20 de julio de 2016

¡Y nadie se los come! Decenas de gatos viven en importante edificio de negocios de Venezuela (+Fotos)

Parque Cristal. Foto: Brisas del Mar en Flickr
Que Venezuela sufre una fuerte crisis tras la caída de los precios del petróleo, nadie lo pone en duda. Hay escasez de determinados productos, la inflación es enorme, hay gigantescas colas e incomodidad por doquier. Es común ver abusos de comerciantes y revendedores, y hay decepción con instituciones del gobierno por no poner orden y, en algunos casos, dejarse corromper.

Pero al leer la prensa internacional, uno ve muchísimas exageraciones malintencionadas. Por ejemplo, el pasado 3 de mayo de 2016, el alcalde del municipio Chacao, Ramón Muchacho, aseguró que "En la ciudad hay personas que cazan gatos y perros en las calles así como palomas en las plazas, para poder comer. Esto no es un chiste, es una dolorosa realidad". 

Las afirmaciones del alcalde, que en ningún momento se vieron acompañadas de fotos, videos o evidencia alguna de que esto realmente esté pasando, fueron reproducidas por decenas de medios nacionales e internacionales, entre ellos El Nacional, CNN, El Comercio (Perú) o NTN24, y aunque nadie en Venezuela le prestó mayor atención, muchas personas que estaban más pendientes de nuestro país que el de ellos, se convencieron muy rápidamente de que la crisis en las tierras bolivarianas es tan aguda, que los venezolanos se han visto obligados a cazar animales para comer.

Pero en Venezuela, nadie le prestó atención a las declaraciones de Muchacho. Chacao, uno de los cinco municipios de Caracas, es probablemente uno de los municipios más ricos del país, lugar donde viven personas de clase alta y donde pueden encontrarse lujosísimos hoteles y centros comerciales. 

Numerosas transnacionales tienen sus sedes en los grandes edificios de la zona. Apenas hay dos barrios populares; de resto, todas son urbanizaciones de clase alta y media-alta. De las 3,2 millones de personas que viven en Caracas, apenas 61 mil viven en Chacao. 

Su cuerpo policial, recientemente intervenido, es muy conocido por lo rudo que se porta al tratar con vendedores informales e indigentes; por ende, Chacao sería uno de los últimos municipios donde podrían verse personas cazando y comiendo animales callejeros.

Casi dos meses después, a finales de junio, la exdiputada de derecha María Corina Machado reiteró esas afirmaciones. En varios programas de entrevistas contó que, en un viaje que realizó, supuestamente conoció a varios trabajadores de la refinería petrolera El Palito, una de las más importantes del país, y uno de ellos le confesó ―siempre según su relato― que él se había comido un gato asado el día anterior. Su historia la contó reiteradamente en programas de radio y televisión.

Nuevamente, esta historia fue tomada con jocosidad por muchos venezolanos, y Twitter se llenó de memes al respecto.

Y reiteramos: en Venezuela sí hay una crisis. Sí estamos viviendo situaciones difíciles para poder estirar nuestra quincena, buscar alternativas a productos y alimentos que solíamos consumir, desconectar servicios que ya no podemos pagar, conseguir dinero para pagar los útiles escolares de nuestros hijos y sacar el tiempo para conseguir las medicinas de nuestros ancianos. Pero, por otro lado, es rotundamente falso que en Venezuela estemos comiendo animales de compañía en nuestro desespero por conseguir comida.

En el caso de los gatos, son animales de compañía extremadamente populares. Se les ve no sólo en hogares, sino en locales comerciales, parques, escuelas, hoteles, incluso en panaderías y abastos. Es completamente normal que, en un edificio multifamiliar, sus habitantes mantengan uno o varios gatos que viven en las áreas comunes. Hasta en panaderías y locales comerciales se acostumbra tener un gato, con el beneficio de que éstos alejan las ratas y otras plagas.

También abundan los proteccionistas, quienes se encargan de darles cuidados y alimentación a los gatos callejeros, y hasta el esterilizarlos se ha vuelto más fácil gracias a proyectos gubernamentales como la Misión Nevado, que ofrece vacunación, consultas veterinarias y esterilizaciones de forma gratuita a quienes acudan a ellas.

