3 de enero de 2016

Revisión a Aporrea

Hace algunos años, cuando desde varios programas de VTV estaban siendo altamente críticos con Aporrea, me encontré a uno de sus miembros y le pregunté por qué, a pesar de las críticas tan fuertes que se hacía contra ellos, igual seguían publicando artículos de esas personas que los criticaban. Me dijeron que lo hacen porque creen en el derecho de todos los que están de este lado a dar sus opiniones, sean cuales sean y así ellos mismos no estén de acuerdo con ellas.

En Aporrea hay muchas opiniones que me gustan, y muchas que no me gustan para nada. No me gusta que allí se haya publicado un artículo pidiendo la renuncia a Maduro. No me gustan los artículos con tono destructivo, aquellos que dicen que la Revolución se acabó o no sirvió y que hay que darle paso a otra cosa. No me gustan los artículos de algunos militantes de Marea Socialista porque son personalistas, a veces sin argumentos, a veces sin mayor intención que la de proyectar a una persona. Tampoco me gustan los artículos de ciertos militantes del PSUV, que igualmente se publican en Aporrea y en casi todos los portales del Estado, pero que pecan de ser repetitivos, vacíos, autocomplacientes o que pareciera que los escribieron por llenar una columna en algún periódico. No me gustan los artículos de Heinz Dieterich ni los de muchos otros camaradas de izquierda que, desde posiciones cómodas en el exterior, parecieran disfrutar los problemas que padecemos.

Pero al menos cada uno de nosotros tenemos la oportunidad de decidir lo que leemos. Si algún articulista no me gusta, puedo responderle con mi propio artículo. O simplemente no lo leo y punto. Y si todos decidiéramos no leerlos, los artículos no subirían a la esquina superior derecha, donde un algoritmo automatizado coloca los  más leídos del día.

¿Debe Aporrea hacer cambios en su línea editorial? Tal vez sí. ¿Deben hacerlo VTV y los demás medios públicos? Absolutamente. De hecho, yo creo más en unos medios públicos que, sin dejar de ser revolucionarios, sean independientes de los partidos políticos que nos gobiernen, sea el PSUV, PCV, AD, Marea o el que sea. Si un periodista revolucionario hizo una investigación seria e imparcial que demuestra que un ministerio no está haciendo bien su trabajo, esa investigación debería publicarse sin que ello cause penalizaciones para el periodista, o la remoción inmediata del presidente del medio, como ha pasado unas cuantas veces.

¿Deberían entrevistar VTV y los medios públicos a gente de oposición? Yo creo que sí. De hecho, VTV lo hace en períodos electorales, y lo hace muy bien; ojalá lo hicieran todo el tiempo. Correo del Orinoco también lo hace, y me alegra. Yo quisiera ver a periodistas combativos de VTV entrevistando a la presidenta de Consecomercio o al presidente de Fedecámaras, así como a los diputados opositores, y hacerles preguntas duras y frontales, que nadie en El Nacional o en La Patilla se atrevería a hacerles.

¿Se debió haber publicado en Aporrea la carta de Jorge Giordani, una persona que por años fue trabajador directo al lado de Chávez? ¿O los artículos de Héctor Navarro y Ana Elisa Osorio? ¿O simplemente hay que vetarlos por ser "traidores", según dicen algunos? Y conste que yo no defiendo a Giordani, creo que él tiene culpa de parte de lo que está pasando hoy a nivel económico. Pero yo sí creo que su versión de los hechos tiene que publicarse; es más, ojalá otros miembros y exmiembros del gabinete económico fueran tan sinceros. De cualquier forma, Aporrea no sólo publicó los artículos de Giordani, sino numerosas respuestas a favor y en contra de ellos.

