10 de diciembre de 2005

Propaganda en películas: El Caracazo vs. Las Crónicas de Narnia

En Venezuela, hay varias películas de moda en estos momentos, entre ellas Las Crónicas de Narnia, de los Estudios Disney, que se estrenaron ayer a nivel mundial, y El Caracazo, de Román Chalbaud, película que retrata lo ocurrido el 27 de febrero de 1989, cuando decenas de miles de personas salieron a las calles de Caracas y otras ciudades del país y asaltaron abastos y locales comerciales. Fueron cruelmente reprimidas y se calcula que unas 5 mil personas fallecieron en esos hechos.

"El Caracazo" es, sin duda alguna, digna de verse. Tiene escenas realmente increíbles y su calidad visual es única. Hay muy buenos efectos de sonido (al fin Chalbaud le estrechó la mano al Dolby Digital) y muchas conversaciones en exteriores fueron re-hechas en estudios de grabación para evitar los clásicos problemas de sonido que tanto afectaron a las películas venezolanas del pasado (aún cuando hubo algún que otro problemita de sincronización).

Las escenas y reconstrucciones fueron monumentales y pasarán a la historia del cine venezolano. El asesinato de Felipe Acosta Carlez, el comienzo de los saqueos en Guarenas o la llegada del Ejército al 23 de Enero, con las personas corriendo por los pasillos de los bloques... son escenas mágnificamente planificadas, coordinadas y realizadas. El ver ese montón de automóviles y motocicletas viejas era nostálgico y mostraba la precisión y el cuidado con el que se crearon las escenas, y la dedicación de todo el equipo, extras incluidos.

"El Caracazo", sin embargo, no es un film técnico. Es el retrato de lo que ocurrió en Venezuela el 27 de febrero de 1989 y los días subsiguientes. Sin embargo, lo que pasó ese día tuvo su origen muchísimo antes de la llegada de Pérez al poder. Fue algo que se fue acumulando poco a poco, día tras día, y eso no se ve en el film.

Si bien las reconstrucciones son espectaculares, la película falla en la trama y los personajes. No me malentiendan: si El Caracazo hubiera sido puramente documental, tendría cinco estrellas. Pero estamos hablando de cine de ficción enmarcado en un evento histórico (como "Memphis Belle", "Lo que el viento se llevó" o "Titanic"), y en estos casos el profundizar en los personajes tiene que ser algo vital para que haya una historia que contar, que nos deje un mensaje claro, que tenga por debajo de lo superficial una clara metáfora.

Pienso yo que era imprescindible profundizar en la vida previa de los personajes principales. Era necesario explicar por qué habían luchadores de izquierda o por qué el personaje que interpreta Carrillo pertenecía a la Liga Socialista y su novia era una muchacha de barrio a pesar de que él era de clase media-alta.

Había que explicar por qué esos Disips eran unos desgraciados, en vez de encasillarlos como los malos necesarios. Se tenía que mostrar cómo vivía la gente más humilde y qué les había pasado en los 30 años que llevaba la democracia venezolana. Era necesario dar a entender que la gente no salió a saquear únicamente porque Carlos Andrés Pérez aprobó unas medidas neoliberales, sino porque habían muchas otras cosas detrás de eso.

El guión carece de metáforas. No hay sorpresas, todo es predecible, ello a pesar de la gran variedad de posibilidades que ofrecía un acontecimiento histórico como ese. Las historias de los diferentes afectados están muy distanciadas entre sí; pudieron enlazarse como se hizo en la película mexicana "Amores perros".

¿Caracazo propagandístico?

Pero lo que me molestó de la película fue el final. No tiene sorpresa alguna y pasa a un discurso pronunciado por un coronel, interpretado por Pedro Lander (izquierda... foto tomada del blog de Reindertot). Ello a pesar de que ese personaje es un militar que sufre al ver muchas de las injusticias del 27-F, y quien bien pudo haber sido el personaje central de toda la película.

Es importante aclarar que este discurso de 30 segundos es la única parte de la película donde puede verse algo de "propaganda". De resto hay opiniones de algún que otro personaje, pero siempre hay un equilibrio: se muestra que hay policías y militares buenos, se muestra que hay políticos adecos/copeyanos buenos que estaban en contra de lo que ocurría en las calles, se muestran al inicio de la película opiniones en contra del presidente Chávez.

