24 de abril de 2005

La autonomía es para eliminar la exclusión

(Un fragmento de este artículo fue publicado en el periódico TEMAS de esta semana; aquí lo reproduzco completo)

La Universidad Central de Venezuela, sitio donde fueron instruidos importantes luchadores sociales del país, tiene orígenes realmente peculiares, que vale la pena recordar.

La UCV fue fundada por mandato del Rey Felipe V de España el 22 de diciembre de 1721, con el nombre de "Real y Pontificia Universidad de Caracas". En efecto, los adjetivos "Real y Pontificia" no eran gratuitos: la universidad formaba exclusivamente teólogos, canonistas, juristas y médicos, una élite de jóvenes adinerados quienes defendían los fueros y regalías del Imperio español, y la "pureza" de la Iglesia Católica bajo instrucciones del Sumo Pontífice [1].

En aquella época, la universidad funcionaba donde hoy queda el Concejo Municipal; luego se mudó al actual Palacio de las Academias. Luego, Isaías Medina Angarita inició la construcción de la Ciudad Universitaria de Caracas, con Carlos Raúl Villanueva como arquitecto y gran planificador. Y el general Marcos Pérez Jiménez, un dictador apoyado por el nuevo imperio de turno, le dio un gran empujón al plan para que la antigua Hacienda Ibarra se convirtiera en la Ciudad Universitaria de Caracas, la sede actual de la Casa que vence las Sombras.

En fin: nos fundó un Rey para que trabajáramos para el Papa, y luego un dictador nos dio nuestras modernas instalaciones. Con tan oscuros precedentes, pocos se sorprenderían de que la UCV de hoy -si la juzgamos por sus voceros y representantes más notorios, y por los resultados que produce- no trabaje para la gran mayoría de la sociedad venezolana que sí la necesita, sino para intereses de corporaciones e imperios económicos.

Pero alguien que conozca bien la historia de la universidad no tardaría en recordar algunas cosas: sí, la UCV nació para servir al Rey de España, pero de sus aulas egresaron los abogados que redactaron el Acta de Independencia y que escribieron la primera Constitución. Sí, la Ciudad Universitaria fue construida por Pérez Jiménez, pero en sus instalaciones se formaron algunos de los estudiantes que ayudaron a derrocarlo. Y sí, la mayor parte de la UCV en estos momentos sirve a intereses para nada venezolanos, pero en sus instalaciones hay docentes y estudiantes que luchan por darle un fuerte sentido social. No muchos, pero los hay.

Más bolivariana que ninguna

La UCV también nos da muchas lecciones de historia. Muchos apreciamos la lucha que se realizó en la Universidad de Córdoba, en Argentina, para lograr la autonomía universitaria allá en 1918. Pero muchos años antes, nuestra universidad ya era plenamente autónoma. En 1827, el Libertador Simón Bolívar y el Doctor José María Vargas, rector de la casa de estudios, le dieron a esta universidad no sólo el nombre que tiene hoy, sino el más amplio concepto de autonomía que jamás haya tenido esta casa de estudios. En la Hacienda Ibarra ambos personajes discutían una de sus primeras y más importantes transformaciones. Vargas quiso darle plena autonomía a la universidad, lo que significaba no sólo independizarla de cualquier gobierno y otorgarle plena libertad de cátedra, sino algo aún mucho más innovador: la eliminación de la discriminación por razones raciales, religiosas o económicas en el ingreso de los estudiantes [2].

Bolívar comprendía que ello no era posible si la Universidad no tenía sus propias fuentes de ingresos, así que él se las suministró de su fortuna personal: las haciendas de la familia Bolívar ubicadas en Chuao y Cata y la hacienda La Concepción, ubicada en el pueblo de Tacata, pasaron a pertenecer a la nueva Universidad Central de Venezuela, para darle los fondos necesarios para funcionar.

Sí señores: la UCV tuvo, entre 1827 y 1883, plena autonomía académica e incluso total autonomía económica, gracias nada menos que a Simón Bolívar, aquel héroe del cual hemos oído hablar tan mal en Globovisión. "El Libertador no se reservó consideraciones especiales como jefe de Estado. Defendió la autonomía al establecer que las autoridades universitarias fuesen elegidas por el claustro y dotó a la Institución con un robusto patrimonio económico." [2]

No conozco a ningún ucevista de hoy que le dé las gracias a Bolívar por tan noble gesto; es más, en toda la enorme extensión de la Ciudad Universitaria las estatuas y bustos de Bolívar brillan por su ausencia, en especial con el antibolivarianismo que la caracteriza hoy [3]. Antibolivarianismo que se confunde y se entremezcla con antichavismo, y del radical.

