27 de mayo de 2006

¿Qué es un allanamiento a la Universidad?

Por Nelson Pulido (*)

(Las imágenes de este artículo fueron extraídas de la página del MIJ y corresponden a la protesta estudiantil del pasado jueves que dejó a dos estudiantes y veintipico de policías heridos...).


La historia reciente se ha encargado de dejarle claro al país qué es un allanamiento. Como ejemplo está el Allanamiento a la Universidad Central por el Gobierno de Caldera, de quien fue ministro, en su segundo gobierno, Teodoro Petkoff.


Allanamiento, en la IV República, a la que algunos quieren volver, significaba toma militar de la Universidad, con estudiantes tendidos en el suelo con fusiles FAL apuntándoles a la cabeza, muchos otros detenidos y torturados en los calabozos de la Disip o Digepol, con destrozos de locales estudiantiles, salones de clase, profesores y autoridades universitarias vejadas, con muertos y/o fusilados por los mismos cuerpos represivos de la IV República. Significaba Universidades suspendidas por semanas o meses, tanques de guerra, rectores interventores, etc. etc. y pare Ud. de contar. No hablemos de allanamiento a hogares (con detenidos, torturados, asesinados) donde las cosas eran realmente terribles.


El allanamiento a la Universidad denunciado el día de ayer, con el apoyo periodístico en vivo y directo, con fotos de prueba (que por cierto la prensa hoy no reseña), por el Rector-E Bonucci, la Decana de Forestal y otros honorables profesores, suena a exageración de la realidad que contribuye a enrarecer más aún el clima político merideño. Se grita a los cuatro vientos allanamiento y se minimiza la realidad de dos días de combate armado donde los pobres e inocentes muchachos, que la Decana quiere proteger contra la salvaje policía, han sacado armas, morteros, etc. para enfrentar a los policías, con saldo de algunos policías en cuidados intensivos por herida de bala (la prensa dice que son más de 23 policías heridos) y la ciudad arrinconada, atarugada, más que angustiada, fastidiada por la repetición del mismo libreto de violencia, que nos obliga a todos a modificar nuestra cotidianidad, para evitar ser víctima de un peñonazo o una desgraciada bala que alguno de los inocentes muchachos (estudiantes armados en justa protesta) de la Decana se le ocurra soltar en dirección al CEAPULA donde
estudian nuestros hijos.


Los merideños debemos decir ya basta, o como diría Teodoro en sus últimos tiempos de candidato de Izquierda, cuando todavía no se había pasado totalmente al neoliberalismo, ¡¡¡YA ESTÁ BUENO YA!!!


Ya está bueno de que Mérida siga siendo utilizada de carne de cañón, para calentar el clima político nacional. Un clima que para la oposición al gobierno chavista está tan frío, que su mejor candidato no llega al 5 % de aceptación. El asunto va más allá del aspecto electoral, de la decisión del Tribunal Supremo y de las elecciones de la FCU. Esto es una simple excusa para medir fuerzas, mejor dicho, para calibrar un modelo de hacer política contra un presidente que tiene más del 62% de aceptación.


Si no lo creen, analicen, piensen un momento los que ven GLOBOVISIÓN, ¿Por qué este canal ha tomado a Nixon Moreno como el estudiante modelo, el paladín de la libertad, el héroe?, y ¿Por qué Teodoro, ha dicho que defenderá a Nixon? A ver, ¿No les suena a libreto pre fabricado? Por cierto Teodoro vino a Mérida a reunirse con el pobre Nixon (1), “víctima de la represión de la fuerzas del orden”.


Lo grave del caso es que, quienes vivimos en Mérida, somos víctimas de estos macabros ensayos, que cada vez se hacen más complejos y peligrosos, ¡¡¡SE LES PUEDE OCURRIR CUALQUIER COSA!!!, MÁXIME CUANDO LAS ENCUESTAS SIGUEN FAVORECIENDO AL PRESIDENTE CHÁVEZ. Es decir, en la medida que el esfuerzo para remotar las encuestas es mayor, mayor es el peligro que nos asecha a los merideños.


El escenario que ofrece Mérida es ideal para quienes apuestan a la violencia. Veamos, dos avenidas que si se trancan generan un caos. No se requieren grandes masas de manifestantes ni convencer a los estudiantes, con cuatro gatos encapuchados es suficiente. Dos atraviesan dos autobuses, uno en la Don Tulio y otro en la Liria y el escenario está listo. La ciudad se detiene, lo demás lo hacen los policías de transito trancando las vías, luego viene la prensa (en particular hay algunos que hasta ayudan a incendiar los cauchos si los desprevenidos "estudiantes" no trajeron yesquero), las fotos en Close Up de los cuatro con fondo difuminado para que se presuponga masas de manifestantes. Mas tarde comienza la refriega, antes los tiros iban, ahora salen de la Universidad, de la Liria, de Medicina, etc. y de acuerdo a la orden dada por celular desde el "Comité de la Resistencia", las cosas se pueden ponen duras, se cambian las piedras, por armas de más alto calibre.


Lo demás ya lo sabemos los que vivimos en la ciudad. Al día siguiente, la protesta contra los supuestos abusos policiales supera la del día anterior y las denuncias de violaciones a los derechos de los que se hacen llamar estudiantes, aunque tengan semestres que no aprueban un crédito. Si se trata de desprestigiar al gobierno, la gran prensa es muy eficaz, desde las radios locales, hasta CNN, pasando por globo visión, con las debidas fotografías y reseñas de primera página, desde Tal Cual, hasta El Nacional. Pero nadie dice nada de los derechos de los merideños violados y pisoteados por estos que, de acuerdo a lo reseñado por el Diario Frontera de Mérida, "se arman para protestar".


Insisto. Alguien con autoridad moral y/o política, debe detener este pandemonium. En esta situación no se debe hacer concesiones al oportunismo político, hay que hacer caso a las denuncias y proceder con responsabilidad. No puede haber violencia buena y violencia mala, de acuerdo a si nos favorece o daña a mi enemigo político. Lo que ocurre es que hoy las piedras y proyectiles apuntaron esta vez contra el gobierno y la prensa encontró como justificarlo. Mañana puede ocurrirle a los que protegen a los muchachos, cuando estos quieran imponérseles por la fuerza para obtener algún beneficio político o económico, o forzar la entrega de su título universitario y esta vez las piedras y los "inocentes e inofensivos cañoncitos" apunten contra ellos. Ya ha pasado, muchos profesores y empleados han sido víctima de la violencia encapuchada, la semana pasada una honorable profesora de la Facultad de Humanidades, el año pasado un vehículo de la Facultad de Ciencias y sus ocupantes, en fin, creo que hay muchos más casos. ¡¡¡¡HASTA CUANDO!!!!


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* Nelson Pulido

Investigador en Ciencias Políticas

E-mail: comunicate03@hotmail.com

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