados. Una joven intenta desesperadamente hallar a su novio a pesar de los obstáculos que se consigue en el camino, para darle un último mensaje. El comercial tiene como punto cumbre una fórmula emocional recontracomprobada, tomada de los clásicos del cine universal: el encuentro de los amantes que se besan en una estación del tren. Escena que despierta todas las emociones del espectador y deja los ojos aguados hasta a la persona con el corazón más duro. Así que se van por lo seguro y la repiten,  grabándola ahora en el Terminal de Oriente, lugar administrado por la Alcaldía del municipio Sucre.

 El comercial es acompañado por mensajes muy positivos, resaltando  la solidaridad, la cordialidad y el trabajo compartido del pueblo venezolano, que nos hace olvidar que la muchacha, en su afán por llegar a la despedida, no le dio las gracias ni a una sola de las personas que le ayudaron en su objetivo de darle un último beso a su amado. ¿Sus autores? El banco comercial privado Banesco, el mismo que no perdona a sus clientes el más mínimo retraso en el pago de sus deudas.

A pocos meses de las elecciones legislativas, empresas y productos de la derecha  comienzan discursos cuya misión principal es ganarse al chavismo y al pueblo de los sectores populares. Podemos sumarle la carta de Lorenzo Mendoza a Nicolás Maduro; las campañas en Twitter de algunos trabajadores de Polar en apoyo a su patrón, y los comerciales de otras empresas (como Ford) que apelan al orgullo y los logros del venezolano. Las intenciones son obvias.

Reflexiones. Tal vez en el chavismo no sepamos -todavía- cómo hacer un video que saque las lágrimas de quienes nos ven. O cómo hacer que un corto se vuelva viral. Tal vez sólo necesitemos ponernos a ver las escenas más sentimentales del cine universal, como hizo Banesco. O tomar los símbolos más emotivos del chavismo y reversionarlos con grandes estrellas de la música pop, como hicieron Chino y Nacho.

O tal vez sólo necesitemos abordar el romanticismo desde un ángulo social, como se hizo en ambos videos de forma exitosa. ¿Será que quienes estamos en los medios públicos ya nos pusimos viejos y olvidamos todo lo que vivimos en nuestras adolescencias?

Sólo sé que en el chavismo sí sabemos de solidaridad, de compartir, de ayudar a los demás. Que sabemos hacerlo muy bien en el mundo real. Que estamos muy orgullosos de nuestros éxitos como venezolanos, pero, aún así, necesitamos que esos sentimientos se vuelvan cada vez más comunes.

Pero también sabemos que esta guerra que vivimos no sólo es política y económica: también es simbólica y mediática. Que va más allá de una batalla entre dos bandos para ver quién llega al poder. Que nuestros inmensos recursos -petróleo, hierro, carbón, gas natural, agua potable, aluminio, coltán, tierras fértiles, manos de obra, hasta las mujeres bellas que ellos ven como trofeos- están en la mira del Imperialismo, y a medida que estos recursos se agoten en el resto del mundo por culpa de países que los consumen sin medir las consecuencias, nosotros estaremos aún más en la mira.

Por ello, mantengamos siempre el ojo avizor sobre estas hermosas cuñas y productos audiovisuales que hemos visto y seguiremos viendo en los próximos meses. Mientras más nos conmuevan, mientras más despierten nuestras emociones, más tenemos que activar nuestras neuronas para ver qué hay detrás.

El usar nuestras propias emociones para manipularnos, es uno de los mayores éxitos de la industria publicitaria del siglo XX y XXI, que nos hace comprar productos que no necesitamos  y abrazar ideologías que no nos favorecen. ¡Vacunémonos contra estas manipulaciones!

6 de mayo de 2015

¿Puede el Software Libre hacer aportes ante la guerra económica?