Autonomía sube y baja

Seguramente aquella autonomía varguista-bolivariana no era perfecta. Desconozco si realmente los pobres entraban a la UCV del siglo XIX (universidad que apenas contaba con unos cientos de cupos, en comparación con los 50 mil de hoy). Desconozco si esa universidad hacía investigación para buscar soluciones a los problemas del país, o si había democracia y participación en sus decisiones. Pero de seguro el sueño de Bolívar y Vargas era que, en unos 100 o 150 años, sus sucesores pudieran llegar a perfeccionar una universidad que realmente trabajara para hacer crecer a la sociedad venezolana.

La universidad iba en ese camino hasta los años ochenta del siglo XX. Distaba mucho de ser perfecta, pero al menos una gran cantidad de personas humildes lograban ingresar a ella: en 1981, el 65,19% de sus alumnos venía de los liceos oficiales según explica el estudio "La exclusión de los pobres de la educación superior venezolana", de Eduardo Morales Gil.

Quienes soñaban que al llegar el promisorio año 2000 ese índice aumentaría, se equivocaron. El porcentaje se ubicó en 22,45% ese año.

Los cambios en los mecanismos de admisión influyeron notablemente en ese porcentaje. De alguna forma, las pruebas internas de las facultades están hechas para favorecer la entrada de jóvenes de clase media, en parte gracias a la cuota que se cobra para presentarlas (hoy ronda los 30 mil bolívares dependiendo de la facultad). Sólo jóvenes de clase media pueden darse el lujo de pagar 150 mil bolívares anuales para presentar 4 ó 5 pruebas de admisión (es como un raspaíto: mientras más compres, más chance tienes de ganar), sin contar conque ellos son los que pueden pagar los cursos preparatorios que muchos particulares dan para presentar estos exámenes. Quien dude de lo que digo puede dar una vuelta por las facultades y echarle un vistazo a las colas para inscribirse en las pruebas.

Por otro lado, los cambios orientados a dificultar la entrada de los más desposeídos no ocasionaron protesta alguna en el interior de la universidad. Nadie objeta tampoco el aumento de cuotas para presentar la prueba de admisión. Total, sus estudiantes ya están adentro, y no se preocupan mucho por quienes pueden entrar o quienes no.

Las "respuestas" de la UCV

El programa Samuel Robinson, que esgrime la UCV con cierto orgullo como su "respuesta" para que los pobres entren a la universidad, apenas logró la entrada de 900 bachilleres en el lapso comprendido entre 1997 y 2003. Afirman que su sistema tiene una "alta calidad" ya que la eficiencia promedio de quienes ingresaron en ese período es de 0,76 [4]. Sin embargo, no dan respuestas al medio millón de jóvenes, la mayoría pobres, quienes quieren entrar a cualquier casa de estudios universitaria pero no lo logran.

Es aquí cuando uno se da cuenta de cómo se ha torcido el tema de la AUTONOMÍA. Los que estamos adentro de la UCV queremos tomar todas las decisiones, entre ellas determinar quienes pueden entrar, sin que nadie de afuera nos critique al respecto. Pero, ¿los que están afuera de los muros de la UCV pueden confiar en que los que estamos adentro defenderemos sus intereses?

La experiencia nos dice que no.

Ni lavan, ni...

Lo peor no es la ausencia de respuestas a la Sociedad, sino la crítica contra quienes sí tratan de dar soluciones. La Misión Sucre, a pesar de sus problemas, es una respuesta que el gobierno ha dado para lograr que unos 200 mil bachilleres cursen estudios superiores y se formen en carreras necesarias en los municipios donde viven. La respuesta de la UCV, en vez de ofrecer soluciones al problema educativo, ha sido criticar la Misión y, en algunos casos, pedir su eliminación.

