14 de octubre de 2011

De la Nao Santa María al buque Leander

El 23 de octubre de 2005, publicamos en este mismo blog un artículo con dos fotos de la réplica de la  nao "Santa María" de Cristóbal Colón, que estaba en el Parque del Este, hoy Parque Generalísimo Francisco de Miranda, en Caracas. El barco, que en sus mejores momentos se llenaba de niños y niñas que pagaban para hacer visitas guiadas, había colapsado parcialmente; se había caído parte del mismo aparentemente porque no pudo ser mantenido y la madera se pudrió. No pudo ser mejor el destino para un barco, construido para enseñarnos a homenajear y admirar a las personas que invadieron América hace 500 años, responsables del genocidio de millones de indígenas.


En esa entrada hubo comentarios de todo género: reflexiones, lamentos, críticas, etc. Entre ellos, hubo uno de alguien llamado Manuel Bazó, que proponía con mucho entusiasmo aprovechar la oportunidad y  colocar allí una réplica de madera del buque Leander, el que trajo a Francisco de Miranda a las costas venezolanas en agosto de 1806 en uno de los primeros intentos de liberar a Venezuela del yugo del Imperio español. Bazó hizo una fuerte campaña por Aporrea y otros medios, el gobierno bolivariano confió en él convirtiéndolo en el coordinador general del proyecto, y ayer, 12 de Octubre de 2011, seis años después de que la Santa María colapsara, fue inaugurada una réplica a escala real del Leander que se levanta orgullosa en ese mismo lugar.


Debo confesar que ayer, cuando caminaba por el parque y pude ver entre los árboles a la enorme nave de 35 metros de largo y 8 metros de ancho terminada, con sus 3 mástiles levantados y un hermoso acabado, se me humedecieron los ojos. No sólo por lo que el Leander significó. No sólo por lo que nos trajo (nuestra bandera, nuestra primera imprenta, la inspiración que cinco años después se tradujo en la Independencia). Sino por el hecho de que venezolanos tuvieron un sueño y lo pudieron hacer realidad. Y fue construido por venezolanos.

El Leander en el Parque Francisco de Miranda es tan importante para nuestra autoestima como venezolanos, como lo fue también la victoria 1-0 que la Vinotinto tuvo ante Argentina el pasado 11 de octubre. Entiéndase que en una generación hemos tenido un cambio sorprendente: de ser un país que adoraba a los conquistadores que arrasaron esta tierra y se llevaron sus riquezas, ahora admiramos a nuestros héroes y nos inspiramos en ellos para hacer nuestras propias hazañas. De ser un país tan  humillado que sus habitantes muchas veces preferían vestir las banderas de otros países, ahora empiezan a respetarnos en el mundo y nos sentimos orgullosos de eso. De un país que sólo era visitado por transnacionales para llevarse nuestras riquezas (oro, petróleo y seres humanos), ahora empezamos a cruzar las fronteras para ayudar a otros pueblos del mundo a desarrollarse.

El lago tiene nuevos botes, un Café y un Cacao Venezuela
Antes le enseñábamos a nuestros niños y niñas que había que ser como Colón: un genovés que se lanzó a la mar para arrebatarle a otros las tierras, sus recursos y sus vidas, para poder ser "admirado" como un gran conquistador. A engañar, como lo hizo Colón con los indios y hasta con su propia tripulación (no olvidemos cómo Colón le robó a Rodrigo de Triana la recompensa por ver el Nuevo Mundo). Hoy,  le enseñamos que hay que ser como Miranda: un venezolano, luchador contra la injusticia y la opresión; estudioso, preparado, osado, galán. Capaz de ser un soldado, pelear y arriesgar su vida cuando tenía que hacerlo, pero un político y diplomático cuando había que solicitar ayuda para lograr su causa, sin dejar de ser romántico y amante en ningún momento.

Dijo Bazó aquella vez: "Si el sueño se convierte en proyecto y el proyecto se materializa en el barco donde la utopía llegó por primera vez a América, tal vez no pase mucho tiempo para que nuestros hijos sientan en su corazón el fuego que encendía a Miranda al ver ondear la primera bandera de la Patria, mientras caminan por el puente que los conduce a bordo del Leander". El sueño se materializó gracias a los soñadores y al gobierno bolivariano que los apoyó; sólo queda llevar a nuestros hijos e hijas a sentirse orgullosos de su país y de nuestra historia, para que se conviertan en los Miranda del mañana.
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