En los últimos 24 meses, hemos sufrido una serie de circunstancias que han afectado la importación de productos como nunca antes ha ocurrido en la historia de Venezuela. Padecemos una guerra económica que ha afectado severamente la disponibilidad de divisas en el país por diferentes causas.
  • Por un lado, el contrabando de productos de primera necesidad hacia países vecinos ha afectado notablemente nuestra economía. El gobierno bolivariano tuvo que tomar las divisas que se destinaban a la importación de tecnologías y otros rubros, para usarlas en aumentar notablemente la importación de alimentos, medicinas y  productos imprescindibles para nuestra vida. "La gente no come celulares", dijo alguien recientemente.
  • Otra parte de las divisas fueron entregadas por el gobierno a empresarios inescrupulosos quienes, asegurando que iban a importar productos y aprovechando la falta de controles y la existencia de funcionarios corruptos, simplemente se robaron las divisas.
  • Y, para más colmo, el país sufrió un gigantesco recorte en el ingreso de divisas luego de la caída del precio del petróleo de $100 a $40 el barril, empeorando aún más las cosas.
Yo soy informático,  y soy testigo de cómo estos problemas han afectado a quienes usan las tecnologías para resolver los problemas del pueblo venezolano.  Por ejemplo, un computador portátil que en mayo de 2012 valía Bs. 6 mil y en mayo de 2014 costaba Bs. 42 mil, hoy no baja de Bs. 200 mil. Si hace unos 3 ó 4 años era posible comprarse un computador nuevo con una fracción de su sueldo a través de mecanismos estatales como VIT, hoy se necesitan 13 sueldos mínimos para comprarse un computador nuevo full equipo en el mercado capitalista, pues las tiendas VIT lamentablemente no tienen productos desde hace meses.

El dólar Sicad 2, que era entregado a algunas compañías que ofrecían alternativas más económicas (Síragon, entre otras) y a  finales de 2014 rondaba los Bs. 50, fue sustituido en 2015 por el dólar Simadi, que para el momento de escribir este artículo vale Bs. 199,50 por unidad, lo que cuadruplicó el precio de cualquier producto importado.

Es difícil, pero tenemos que convencernos de algo: estamos en una nueva realidad. Vivimos en Venezuela una especie de bloqueo económico no declarado, lo que posiblemente sea una nueva estrategia que Estados Unidos ejecuta contra aquellos países que no puede castigar directamente debido al inmenso apoyo recibido de la comunidad internacional. Estamos viviendo esta situación a pocos meses de haber tenido una bonanza petrolera sin precedentes, por lo que en principio nos cuesta entender y aceptar lo que pasa. Y también nos cuesta entender que no vamos a salir de esto en poco tiempo.

A pesar de eso, no podemos dejar de reconocer que el gobierno ha hecho un gran esfuerzo defendiendo el sueldo mínimo ante la inflación inducida por empresarios inescrupulosos. Sin embargo, eso no ha impedido que los productos tecnológicos se vuelvan inalcanzables para muchos venezolanos. Si bien nuestro salario mínimo hoy es 4 veces mayor al que teníamos en 2012, ¡el costo de un computador es 33 veces mayor!

Todos confiamos en que el gobierno del presidente Maduro tome medidas que poco a poco vayan venciendo esta guerra económica. También esperamos que la justicia detenga y procese a sus culpables: tanto en las oligarquías y liderazgos políticos, como a aquellos funcionarios del Estado que permitieron todo este desastre. Y también a aquellas personas que se han valido de huecos en el sistema para su provecho personal (los llamados "raspacupos" y "bachaqueros").

Pero estas dificultades que vivimos hoy, lejos de paralizarnos, son una gran oportunidad de demostrar el poder de las tecnologías libres y su capacidad de ayudar al país en uno de los momentos que más lo necesitan. Y también son una gran oportunidad para que el pueblo venezolano demuestre, una vez más, su capacidad de superar las adversidades. En particular, creemos que el software libre, que es aquel que nos provee de todo su código fuente para manipularlo de acuerdo a nuestras necesidades, demostrará su importancia en ayudarnos a salir adelante como nación.

Revivir la “chatarra tecnológica”

En este momento, los entes públicos venezolanos no tienen presupuesto para adquirir equipos nuevos. Y tampoco se cuenta -por los momentos- con VIT para suministrar nuevas computadoras a un precio aceptable. Pero también es cierto que los depósitos de Bienes y Servicios en los ministerios de todo el país están llenos de computadores obsoletos que fueron desincorporados hace unos años, en esa época de bonanza, cuando comprar computadores VIT con procesadores i5 ó i7 era extremadamente barato y nos dejamos persuadir por la obsolescencia programada.