En mis visitas a foros promovidos por Agustín Blanco Muñoz, el rector Antonio París y otros personajes, no he escuchado ni siquiera alternativas para sustituir la Misión Sucre, salvo el programa Samuel Robinson, con el cual lograremos que los más desposeídos mueran de viejos esperando un cupo. Ni siquiera escuché propuestas para ampliar cosas que ya existen, como el programa de Estudios Supervisados de la UCV (que desde hace treinta años permite que miles de jóvenes de Caracas y el interior estudien a distancia, pero sólo existe con la carrera de Educación). Ni siquiera alguien se paró a presentar una propuesta de Ley de Educación Superior. Sólo escuché rabiosas amenazas a Chávez y sus ministros, cuyo eco rebotaba por doquier debido a la pobre asistencia a dichas charlas.

Universidad "sólo para los más aptos"

La hipocresía abunda hasta en los argumentos: vemos a diario a profesores universitarios hablando de que "no todos pueden entrar a la Universidad porque no todos tienen las aptitudes mentales para lograrlo". Nos dicen que "no todos tienen que ser ingenieros; el mundo también necesita mesoneros y albañiles".

Suponiendo que esta idea discriminatoria tuviera algo de cierto, entonces sólo un pequeño porcentaje de los hijos de profesores universitarios deberían entrar a la universidad; total, no todos son aptos, ¿cierto?

¡Falso! Los profesores que usan estos tristes argumentos tienen a TODOS sus hijos estudiando en la UCV o en otra universidad pública, gracias a los convenios que le dan ingreso automático a sus hijos sin presentar prueba de admisión. En cambio, es normal encontrar familias en los barrios caraqueños con cinco, seis u ocho hijos, ninguno de los cuales logra cupo en alguna universidad pública venezolana.

Por cierto, ¿conoce usted a algún hijo de profesor universitario que sea mesonero?

Conclusión

Espero que estas humildes reflexiones sirvan para hacer entender a algunos que aquí el problema no se trata de ponerle una gran boína roja a la UCV, o de pintarle la cara de Bolívar al edificio de la Biblioteca. El problema estriba en buscar mecanismos para que la universidad ofrezca soluciones a la Sociedad; tumbar el mito de que los muros de la UCV son inexpugnables, y de que todos los que están afuera tienen que mirar callados su esplendor sin pedirle retribución alguna al recinto universitario.

Porque ese obrero que gana sueldo mínimo y sale todos los días del barrio El Carpintero para trabajar y mantener a sus 4 pequeñines debe entender que él, con los impuestos que paga y con el petróleo que está en el subsuelo y le pertenece, le está pagando los estudios a jóvenes de clase media que pronto serán ingenieros o licenciados, mientras que sus hijos tal vez sólo serán obreros como él.

Las cosas empezarán a cambiar cuando este señor comprenda que sus hijos tienen tanto derecho de entrar a la UCV como los jóvenes de clase media. Las cosas empezarán a cambiar cuando quienes estemos dentro de la UCV comprendamos que, por cada uno de quienes entramos, hay por lo menos 200 personas que se quedaron afuera, a quienes representamos y por quienes tenemos que luchar. Las cosas empezarán a cambiar cuando los ucevistas egresados comiencen a trabajar para MEJORAR las condiciones de vida de TODA la sociedad, y no para SUBIR escaños dentro de la sociedad.

Hagamos entonces que las cosas empiecen a cambiar, o sino otros lo harán por nosotros. Y luego no podremos quejarnos de que no se nos preguntó.




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[1] El propio sitio web de la Biblioteca Central de la UCV afirma que la universidad en aquel entonces "velaba por la pureza de la Religión Católica, bajo la rígida corriente escolástica".

[2] Historia de la Biblioteca Central, por la profesora Eudis T. Borra Ortiz. Extraído del sitio web de la Biblioteca Central de la Universidad Central de Venezuela. http://www.sicht.ucv.ve:8080/biblioteca/historia.htm (27-03-2005)

[3] En cambio, un busto de José María Vargas domina la Plaza del Rectorado. No es intención de mi persona el proponer la colocación de bustos de Bolívar por doquier; "Tu herencia es el pan nuestro de cada día", escribió Neruda respecto al Libertador.

[4] Fuente: Reporte de la Secretaría de la UCV emitido este año.
La eficiencia es un indicador que expresa, en este caso, que el 76% de los créditos de las materias inscritas por los estudiantes fueron aprobadas.

