25 de enero de 2015

Carta del Monstruo del Espaguetti Volador a Laureano Márquez

Estimado Laureano,

Estaba yo aquí en el Cielo de Todas las Pastas, comiéndome un delicioso plato de raviolis con mis amigos Buda, Jesús y Sai Baba, cuando nos enteramos de tu carta de Dios a Maduro.

Mister Laureano: alguna vez interpretaste en la Radio Rochela un personaje quien por cierto anda por aquí y te manda saludos. Ese personaje nos enseñó a hacer un análisis de la historia para descubrir algunas cositas sobre nuestro mundo, y en particular sobre ese hermoso paraíso llamado Venezuela. Te invito a pedir un plato con albóndigas y mucha salsa napolitana mientras te explico lo que descubrimos al hacer ese análisis.

Verás: a pesar de que Venezuela fue “provista por Dios” (que por allí anda en la nube de al lado, también te manda saludos) de grandes riquezas, un maravilloso clima, bellezas naturales y recursos a montones, sin embargo sus habitantes originales fueron arrasados o esclavizados luego de que el continente americano fuera invadido por tus antepasados españoles (recordemos que naciste en Tenerife durante la terrible dictadura de Franco... ¡dictadura de verdad! Con fusilamientos, asesinatos, desapariciones, fosas comunes y nadita de libertad). Y no se trata de que yo sea un “dios resentido”; simplemente estoy recordando algunas realidades históricas, pues en la invasión española a tierras americanas murieron unos 10 millones de habitantes originarios, que nunca pudieron saborear una rica pasta al pesto con queso pecorino.

No olvidemos tampoco las miles de toneladas de oro, plata, metales preciosos y otros materiales valiosos que fueron saqueadas de este continente y fueron a parar a los imperios españoles, ingleses, portugueses y de otras naciones europeas durante siglos.

Hoy, por suerte, cualquier rencor que exista por estos siglos de saqueo han quedado en el pasado. Venezolanos fruto del mestizaje, con genes europeos, indígenas y africanos adecuadamente entremezclados -como si fuera una deliciosa salsa cuatro quesos- tratan de echar pa'lante y vivir mejor en este mundo tan loco y desquiciado.

Pero ese personaje llamado “Karl Marx”, que alguna vez personificaste en ese recordado capítulo de Radio Rochela con Emilio Lovera, Nené Quintana y Nelson Paredes, nos enseñó que nuevos enemigos se apoderaron del mundo: personas que ahora explotan a sus semejantes, se adueñan del producto de su trabajo y obtienen grandes ganancias mientras sus trabajadores continuaban en la pobreza. Una tragedia para mí, que sueño con un mundo donde nadie se acueste sin haber comido tres veces al día su ración de pasta con queso.

El obtener reivindicaciones y aspirar a vivir mejor se convirtió, en muchos casos, en razón de cárcel, torturas y muerte de muchos de estos trabajadores, que nunca pudieron conocer ni apoderarse de esas riquezas que tiene Venezuela, de las que nos hablas en tu apetitosa carta.

Apreciado Laureano: Maduro ha cometido algunos errores. Chávez también. Tal vez se debe a que no comen tanta pasta como yo quisiera. Pero no puedes negar que ellos han tenido enorme éxito en lograr que más y más de aquellas personas pobres y humildes (que tanto se preocupaban en llegar los lunes en la noche temprano a su casita en Petare o Antímano para poder reírse con la Rochela) puedan tener cosas que nunca habían tenido: mejor educación para sus hijos, tener un módulo médico cerquita de sus casas, poder comprar carne y pollo todas las semanas, poder viajar de cuando en cuando.

