21 de julio de 2013

Snowden y los retrotecnológicos


(Publicado en CiudadCCS este 20 de julio)


Era 4 de febrero de 1992. El Comandante Hugo Chávez —que ya hace 21 años era Comandante, para frustración de los mentepollos intergalácticos que quieren irrespetar su memoria— se daba cuenta de que la insurrección militar que encabezaba en contra de Carlos Andrés Pérez no cumpliría sus objetivos. Comprendiendo que debía entregarse, tomó una agenda que guardaba celosamente y le prendió fuego. En ella estaban los teléfonos de personalidades a quienes esperaba convocar… gente que sería arrestada y torturada si eran vinculadas con él.

Dos décadas después, el mundo ha cambiado totalmente. Las agendas de papel casi no se usan: han sido reemplazadas por Blackberries, iPhones y Androids, que pueden almacenar decenas de miles de contactos. Estos aparaticos tienen su propia memoria interna, pero los datos también se almacenan en los servidores de RIM, Microsoft, Apple y Google en Estados Unidos, de tal forma que, si llegamos a perder el celular, simplemente compramos otro, “sincronizamos” y rescatamos todo. Buscando comodidad y confort, pusimos nuestros datos más íntimos en las redes informáticas y servidores de empresas ubicadas en Estados Unidos, el imperio más desalmado e intervencionista de la historia. ¿De verdad necesitábamos a Snowden para saber que estábamos haciendo una estupidez?

Hace 30 años se hubiera necesitado a Posada Carriles y todos sus esbirros de la Escuela de las Américas para intentar hacer que un luchador social diga quiénes son sus amigos. Lo que jamás imaginó Posada es que llegaría el día en el que nosotros mismos se lo “cantaríamos” a Facebook sin que nadie nos torture.

En la comunidad de Software Libre nos horrorizamos la primera vez que vimos a ministros como Rafael Ramírez usando celulares Blackberry. Tuvimos que tragar grueso cuando el Presidente comenzó a tuitear públicamente desde uno de estos aparatos, y nos calamos insultos de muchos camaradas que defendían los “smartphones” como a su vida. Pero llegó Snowden y confirmó nuestros delirios paranoicos. Sólo falta que comience el debate en serio; que el caso Snowden deje de ser tratado de forma sensacionalista, para sentarnos y discutir qué vamos a hacer con nuestras tecnologías. ¿Seguiremos tercerizando nuestros sistemas a empresas nacionales y extranjeras, o nos tomaremos las Tecnologías Libres en serio, para adueñarnos de ellas y ser soberanos?

Si la derecha asciende al poder, de nada servirá quemar los celulares: todos nuestros metadatos ya están en el poder de sus aliados imperiales. Se cruzarán con los de nuestros amigos y enemigos para conocer nuestra personalidad, gustos y hábitos. Ni se molestarán en torturarnos: la NSA les dirá cosas de nosotros, que ni nosotros mismos sabíamos o sospechábamos. ¿Podrán nuestros tataranietos escapar de un mundo sin privacidad? De nosotros depende.

7 de julio de 2013

Snowden sí, Conrado también

"Cualquier solicitud de asilo de cualquier ciudadano del mundo, Venezuela está obligada a otorgarla", dijo el canciller Elías Jaua el pasado sábado sobre el caso de Edward Snowden, quien ha solicitado asilo político desesperadamente a más de 30 países del mundo. El vicepresidente Jorge Arreaza fue aún más expresivo: “¿Como no dárselo? Lo que nos enseñó el comandante Chávez fue, al que más necesita tenemos que extenderle la mano en primer lugar (...) ¿Como no darle nosotros, en la patria de Bolívar, un espacio a alguien que esta siendo perseguido por todas las grandes potencias imperiales del mundo?”, se preguntó.

Todas estas son frases excelentes, y todos las apoyamos. La vida nos permitió ser testigos del cambio que impulsó el comandante Hugo Chávez, probablemente el más espectacular de nuestra historia, y todos estamos trabajando duro y remando en el mismo sentido, defendiéndonos del Imperio más poderoso que ha existido. El asilo a Edward Snowden es uno que apoyamos los informáticos que estamos del lado de este proceso, pues al fin alguien ofrece pruebas tangibles de las denuncias que venimos realizando desde hace años: de que el uso de las redes informáticas y servicios que empresas estadounidenses nos brindan "gratuitamente" (Facebook, Gmail, Twitter, Skype, etc.) no son otra cosa sino trampas cazabobos para que demos información de nosotros mismos y de nuestros camaradas que los revolucionarios de hace 20 años no hubiera dado ni siquiera bajo la más extrema tortura.

Pero no podemos quedarnos callados ante el caso del músico revolucionario Julián Conrado, quien tuvo que unirse a las Farc como tantos otros luchadores colombianos quienes vieron diezmados sus pueblos y tuvieron que presenciar cómo masacraban a familiares, amigos y compañeros de trabajo. De no haberlo hecho, Conrado sería un desaparecido más de los cientos de miles que hay en Colombia.

Sin quitarle méritos a las declaraciones de nuestros funcionarios sobre el caso Snowden, creo que es necesario que alguno de ellos emita aunque sea una pequeña respuesta sobre el caso Conrado. Que digan que pasó con él, recordando que lleva más de un año detenido y que, al igual que Snowden, Conrado también solicitó asilo el pasado 20 de Julio de 2011, pero tras casi dos años no se le ha dado respuesta. Que nos demuestren que él no ha sido olvidado.


Que al menos se diga las razones del retraso en su petición de asilo: si es que algún ente público tiene retenido o retrasado el caso, si no se quiere perjudicar las mesas de diálogo con las Farc, o si hay otras razones. Pero mantener silencio sobre el tema es incomprensible y muy dañino. La izquierda en todo el mundo conoce el caso Conrado, y muchos se expresan de mala manera de nosotros, nuestros funcionarios y nuestro proceso cuando leen frases como las que iniciaron este artículo, preguntando por qué a Snowden sí y por qué a Conrado no.

Obvio que el caso de Conrado es muy complicado políticamente hablando. El de Snowden también. Pero creo que, con un poco de voluntad política, puede y debe resolverse.