Por supuesto que la película tiende a identificarse con la izquierda, pero -salvando el discurso del militar- creo que la mayoría de las personas opositoras no la pasarán mal viendo esta película, al igual que yo no la paso mal cuando veo la serie "24" de Fox a pesar de la gran cantidad de propaganda indirecta que suele incluir.

Por cierto, la película tiene un error histórico: afirma que los cuerpos hallados en La Peste fueron ubicados en 1999, cuando en realidad fueron encontrados muchísimo antes, creo que en 1992 ó 1993 (recuerdo que CAP aún era presidente).

¿Es o no es propaganda?

Ahora bien, vamos a hablar de propaganda, y de PROPAGANDA. En estos días he escuchado y leído comentarios muy desagradables que afirman que "El Caracazo" es una burda propaganda gubernalmental que costó 3 mil millones de bolívares a todos los venezolanos, comentario por supuesto propagado en Noticiero Digital y Globovisión, pero que también escuché muchísimo de boca de amigos y conocidos en la UCV.

Personalmente pienso que esos son comentarios absolutamente injustos, que incluso buscan borrar al 27 de febrero de nuestras mentes. Es cierto que la película tiene algunas partes que son obvia propaganda, pero estas partes, si las sumamos, no llegan a más de 2 o 3 minutos de cinta. El Caracazo dura casi dos horas; ¿desecharemos una película que retrata tan bien este evento histórico, simplemente por no querer ver a Pedro Lander pronunciando un discurso de 30 segundos?

Y es que, en efecto, la película costó 1,3 millones de dólares, cifra irrisoria si hablamos de cine (recordemos que tan sólo el film de 35 mm puede costar miles de dólares; el revelado puede costar decenas de miles de dólares más, las conversiones necesarias para poder hacer la edición y el colocarle sonido Dolby cuesta decenas miles de dólares, al igual que el alquiler de los estudios de grabación, etc.) No es lo mismo lo que hizo Jakubowicz con Secuestro Express, filmada en MiniDV, a lo que hizo Chalbaud con 35 mm, pues el uso de este formato dispara los precios.

Por otro lado, todos estamos pagando entre 8 mil y doce mil bolívares para ver la película. Se supone que los 3 mil millones son un préstamo del CNAC que se irá pagando con las ganancias del filme a nivel nacional e internacional (corríjanme si me equivoco).

Propaganda en las Crónicas de Narnia

Ahora bien, casualmente acabo de ver las Crónicas de Narnia. Una película distribuida por los estudios Disney, con un presupuesto cercano a los 250 millones de dólares.

Y esta sí que es realmente una película propagandística, con un guión que toma elementos de los evangelios bíblicos para retratar a un Jesucristo en forma de León. Su muerte y resurección es necesaria como medio para salvar al reino mágico de Narnia a través de... la guerra.

Y no es una metáfora, como Neo en The Matrix. Las Crónicas de Narnia retratan vívidamente la vida de Jesucristo, de una forma tan obvia que todos los que estaban cerca de mí en el cine lo apreciaron al instante. Incluso se extraen frases de los evangelios en los momentos claves, tales como el via crucis y posterior sacrificio del León ("¡miren, al gran León!") o su posterior vuelta a la vida para salvar al mundo.

De esa manera, unos niños que huían de la II Guerra Mundial terminan inmiscuidos en otra guerra, esta vez en un mundo mágico. Se usa nada menos que a Santa Claus para darle armas a los niños y justificar su participación en las guerras de Narnia (y los niños se despiden de él muy contentos), y finalmente los cuatro protagonistas son premiados convirtiéndose en reyes luego de haber participado en una batalla encarnizada al puro estilo Braveheart, donde dos de ellos mataron a un gentío.

En otras palabras, una basofia republicana conservadora, que le hace propaganda descarada a la religión cristiana y al guerrerismo como solución a los problemas, y que fue publicitada como una película que imita el estilo de Harry Potter o El Señor de los Anillos, pero que no le llega ni a los pies a ninguna de las dos (ni siquiera a nivel de efectos especiales... en mi opinión se perdieron esos reales).

No es por nada, pero francamente prefiero 100 mil veces al Caracazo, que es una película sincera y hecha por alguien que admira al presidente Chávez y no lo esconde, y no a Las Crónicas de Narnia, que se vende como una película para niños pero que termina inyectando a los más inocentes propaganda guerrerista y religiosa.
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