12 de noviembre de 2005

Salud pública y privada... ¿sólo la garantiza el dinero?

Llevo días desconectado del blog, y debo disculparme. Adelanté un poquito con mi tesis, estoy ayudando en la organización del III Foro Mundial de Tecnologías Libres de Maracaibo, comenzaron los cursos de alfabetización tecnológica en el CNTI y también estoy viendo una electiva de fotografía.

En fin. Llevaba días sin entrar a mis blogs favoritos, y cuando entro en Isopixel veo que uno de sus escritores, Raúl, informó que su hermano murió de neumonía luego de días de agonía.

Días antes de su muerte, Raúl (quien vive en México) escribió:

Cabe destacar que cada día en terapia intensiva cuesta alrededor de 5 mil dólares, ustedes ya sabrán. Estamos todos desesperados, pero una cosa si me queda clara, venderemos todo lo que tenemos por salvarle. Si Dios quiere y nos deja verle un signo de mejoría le moveremos al Instituto Mexicano de Enfermedades Respiratorias.

Su hermano "se paro el viernes de madrugada para llegar a sus clases en el Tecnológico de Monterrey. No subió ni un piso cuando las fuerzas le fallaron, pero, su maldito seguro de gastos médicos en GNP, sólo le cubre unos 25 mil dólares y lo que parecía una neumonía tratable en 5 días se ha complicado al punto que ya les relaté y no hay modo de crecer su póliza."

Una enfermedad inesperada puede hacer quebrar a una familia de clase media que decida tratar a un familiar en una clínica privada. Una enfermedad perfectamente tratable se convierte en la causa de muerte de miles de personas al año en Venezuela y otros países debido a problemas con las aseguradoras, a clínicas privadas que cierran las puertas a personas que se quedan sin dinero, y a que los hospitales públicos simplemente son un desastre.

Las tres partes son culpables. No podemos sentarnos a culpar a los gobiernos por el mal estado de los hospitales sin tampoco criticar a las clínicas privadas por su falta de sensibilidad por la vida humana, y a las aseguradoras por hacer cualquier tipo de peripecias con el fin de dejar desguarnecidos a sus asegurados.

Nuestra sociedad está hecha para convencernos de que endeudarnos es bueno siempre y cuando sea para comprar televisores, DVDs, carros, cámaras. También nos ponen las cuñas más bellas del mundo, con Gilberto Correa abrazando a un niño o a un ancianito, para tratar de convencernos de comprar un seguro. Pero en cuanto hay una emergencia de vida o muerte, toda esa "bondad" repentinamente desaparece.

Las recetas neoliberales insisten en que la salud no debe ser gratuita, sino que los costos deben ser pagados por los beneficiados, ya sea directamente o a través de aseguradoras. En Estados Unidos, George W. Bush está haciendo grandes esfuerzos para privatizar el Seguro Social argumentando que genera deudas impagables para los Estados Unidos. Esa es la receta que, desde hace décadas, han entregado a países del llamado Tercer Mundo, logrando sistemas de salud que ofrecen atención de calidad a unos pocos que pueden pagarla, mientras que los más pobres caen bajo la ley de la supervivencia del más apto.

Lo triste es que ningún medio privado nos habla sobre las personas que han sido mal tratadas o que son víctimas de malas praxis en las clínicas privadas o en los hospitales públicos. Hay una especie de veto allí, que nos hace creer que las clínicas privadas son perfectas o que las cosas que hacen ellas o sus socias las aseguradoras son cosas que hay que aceptar porque "la vida es así".

Hace falta que alguien se pare y demuestre que ese sistema no funciona para los más pobres, y que sí se puede crear un sistema de salud pública eficiente y gratuito, que sirva para todos. Es allí donde está la pesadísima responsabilidad de Hugo Chávez: o lo hace él y demuestra que sí se puede, o nos jodemos todos.
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