Revivir los computadores obsoletos que están en los depósitos del Estado es una tarea de gran importancia para mantener y ampliar la operación tecnológica en los entes públicos, fundamentalmente en aquellos que son vitales para vencer la guerra económica. Puede comprarse más memoria RAM y otros componentes de ser necesario (un computador en apariencia lento y obsoleto puede volverse muy capaz si se amplía su memoria a 2 GB o 4 GB), o se les puede colocar piezas sacadas de equipos que ya no funcionen más.

En el pasado, los computistas -acostumbrados al derroche- desechábamos una tarjeta madre sólo porque dejaba de funcionar. En muchos casos, lo que se dañaba eran pequeños componentes (condensadores o filtros) que son sumamente baratos y fáciles de reemplazar, pero debido a que era más barato comprar una tarjeta madre nueva que pagarle a un técnico que las reparara, las mismas eran simplemente desechadas. Pues ya no más. Se acabó la era de las "vacas gordas", y ahora tenemos que reparar absolutamente todo.

Sería importante que los propios vicepresidentes de área, ministros, presidentes y directores de entes públicos puedan ponerse de acuerdo (con la colaboración de sus directores de informática y de bienes y servicios) para hacer un inventario de cuántos equipos pueden reactivarse y qué entes los necesitan más, para que luego los informáticos puedan hacer el trabajo de reactivar estos equipos.

Foto referencial
El software libre es el ideal para estas reactivaciones. No sólo porque es una obligación impuesta al Estado venezolano por la Ley de Infogobierno, sino porque hay numerosas distribuciones de software libre apropiadas para equipos con varios años de antigüedad (como Lubuntu, Puppy Linux, Debian o alguna versión personalizada de Canaima) con el fin de hacerlos funcionar de forma óptima. Utilizar Windows XP o similares debe descartarse no sólo porque viola la mencionada ley, sino porque ya no tienen soporte debido a su antigüedad, y expone los equipos a un sinnúmero de virus, vulnerabilidades y posible espionaje.

Este principio, creemos que puede y debe aplicarse no sólo con las computadoras, sino con la gran cantidad de maquinarias que sostienen las actividades económicas de nuestro país. De esta manera, es muy importante que el gobierno bolivariano dé prioridad a la importación de todos aquellos repuestos necesarios para mantener operativas todas estas maquinarias, y que favorezca la fabricación de repuestos en nuestro país.

El dilema Apple

Por un lado, vivimos algo muy parecido a un bloqueo económico. Pero por el otro, seguimos siendo fuertemente influenciados por lo que nos presentan los medios de comunicación y películas extranjeras, así como por las academias e instituciones educativas venezolanas donde las empresas estadounidenses han hecho y siguen haciendo lobby.

Por ejemplo: todos sabemos que muchas personas que trabajan en diseño gráfico,  grabación de audio y edición de video tienen una gran admiración por los equipos y productos Apple, a menudo injustificada. No se puede negar que son excelentes equipos, con hardware de muy buena calidad. Pero también están excesivamente sobrevaluados, en parte por el mercadeo que se hace de ellos en los medios estadounidenses y la industria hollywoodense.


Esto lleva a pensar a quienes trabajan en estas profesiones que, para estar entre "los mejores", tienen que usar equipos  Apple.

Señores y señoras, pongamos los pies sobre la tierra. En 2012, apenas hace 3 añitos, un presupuesto de 600 mil bolívares le alcanzaba a un ministerio para comprar unas CIEN computadoras VIT con procesador i5 de muy buena calidad. Pero hoy, esa misma cantidad de dinero alcanza apenas para UNA SOLA computadora Apple iMac de última generación.