12 de abril de 2005

"Luto activo" con el Papa

Cito del artículo "Síndrome mediático del 11 de abril" escrito por el comunicador Earle Herrera:

Ni la muerte del Papa escapó a la locura de esta gente. La cantidad de feligreses que asistió a las misas celebradas, no por pura coincidencia en iglesias del este, hizo creer a los derrotados de abril que la oposición había resucitado y que marchar sobre Miraflores era cosa de toser y rezar. Un canal, como si Juan Pablo II hubiese sido militante de la guarimba piromaniaca y rochelera, colocó en pantalla el cintillo “Luto activo”. Allí lo mantuvo hasta que alguien de la planta advirtió el ridículo radioeléctrico y el rechazo popular que provocó el uso politiquero de la muerte del pontífice. Sólo entonces cambiaron la consigna de la errática coordinadora democrática por un lazo negro. No se pudo aprovechar el deceso del Papa para revivir mediáticamente a la oposición y, mucho menos, para recalentar la calle.

La consigna política de “Luto activo” colocada en pantalla ante la muerte de Juan Pablo II, chocó y ofendió a los mismos católicos de la oposición. Fue algo peor que un error. Igual ocurrió con las alusiones políticas que algunos prelados introdujeron durante la eucaristía. La gente no es imbécil. Los medios, en lugar de recalentar la calle, lo que lograron fue calentar contra ellos a un sector de la población ya cansado de que se le utilice. Ese descarado oportunismo religioso y audiovisual terminó por enfriar la convocatoria para marchar con candela y fogatas el 11 de abril. Poco, muy poco han aprendido en los tres años que nos separan del golpe de Estado.

10 de abril de 2005

s a c a M e l o (parte II)

Pasé hoy por el blog de Inita, y vi que no soy el único molesto por la intromisión de Movistar, hasta en el mundo periodístico.



Cito a Inita:
Sin verguenza y con mucha M el periodismo debe sincerarse y reconocer que está ahí no para "informarnos y hacernos libres gracias al conocimiento" (risas) sino para vender... para vender y listo.

Cito a la revista Producto Express:
En El Nacional, la 'inesperada aparición' de la M, el pasado jueves 31 en las páginas de política (A-3) y deportes (B-3), causó molestia entre los periodistas quienes, en protesta, decidieron no firmar sus artículos durante los cinco días que dura la campaña.

Curiosamente, sólo VTV y el ministro Andrés Izarra se hicieron eco de esta protesta de los periodistas. Quien quiera leer más de mi inconformidad con Movistar y sus nuevos dueños, la Telefónica de España, puede hacerlo cliqueando aquí.

La muerte del Papa, y la Conferencia Episcopal

El sábado pasado, luego de la muerte del Papa, Vanessa Davies logró entrevistar telefónicamente al Monseñor Mario Morontas para conocer sus impresiones sobre el lamentable incidente. Pero una de las preguntas que más llamó la atención tuvo que ver con las misas que la Conferencia Episcopal de Venezuela (CEV) había convocado para el domingo: una en la Iglesia San Juan Bosco de Altamira, y la otra en la Iglesia de La Chiquinquirá en La Florida.

"¿Por qué todas las misas de la CEV se celebran en el este de Caracas?", preguntó Davies recordando que la mayor parte de la población de Caracas -la más pobre, además- vive en el oeste. A Morontas no le quedó otra que responder que "desconocía la razón" de esa decisión, y no quiso hacer más alusiones al respecto.

Un amigo opositor intentó convencerme de que el problema radicaba en que las iglesias del centro y oeste de Caracas son chiquitas. Luego pregunté, y me informaron que las iglesias de Santa Teresa, de San Martín y hasta la propia Catedral podían agrupar más gente que la Iglesia La Chiquinquirá; aún si la Catedral se quedara pequeña, se podían colocar pantallas gigantes en la Plaza Bolívar.

Otra cosa en la que él tenía razón era que se estaban efectuando misas en todas las iglesias; no era necesario que alguien del oeste se trasladara al este si únicamente quería ofrecerle sus respetos al Papa, ya que eso podía hacerlo en cualquier iglesia caraqueña.

Pero el hecho es que la CEV sí politizó el asunto.

Hoy, el Presidente Chávez confirmó que ninguno de los miembros del Gobienro fue invitado a las misas realizadas por la CEV en el este de Caracas. Ello los obligó a convocar una misa el viernes pasado en la Catedral de Caracas, adonde también fueron invitados los miembros de la CEV, quienes no asistieron.

Son muchas las dudas que quedan respecto a esto. ¿Por qué la CEV le rehuye al oeste? ¿Por qué ni siquiera la muerte del Papa podía hacerles olvidar por algunas horas los rencores políticos y sociales que dividen a Venezuela?