Yo sí creo que la gente tiene derecho a opinar.
Si no les gusta alguna medida que esté tomando Maduro (o que no esté tomando), tienen derecho a decirlo. Deberían hacerlo con respeto y con argumentos sólidos, sin personalizar los ataques, respetándolo como camarada de izquierda, poniéndose en sus zapatos. Tal vez Aporrea debería escoger mejor lo que publica en términos de calidad. Pero sí creo que la gente tiene derecho a increpar a los ministros y funcionarios públicos, incluyendo al Presidente, y creo que ellos tienen que investigar las denuncias y responder a las críticas, o por lo menos estar al tanto de ellas.

Soy de quienes creen que los trabajadores deberían tener la libertad de denunciar los problemas que hay en los entes o empresas donde laboran. Eso ayudaría mucho a detectar problemas y solucionarlos. Si unos trabajadores ven que a su empresa no llega materia prima, o que el gerente les da la orden de no producir más, o de acaparar todos los productos y no sacarlos a la venta, yo pienso que la capacidad de los trabajadores de denunciar es vital. El problema es que a veces la denuncia puede traer consecuencias contra ellos, no sólo en lo laboral sino contra sus propias vidas. A veces la denuncia puede involucrar a un empresario, a un terrateniente, o por el otro lado a un ministro o a un general importante, quien puede arremeter contra el medio que la publicó. Puede exigir la destitución de su director, el despido del periodista o que eliminen los patrocinios. Pero Aporrea ha sido uno de los pocos sitios que se ha arriesgado en estos casos a sacar la denuncia manteniendo en reserva el nombre de los denunciantes. Muy pocos medios públicos harían lo mismo.

Uno de los errores más terribles que tuvimos en los últimos 10 años con la Asamblea Nacional a nuestro favor, es que desde allí nunca se interpeló a ningún ministro, alcalde o gobernador chavista.
Como si todos ellos hubieran hecho su trabajo a la perfección. A cada rato uno escucha a la gente quejándose de que tal alcalde no recoge la basura, que no pone a raya a los transportistas que cobran lo que les da la gana, de que tal ministro no cumple con su trabajo, pero nuestra Asamblea Nacional nunca los llamó para pedirles cuentas, siendo esa una de sus atribuciones. Entonces, uno decide desahogarse  por Aporrea con la esperanza de que al menos algún funcionario te lea y busque correctivos. Y algunos, los verdaderamente revolucionarios, así lo hacen. Otros, más bien, te señalan, te acusan de contrarrevolucionario, de ser de la CIA y hasta llaman a tus jefes a ver si logra que te despidan.

Entonces, ¿también nos van a quitar ese derecho que tenemos de denunciar lo malo por Aporrea? Equivale a mandarnos a callar y sólo acordarse de nosotros cuando llegan las elecciones, cuando algunos nos dicen: "hay que votar por ese alcalde que nunca te recogió la basura, ¡y si no lo haces eres un traidor a la revolución!". Y coño, esas actitudes causaron el desastre que vivimos el pasado 6 de diciembre.

Otra cosa: no olvidemos que Aporrea es uno de los pocos portales de la Revolución que mantiene un archivo de noticias desde 2002. Como tal, es un recurso bibliográfico y una fuente de investigación única. De resto, casi todos los otros portales web de la revolución han eliminado sus archivos de noticias, a veces por falta de pericia (cuando cambian el software y eliminan las noticias viejas), o por negligencia (por ejemplo, cuando crearon HoyVenezuela pero borraron el portal del Sibci, con todas las noticias y artículos emitidos en los últimos meses de vida del Comandante Chávez).

En vez de eliminar Aporrea, más bien deberíamos proponer que su archivo histórico sea salvaguardado por la Biblioteca Nacional, como también se hace con periódicos de derecha que nada positivo están dejando de nuestro pasar por la historia venezolana.

Bombillos vienen, bombillos van


El artículo de los bombillos, que también fue aludido anoche en VTV, lo escribí no en un ataque emocional. Lo pensé muchísimo. Y, quien lo haya leído con atención, se habrá dado cuenta de que no era un artículo en el que yo estuviese pataleando porque no hubieran bombillos; era un artículo llamando la atención al gobierno por haber dejado a la clase media trabajadora sola en esta guerra económica. Era un artículo donde pedía que se tomara medidas con la cadena que otorga dólares preferenciales a empresarios para importar bienes, denunciando que estos bienes NUNCA se calculan a dólar preferencial cuando se ponen a la venta, sino al despreciable dólar paralelo.