Ni hablar de las costosísimas licencias de software privativo que se requieren para estas máquinas:
  • Final Cut Pro, software  para edición de video: cuesta 300 dólares, o Bs. 60 mil al cambio Simadi
  • Las suites de diseño de Adobe, cuyas últimas versiones (Creative Cloud) ya no se pueden comprar, sino que debe pagarse una especie de “alquiler” de 20 a 50 dólares mensuales (entre Bs. 4 mil a Bs. 10 mil mensuales), dependiendo de las aplicaciones que quieras incluir (Photoshop, Illustrator, Premiere, InDesign, etc). Si dejas de pagarlas, dejarán de funcionar.
  • La suite para estudios de grabación Pro Tools, de la empresa Avid, que cuesta unos 900 dólares (unos 180 mil bolívares).
 Los costos de estos equipos y aplicaciones son inadmisibles en nuestra realidad actual.
  • Con el costo de un computador iMac de última generación puede entregarse un kilogramo de harina de maíz precocida a 31 mil personas. 
  • Con el costo de una sola licencia de Pro Tools puede entregarse un kilo de pollo a 2.700 personas. 
  • Con el costo del alquiler de Adobe Creative Cloud para una sola persona durante un año, se puede entregar un kilogramo de arroz a 5 mil venezolanas y venezolanos.

¿Qué es lo que pasa entonces?  ¿Venezuela se convirtió en "una mierda de país" -como dicen algunos- que no sabe valorar a sus artistas y profesionales? ¿Maduro es un "dictador horroroso" que sueña todos los días en hacer algo nuevo para que te vayas del país? No. Simplemente Apple es una empresa capitalista cuyo objetivo es vender sus productos en el mercado estadounidense y europeo, que es el que tiene mayor poder adquisitivo en el mundo.

Independientemente de lo que pienses de las hermosas cuñas de Apple o de la genialidad de Steve Jobs, ellos no soñaban con crear un mundo libre de pobreza y desigualdad. Ellos no pensaban en vender productos a los latinoamericanos, chinos, africanos o a los nacidos en la India. Su mercado es el mal llamado "Primer Mundo". Ellos necesitan que exista ese estadounidense típico cuyo nivel de consumo es tan grande que, si los 7 mil millones de habitantes de la Tierra hicieran lo mismo, necesitaríamos seis planetas Tierra para continuar existiendo.

Ellos tienen sus prioridades. ¡Nosotros tenemos que pensar en las nuestras!   

Y bueno. A medida que crezca la desigualdad en el mundo y aumente la diferencia entre países "desarrollados" y países "en vías de desarrollo", veremos cosas iguales o peores. Y si bien estoy mencionando a Apple por ser el caso más notorio, lo mismo aplica a muchas otras marcas y productos de origen estadounidense.

Entendamos entonces que el exigir al Estado comprar equipos Apple y el software privativo correspondiente es un inexcusable despilfarro de dinero público. Va mucho más allá de mala gerencia: es una falta tan grave como cualquier acto de corrupción o malversación de fondos. No es sólo violar la Ley de Infogobierno; es burlarse del pueblo venezolano en un momento de gran necesidad, en el que debemos justificar y administrar cuidadosamente cada dólar y cada bolívar que recibimos.

Hay que comprender que la situación de nuestro país ha cambiado. Es inmoral pedirle al pueblo venezolano ahorrar agua o electricidad, pero exigir aplicaciones privativas de altísimo costo para elaborar afiches y videos, cuando eso se puede hacer perfectamente y sin ningún problema con un computador i3 o i5 con 4 u 8 GB de RAM, un disco duro decente y aplicaciones de software libre instaladas.

¡Bajo ninguna circunstancia podemos justificar estos despilfarros en la Venezuela de hoy! Sobre todo, cuando existen alternativas libres, y en muchos casos iguales o mejores que sus alternativas propietarias.

Y es un asunto de conciencia de cada uno de nosotros. Si usted aprendió Photoshop, Final Cut o ProTools porque eso fue lo que le enseñaron en la academia, el especializarse en las numerosas aplicaciones libres para diseño gráfico, video o audio no debe tomarse como una obligación o una pesadez, sino como un reto que nos ayudará a enriquecernos como profesionales, nos ayudará a encontrar nuevas fuentes de empleo y nos ayudará a sobreponernos el día que no podamos tener acceso a un computador de alto perfil porque se haya dañado, nos lo hayan robado o hayamos sido víctimas de alguna desgracia. Por otro lado, ¿crees que podrás obligar a un posible empleador a comprar un equipo de Bs. 500 mil sólo para que tú trabajes? Y mucho menos si cada vez surgen más y más profesionales que están aprendiendo a usar aplicaciones libres.