A cambio, tal vez Maduro y Chávez han cometido el error de descuidar un poco a la clase media a la que tú sientes pertenecer. Pero, aún cuando te sea más difícil conseguir algunos de los más exquisitos placeres de la vida, aún cuando ahora es más difícil viajar a tu tierra natal cada 6 meses para visitar a tu familia, aún cuando te sea más difícil comprar un carro nuevo todos los años o adquirir ese apartamento en la playa con el que siempre soñaste, sin embargo no puedes negar algo: la salsa napolitana, el espaghetti a la boloña, los vermicellis a la carbonara y todas las variedades de salsas, pastas, pizzas y pastichos del planeta JAMÁS te han faltado en tu mesa. Nunca has dejado de comer tres veces al día, a diferencia de esas millones de personas que tanto reían viéndote en los años 90, quienes en muchos casos tenían que acostarse sin comer.

Y ese éxito que tienes, en parte se lo tienes que agradecer a Chavez, mi pastoso Laureanito. Yo recuerdo muy bien cuando ibas al Aula Magna de la UCV luego de comerte un delicioso plato de raviolis, y hacías esa obra... ¿cómo se llamaba? ¡Ah, sí! ¡La Reconstituyente! ¡Cuánto te burlabas de Chávez y de todos sus seguidores! Y bien caras eran las entradas, Laureanito. Muchísimos restaurantes italianos visitaste con el dinero que ganaste honradamente burlándote de ellos. Eso fue en 1999, pero hoy a cada rato te vemos en Comedy Central haciendo lo mismo (¿qué creías, que en el cielo no tenemos cable?)

Hijo mío: entenderás que yo, como dios de todas las salsas, tengo algo de marxista, pues mi una única ambición es que todas las personas del mundo puedan comer tres veces al día un delicioso plato de pasta, con muchas albóndigas y un divino queso parmesano.

Y la verdad es que Maduro ni me cae bien. Primero que nada, no cree en mí como dios absoluto del mundo de las pastas. Segundo: se la pasa quejándose de que la salsa cuatro quesos (que yo tan amorosamente le envío) le da gases. Pero a pesar de eso le tengo aprecio al muchacho, porque él y su maestro Hugo ayudaron muchísimo a cumplir mi sueño de que a los venezolanos nunca les falte su pasta con albóndigas, tres veces al día. ¡Bien gorditos me los han puesto!

Como dios omnipastoso, sé lo que me vas a responder, Laureano: que los venezolanos tienen que hacer colas para todo, y que muchas veces no consiguen lo que buscan. Sobre esto, no quiero responderte yo. Quiero usar mis poderes como Deidad Todosalsera, para viajar en el tiempo y regresar al pasado, usando un mecanismo que viola todas las reglas físicas y escapa de tu comprensión como humano. Ese mecanismo se llama... YouTube.

Quiero que veas de nuevo aquel sketch de Radio Rochela que interpretaste en los años 90. ¿Recuerdas, mi pastafárico hijo, cómo se burlaban los compadres Isabelito Pinzón, Plinio Jaramillo y Jairo Restrepo del pobre Marx, diciéndole que de nada habían servido sus teorías comunistas porque había caído el muro de Berlín y sus pedacitos los vendían en el libre mercado a 20 bolívares? ¿Recuerdas cómo se rieron porque, en el lugar donde había una “estuata” de Marx, ahora hay un puesto de hamburguesas?

Pero entonces, un sorprendido Marx le preguntó a Los Compadres si el mundo vivía bien sin sus ideas. ¿Y recuerdas lo que respondieron Los Compadres? Te lo recuerdo: Jairo Restrepo (Lovera) dijo algo como que “el 95 por ciento de la población no se puede comer ni el papel de la hamburguesa. Eso sí: productos importados los tenemos así, en abundancia, por todos lados. Y uno tiene la libertad de morirse de hambre donde le dé la gana”. 

¡Cuánto ha cambiado el país! Hemos pasado de un país donde la gente pasaba hambre pero vivía rodeada de productos importados que no podían comprar, a uno donde tal vez cueste un poco conseguir esos productos extranjeros que tanto veían en el pasado. Pero hoy, a diferencia de los años noventa, la gente ya no está muriendo de hambre. La gente se alimenta bien. Si no quieres creerme a mí, créeselo a la FAO, que en numerosas ocasiones ha felicitado a Venezuela por sus logros en nutrición.