No creo que sea simple antichavismo. Si el problema fuera que no quieren reunirse con el gobierno, hubieran podido hacer una misa en la Catedral sin invitarlos. Personalmente creo que el problema radica en algún tipo de racismo o de clasismo que evidentemente no van a confesar, pero que -luego de escuchar tantos cuentos provenientes de mis familiares sobre lo racistas y clasistas que son muchos curas de la Iglesia Católica- en particular a mí no me sorprenden.

¡Menos mal que no soy católico!

9 de abril de 2005

¡ s á c a M e l o !

En los años 40 del siglo XX, George Orwell escribía su novela "1984", prediciendo un mundo en el cual su gobierno totalitario era capaz incluso de alterar la historia pasada y convencer a los ciudadanos de que algo no existió.

En efecto, el protagonista trabajaba en el Ministerio de la Verdad de Oceanía, uno de los tres países que existían en su mundo. Cada vez que el gobierno se lo ordenaba, buscaba los periódicos y libros (sólo el gobierno los tenía) y les cambiaba determinados hechos no convenientes, que se deseaban modificar o incluso eliminar de la historia. En efecto, el gobierno podía hacer que las raciones de alimentos disminuyeran y sin embargo la gente se alegrara, convencida de que habían aumentado, pues eso decía la Historia y la propaganda del régimen.

De esa forma, la novela de Orwell criticaba al gobierno comunista de Stalin. Pero el autor nunca previó que el capitalismo también podría hacer cosas similares.

Y es que nadie pudo predecir en 1940, que algún día España volvería a reconquistar a Sudamérica sin tener que utilizar ni una sola caravela. En efecto, una compañía europea compró las compañías telefónicas celulares más importantes de varios países de Sudamérica, repentinamente tiró a la basura marcas corporativas autóctonas que tardaron años en formarse, y de pronto impuso, a través de una de las campañas publicitarias más costosas nunca antes vistas, su nueva marca y su nuevo patrón, lavándonos completamente el cerebro.

Telcel... ¡buagh!

Telcel no es santa de mi devoción. Construida por la Organización Cisneros, sin embargo, he de reconocer que fue la primera empresa que comercializó la telefonía celular de Venezuela, fue la que tuvo más suscriptores y contó con la mejor cobertura. Sus tarifas eran costosas, pero su target era corporativo: empresarios, ejecutivos y gerentes, pero aprovechada por las millones de personas que vivían en el interior del país o necesitaban trasladarse allá con frecuencia, en cuyos casos Movilnet, Digitel, Infonet o Digicel simplemente no daban la talla.

Telcel BellSouth, aún con participación de Cisneros, se involucró sin mayor pudor en el golpe de abril de 2002, cuando cortó las comunicaciones a miembros del gobierno bolivariano el día 11 en la tarde y luego, el 13, publicó en la prensa vistosos anuncios saludando al nuevo régimen del dictador Pedro Carmona. Lástima que no tengo escáner...

TELCEL celebra con toda Venezuela
LA LIBERTAD.
Libertad de llamar donde quieras.
Larga Distancia Nacional
GRATIS
De tu Telcel Celular o
TelcelFijo, sin importar
la compañía, para que
celebres con tus seres
queridos el brillante futuro
que nos espera.

No se sabe si la raya de ser una empresa golpista habrá influido en la decisión de Bellsouth y Cisneros de vender la empresa. Conozco al menos 6 personas que se cambiaron de Telcel sólo porque no querían continuar regalando dinero a una empresa que colaboró con el dictador Carmona Estanga. Pero luego conocí aún a más personas, de toda tendencia política, que se cambiaron simplemente porque Telcel era muy cara, y no tenía los adelantos tecnológicos de otras, como Digitel.

Telefónica se hace cargo

Finalmente Telefónica de España compró a Telcel. Nunca he estado de acuerdo en que transnacionales extranjeras se adueñen de empresas estratégicas para Venezuela, y pienso que es un error del Gobierno Bolivariano el haber permitido esto. El hecho es que hoy una empresa extranjera controla los teléfonos celulares de unas 5 millones de personas, sin demasiada regulación.

Y como si no bastara con haberlo hecho, Telefónica nos lo restriega en la cara. Con una campaña multimillonaria, que involucra no sólo el eliminar la palabra Telcel de la faz de nuestro país, sino el grabarnos en cada neurona el nombre "Movistar", la empresa española eliminó repentinamente cualquier vestigio de que Telcel alguna vez haya existido.