El papel del Estado en esta nueva realidad

El Estado sin duda debe tener un papel protagónico en ayudarnos a migrar, impartiendo cursos, talleres y hacer que los futuros egresados de casas de estudios como la Universidad Bolivariana de Venezuela, la Unearte, Unefa y otras casas de estudios también estén formados en software libre, algo que no ocurre hoy día en todos los casos ni en todas las carreras o planes de formación.

El trabajo que han hecho las brigadas comunicacionales de los Infocentros, el Instituto Nacional de Cooperación Educativa Socialista (Inces), movimientos como Medios Libres, los organizadores del Congreso Nacional de Software Libre, camaradas de emisoras comunitarias en distintas partes del país y muchos grupos de usuarios ha sido en extremo valioso. En la emisora Alba Ciudad, primera emisora venezolana migrada a software libre, hemos puesto nuestro grano de arena, pero sabemos que es mucho lo que falta por hacer.

En este sentido, queremos plantear algunas recomendaciones:
  • El Estado venezolano no puede ser un simple usuario de aplicaciones libres; debe contribuir a mejorarlas y adaptarlas a nuestras necesidades, contratando programadores y desarrolladores venezolanos para tal fin. Cuando alguien compra un edificio para su uso, a menudo hay que hacerle modificaciones. Para ello es necesario contratar ingenieros civiles, arquitectos, albañiles y trabajadores que ejecuten las modificaciones. Lo mismo tenemos que hacer con las aplicaciones libres: no limitarnos a descargarlas de Internet y quejarnos si les falta algo, sino ayudar a mejorarlas, usando mano de obra venezolana pero coordinándonos con sus desarrolladores internacionales. En este sentido hay que insistir en el Ministerio de Ciencia y Tecnología para que el Fondo Nacional de Ciencia e Innovación (Fonacit) y otras instituciones colaboren más en la recepción y aprobación de proyectos para mejorar aplicaciones de software libre.
  • Canaima GNU/Linux es un buen sistema operativo para trabajos de oficina, pero en diseño gráfico, edición de video y audio puede traer más problemas que soluciones; las aplicaciones que trae son un poco obsoletas, y el instalar nuevas versiones de dichas aplicaciones puede convertirse en una pesadilla si no eres un informático con mucho tiempo libre.

    Existen diferentes sistemas libres basados en Ubuntu que tienen aplicaciones libres mucho más actualizadas, y pueden usarse los llamados “PPA” para actualizar las últimas versiones de forma muy sencilla. Recomendamos Ubuntu Studio, KXStudio, LinuxMint, Shamatari y similares, en particular las versiones LTS, que son muy estables.

    En este sentido, hacemos un llamado al Ministerio de Educación Universitaria, Ciencia y Tecnología, al CNTI y a la CONATI para que confirmen públicamente que la Resolución 025 (que obliga al uso de Canaima en el Estado) ya no es válida, y que puede usarse cualquier otra distribución de software libre para casos tan específicos como los antes mencionados.
  • En el mundo de la edición de video, aplicaciones como Kdenlive, Openshot y Cinelerra han funcionado excelentemente para la edición no lineal, siendo excelentes reemplazos para Final Cut. Últimamente, he conocido a varias personas quienes, por su cuenta, han aprendido a editar video usando Blender (una suite de animación 3D en software libre que tiene un muy poderoso editor de video incorporado), ¡y han abandonado Final Cut en pro de Blender! Hay numerosos tutoriales en Youtube al respecto.
  • A veces, los editores de video sencillos pueden ser mejores que los más complicados. Yo uso Avidemux -un editor de videos lineal- para la edición rápida que implica sólo el cortar, unir y guardar a gran velocidad (muy útil para subir videos a Youtube o generar archivos de grabaciones). Igualmente, el dominar las aplicaciones de consola ffmpeg, avconv y mencoder ayuda muchísimo en automatizar la captura y conversión de medios.
  • En lo que se refiere a estudios de grabación y edición profesional de audio, el amigo Octavio Rosell tiene varios años de experiencia con Ardour, un impresionante sistema de audio digital que nada tiene que envidiarle a ProTools. Es el mismo software libre que usan los amigos de Radialistas.net, quienes son considerados una autoridad en el mundo del audio y las radios libres en América Latina.