Y sí, hay problemas de abastecimiento, pero Laureano: no me vengas a negar que buena parte del problema viene de tus amigos empresarios, que se están llevando "la pasta" del país. Porque ellos también roban, y bastante. Y se llevan la salsa. Y la carne. Y el queso peccorino. Y el parmesano. Y los dólares. Y toda vaina.

Y no puedes negar, amigo Laureano, que algunos de ellos, como los que eran tus jefes en aquel canal de televisión, quieren llevar a los venezolanos a una guerra civil que terminaría con mucha sangre derramada. Yo jamás estaría de acuerdo con eso. Soy, ante todo, un dios de paz que sueña conque la gente viva mucho y nunca deje de comer mi deliciosa pasta. Sé que tú tampoco apoyarías esas terribles pesadillas, que son el deleite de algunos de tus amigos.

Por eso Laureano, hijo mío y gran súbdito fanático de la pasta con camarones, te suplico (soy el único dios que suplica, tal vez sea porque algunos dicen que yo no existo) que uses ese gran don del humor para la paz. Tienes todo mi permiso para reírte de Maduro... la verdad, todos nos reímos de él cuando se puso a inventar eso de los pajaritos, las millonas y la multiplicación de los penes. Pero prefiero a la gente con humor, que a la gente que rara vez sonríe, como la señora Maria Pasticha Machado. Dicen que la última vez que ella se rió, allá en los años 1500, Leonardo Da Vinci quedó tan impresionado que le dedicó La Gioconda. Supongo que ella no ríe porque hace mucho que no come mi rica pasta... desde que me cambió por la comida francesa se puso así. Pobrecita... eso le pasa por comer caracoles.

Pero tú no tienes por qué terminar de esa manera, hijo mío. Ríe. Come mi deliciosa pasta y sé feliz.

Y que ojalá vuelvas a ser el humorista que hacía reír a todos... tanto a los ricos que comen vermicellis importados de Italia, como a los más humildes que comen pasticho nacional. Hacer reír únicamente a los ricos, a los reyes, a los monarcas, eso es lo que hacían los bufones. Y yo no creo que tú seas un bufón.

Que los macarrones te acompañen por siempre.



* Nota: El Monstruo del Espaguetti Volador es una deidad ficticia creada por Bobby Henderson, licenciado en física de la Universidad Estatal de Oregón, como forma de atacar las enseñanzas de religión que habían logran implantarse en algunas escuelas públicas de Kansas, Estados Unidos.

En dicho país, sus leyes prohíben enseñar religión en las escuelas públicas, pues el Estado es laico. Pero en el año 2005, en las escuelas de Kansas, grupos religiosos conservadores lograron que se comenzara a enseñar, junto a la teoría de la evolución, una teoría llamada “diseño inteligente”, según la cual un Ser Inteligente creó al Universo y la vida en la Tierra. No podían mencionar a Dios porque violarían la ley, pero con la teoría del "diseño inteligente" podían burlar esa prohibición. 

Para luchar contra esto, Henderson remitió una carta abierta al Consejo de Educación del Estado de Kansas en la que, parodiando el concepto de diseño inteligente, expresaba su fe en una deidad creadora sobrenatural, semejante a una enorme bola de espagueti con albóndigas. En consecuencia, solicitaba que la teoría de diseño inteligente defendida por su religión, llamada "pastafarismo", fuera también enseñada en las clases de ciencias.

La parodia alcanzó mucha popularidad gracias a su difusión por los medios de comunicación. El Consejo de Educación de Kansas entendió que, si permitía la teoría impulsada por grupos religiosos conservadores, también tendrían que permitir el pastafarismo y cuanta religión loca que surgiera después, y revocó su decisión de enseñar el “diseño inteligente” en las escuelas de dicho estado.

Hoy, muchos nerds, geeks, ateos y agnósticos recordamos a esta noble deidad cada vez que nos comemos un pasticho. ¡Buen provecho!
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