Y es curioso, pero uno de los edificios empresariales más conocidos del municipio Chacao ―sí, el mismo municipio Chacao cuyo alcalde aseguró que la gente come gatos― tiene, desde hace al menos 10 años, decenas de gatos viviendo en sus jardineras posteriores. 


En este edificio, conocido como Parque Cristal, la transnacional Telefónica Movistar tiene parte de sus oficinas. También hay varias agencias bancarias, clínicas, franquicias de comida, farmacias y otros. Hay una línea de mototaxis ―jóvenes que se ofrecen para llevarte a tu destino en moto―, y si eres catire y con acento gringo o europeo, te darán su tarifa en dólares: ¡dos billetes verdes hasta allí mismito! 

Comer en Parque Cristal no es nada barato, y hasta el tomarse un café exige un importante sacrificio para un trabajador común y corriente. 

Y, en medio de ese ambiente tan empresarial y corporativo, lleno de hombres con saco y corbata y de mujeres con vestido y tacones altos, es completamente normal ver gatos de todos los tamaños y colores caminando entre ellos.


Allí, no menos de 40 gatos son mantenidos por vecinos de la zona a pesar de las dificultades por el costo de la comida para gatos. Muchos tienen una herdidura en su oreja, indicativo de que el animal ha sido esterilizado.




La mayoría de los gatos son muy dóciles, ronronean y se dejan acariciar, aunque otros se mantienen alejados de los humanos y les temen.




Con frecuencia, jóvenes se acercan a los gatos para acariciarlos y regalarles alguna comida. A veces, algunas de las vecinas que los cuidan se acercan también e incentivan a los jóvenes a adoptar a algunos de los gatos.



Es normal también verlos descansar en las escaleras.

La coexistencia no ha sido pacífica. En determinados momentos, la administración del edificio se ha planteado eliminarlos, pero el coraje de las y los vecinos de Los Palos Grandes y zonas aledañas, las gestiones de funcionarios locales amparados por leyes vigentes en Venezuela, y las promesas de esterilizar a los animalitos para evitar su proliferación, lograron evitar su exterminio.


Lamentablemente, todavía hay personas que no comprenden los esfuerzos de la gente y los problemas del lugar, y se atreven a dejar gatos abandonados allí, a pesar de la prohibición vigente. Igualmente, hay gente que ha intentado envenenarlos nuevamente, aunque la mayoría de los vecinos los protegen.

Quisimos dejar estas fotos acá, en primer lugar para mostrarle a los habitantes de otros países que en Venezuela, lejos de comernos a los gatos, hay personas cuidándolos con mucha dedicación. 

Además, queremos incentivar a los habitantes de Caracas que quieran o necesiten un animal de compañía, a adoptar uno de estos dóciles gatitos. Pueden conversar los fines de semana en las mañanas con las diferentes vecinas que los protegen y cuidan, y quienes en diferentes casos también se han encargado de esterilizarlos y vacunarlos; ellas podrán orientarle en torno a cual adoptar. 

Y, por último, le instamos a no creer todo lo que se dice de Venezuela. Sí: tenemos problemas graves, y estamos luchando para solucionarlos. Pero algunas personas creen que la solución es declarar que el país está en crisis humanitaria, hacer creer a mucha gente que estamos comiendo gatos y palomas, para entonces justificar una invasión disfrazada de "misión de asistencia humanitaria". Y a eso nos negamos.

Las y los venezolanos solucionaremos nuestros problemas manteniendo nuestra soberanía, y cuidaremos a los gatos durante todo este proceso. ¡Apóyenos!


















Todas las fotos fueron tomadas por mí, exceptuando la de la fachada principal de Parque Cristal, tomada del Flickr de Brisas del Mar.

Decidí tomar las fotos un domingo, cuando Parque Cristal está cerrado, porque entre semana algunos vigilantes son un poco molestos si lo ven a uno tomando fotos. Pero si vas en días laborales y tienes el dinero suficiente para pagar un café (unos 600 bolívares, algo así como el 50 por ciento del salario mínimo diario), puedes tomarte uno en las mesas del centro empresarial con un gato al lado ronroneándote.

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