Sólo falta que alguien se encargue de eliminar el nombre de bibliotecas y hemerotecas. Pero nuestra sociedad es inversa a la de 1984. Nosotros no adquirimos nuestros conocimientos de las bibliotecas, así que no hace falta tocar nada allí. Más bien...
  • Eliminaron el nombre "Telcel" de las vallas, centros de comunicaciones y kioskos, y los sustituyeron rápidamente por Movistar utilizando calcomanías y fachadas.
  • Colocaron enormes pendones en los centros comerciales más grandes de Venezuela, como el Sambio y el San Ignacio. Igual destino sufrió el edificio de Telcel al lado del Parque Cristal.
  • Nos lavaron el cerebro mediante comerciales de radio y televisión.
  • Compraron grandes espacios en la prensa escrita, y no sólo simples páginas de publicidad. Incluso se atrevieron a colocar la "M" como una marca de agua en el fondo de artículos informativos y periodísticos de la Cadena Capriles, el Bloque Dearmas y el diario El Nacional, lo cual trajo enérgicas protestas de los periodistas quienes vieron manchados sus artículos con la fastidiosa M. "En El Nacional, la 'inesperada aparición' de la M, el pasado jueves 31 en las páginas de política (A-3) y deportes (B-3), causó molestia entre los periodistas quienes, en protesta, decidieron no firmar sus artículos durante los cinco días que dura la campaña", dijo la revista ProductoExpress.
  • Se hicieron conciertos multitudinarios donde se regalan celulares a granel.
  • Se llenó a Internet de banners y rascacielos con la bendita M, sin contar su enorme sitio web, que se rehizo completamente.
  • Se colocaron enormes conos horizontales con el nombre de Movistar en la hasta ahora sagrada Base Aérea Francisco de Miranda.
  • Llenaron el estadio de la UCV de globos con el nombre de la nueva empresa
  • Llenaron los torniquetes del Metro con calcomanías de "sigueMe".
  • Utilizaban "Segways" (los patines esos de dos ruedas que Steve Jobs, como uno de sus inversionistas, aspira que reemplacen a nuestras piernas... ver a la derecha) en la torre Telcel de Parque Cristal para atraer gente.
  • Hasta colocaron en los postes de luz pancartas de tela con la M de Movistar y el logotipo de Telefónica, como si esto fuera un evento político.... estem, disculpen. Olvidé que esto sí es un hecho político, pues después de todo ¡nos están conquistando!
Nunca, de ninguna otra forma, se había hecho una campaña publicitaria tan ambiciosa, no sólo en nuestro país, sino también en Argentina, donde también desapareció la empresa de telefonía Movicom.

Parece que la intención de Telefónica no era simplemente dejar en claro que ellos estaban a cargo. "Gracias a la globalización, hemos conquistado Sudamérica. Ahora, ¡dennos su dinero, que nosotros a cambio les daremos estos lindos espejitos!", decían mientras esgrimían un obsoleto celular que promocionan a 99.500 bolívares.

¡Sí señores, nos conquistaron... otra vez! ¿Y qué otra explicación podemos darle al hecho de que se violó una de las leyes más viejas del mercadeo, que es el respetar a una marca bien consolidada y establecida? De repente, la Telcel corporativa desaparece y le ponen ese nombre... Movistar... que más bien suena a página web de críticas de cine... que para colmo se presta a confundirse con su rival, Movilnet... con un logotipo que parece más bien un globo de esos que regalan a los niños.

Y lo peor es que nosotros caemos como tontos, igual que hace 500 años. Quienes crean que esta costosísima campaña publicitaria pasará gratuitamente y que nunca nos la van a cobrar, están equivocados. Tarde o temprano, quienes se pasen a Movistar pagarán esta gran campaña publicitaria en las tarifas de la empresa, ya sea en el costo de los minutos o de los servicios adicionales.

Luego no digan que no se les advirtió.

El reto

Hacia junio de este año, le reto a que trate de decirme, sin buscar en Google, cual era el nombre de la empresa venezolana de celulares que fue comprada por Telefónica y hoy tiene el nombre de Movistar. Sí, esa, que era anunciada por Gilberto Correa y Pedro Castillo.

Le aseguro que no lo recordará.

(Se han corregido algunas imprecisiones; gracias a quienes las hicieron notar de buena fe)