Nótese que no era un artículo defendiendo a los empresarios especuladores, a los cuales llamé "ladrones" no sé cuantas veces. Nótese que no era un artículo llamando a rendirnos. Todo lo contrario: lo culminé diciendo que ojalá y el gobierno asumiera la importación y distribución de bienes.

En ese artículo, el bombillo no es otra cosa sino un símbolo: un producto que antes podía ser comprado hasta por la persona más humilde, que podías dejar colgando en la puerta de tu casa sin temor a que nadie se lo robara. Pero que ahora muy pocas personas en Venezuela pueden comprar por su elevadísimo precio. Algunos camaradas no pudieron entender mi uso del "bombillo" en ese artículo. Tal vez sea culpa mía porque no soy muy bueno con esto de las analogías, las metáforas, los recursos literarios y esas guarandingas. Trataré de mejorar en futuros escritos.

Pero así como algunos señalan a Aporrea por ser demasiado crítica, tal vez con algo de razón, también hay otros portales chavistas que van en la dirección exactamente contraria: hacen unos ataques excesivamente duros contra la clase media trabajadora sin pensar que en ella también hay proletarios y gente que vive de un sueldo quincenal. Algunos ni siquiera tienen vivienda propia (alquilados), otros viven hacinados (seis u ocho personas viviendo en un apartamento de 90 metros cuadrados en La California Norte o en La Candelaria). Son gente con o sin conciencia de clases que también están pasando roncha en esta guerra económica.

Desde esos portales los llamamos sifrinos, aburguesados, mimados y llorones. Usamos toda suerte de epítetos contra la chama que está molesta porque le suprimieron el cupo electrónico con el que pensaba comprarse libros, teléfonos o cualquier otro bien que la oligarquía local no le deja comprar. Llamamos apátrida a aquel que decidió irse a otro país, bien sea porque no aguantó la delincuencia o porque prefirió explorar otros caminos. Mientras los insultamos, la derecha los atrae con las mejores armas que les ofrece su industria publicitaria y su arsenal mediático. Y luego nos preguntamos por qué la juventud no votó por nosotros.

Asumir que todo el que vive en el este de Caracas viaja 2 veces al año a España, que todos son dueños de una panadería, de una clínica o de un bufet de abogados, o que todo el mundo en la clase media se compra un carro nuevo al año, es un error gravísimo que hemos tenido en esta revolución y del cual el propio Fidel nos advirtió hace años, cuando nos dijo que "en Venezuela no hay 4 millones de oligarcas", que ahora son 8 millones.

"No lo olviden: la clase media trabajadora también vota". Ese era el mensaje principal que quise dar con el artículo del bombillo. Perdonen si no lo logré.

Por supuesto que nuestro gobierno revolucionario tiene que enfilar la mayor parte de sus esfuerzos a los que menos tienen, a los excluidos, a las personas de los barrios y sectores populares. Pero eso no significa que dejes sola a la clase media trabajadora, porque este es un gobierno para todos. No podemos responderles insultándolos o menospreciándolos.

Revisión


Entonces, sí: pidámosle a Aporrea que se revisen, pero también a los medios públicos, de donde se ha estado suprimiendo la crítica, la autocrítica y la denuncia. Pidámosle también a La Iguana, a Misión Verdad, a Tves, a Vive, a Avila TV, a Alba Ciudad, que se sometan a revisión exhaustiva. Escuchemos a nuestra gente. Escuchemos incluso a los opositores racionales, aquellos que están molestos con el gobierno por razones justas, y cambiemos todo lo que haya que cambiar.

Ojalá comencemos a ver intenciones reales de evaluar y rectificar. Seguir haciendo todo tal y como lo hemos venido haciendo, es la ruta más segura para repetir otra derrota electoral de la cual tal vez ya no podamos recuperarnos.
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