    En Alba Ciudad usamos Audacity, al igual que en las Brigadas Comunicacionales de los Infocentros. Es un software más amigable para periodistas y comunicadores a la hora de editar y procesar audio. Ardour puede ser demasiado complicado para personas de estas profesiones, pero Audacity es mucho más apropiado para quienes quieren concentrarse en los contenidos y no en los detalles técnicos. La versión 2.1.0 de Audacity, liberada a finales de marzo, tiene algunas opciones muy esperadas como el poder probar efectos de sonido en tiempo real, algo que antes sólo se podía hacer con Ardour.
  • Instamos a ministerios como Juventud y algunos entes del ministerio para la Cultura, que están en la faena de instalar estudios de grabación en barrios y sectores populares del país, a que no sigamos haciéndole el favor a Apple y otras grandes transnacionales de formarles personal especializado en su gama de costosas aplicaciones propietarias, pues luego será muy difícil convencerlos de formarse en aplicaciones libres. Todo lo contrario, el instalar estudios de grabación usando aplicaciones y tecnologías libres abaratará enormemente los costos y permitirá instalar muchos más estudios con el mismo presupuesto.
  • Gimp e Inkscape pueden ser más que suficientes para las necesidades de diseño gráfico tradicionales, tales como afiches, pendones, anuncios de prensa, páginas web y similares. Puedes descargar y usar cualquier fuente True Type para usarlas con ellos. Pero si necesitas cosas más avanzadas, tienes el editor de imágenes Krita, cuyas última versión 2.9 tiene características muy avanzadas, maneja color CMYK, es muy apreciado por dibujantes y artistas en otras latitudes y una universidad de arte francesa (Universidad de París 8) decidió desechar Photoshop y usar Krita en su lugar debido a sus impresionantes características. Ojalá podamos ver decisiones similares en Unearte y otros espacios venezolanos.
  • Instamos a los movimientos emergentes de diseñadores gráficos revolucionarios (como Movidg, por ejemplo) a adoptar las tecnologías libres. Los campesinos revolucionarios también han tenido dilemas parecidos (¿adoptamos las semillas transgénicas que vende Monsanto, que tienen una elevada tasa de producción a pesar del daño a la salud y la dependencia que implica su uso? ¿O insistimos en usar semillas libres y asumimos el reto de mejorarlas de forma natural?). Veámonos reflejados en sus luchas y comencemos a adoptar las tecnologías libres, y de ayudar a mejorarlas.
  • Muchas páginas web de entes públicos que han visto la luz en los últimos meses, usan temas bastante pesados, con fotos de gran tamaño, a menudo rotando en carruseles con efectos avanzados y funcionan de forma muy vistosa en un computador con 8 GB de RAM. Pero en Venezuela, las computadoras más populares son las Canaimitas: 3,6 millones de minilaptops que el gobierno ha entregado a niños y niñas de todas las edades, como parte de un maravilloso proyecto educativo iniciado por Hugo Chávez. Estas minilaptops tienen pantalla pequeña de 10 pulgadas y 1024 píxeles de ancho. La mayoría sólo traen 1 GB de memoria RAM, y cuando se topan con páginas web tan pesadas, se ponen extremadamente lentas pues una página consume toda la memoria RAM.

    Por ende, sugerimos a los camaradas que elaboran páginas web para el Estado: las mismas deben ser probadas en una Canaimita (o equivalente) con 1 GB de RAM y 1024 píxeles de ancho, y debe funcionar allí excelentemente. Sí, yo sé que hay ministros, directores y jefes quienes tienen un gran computador de última generación y quieren ver la nueva página del ministerio rotando fotos enormes y videos maravillosos, pero entonces por favor siéntate con él y explícale que 3,6 millones de familias de los barrios venezolanos no podrán ver esa grandiosa página.
Estoy seguro de que vamos a salir de esto a medida que aceptemos esta realidad temporal que estamos viviendo. Pero tenemos que dejar atrás la resistencia al cambio, y afrontar estos cambios con decisión y valentía, como el Bravo Pueblo que somos.