22 de octubre de 2005

Los blogs del futuro tienen que ser para todos

Si algún ser alienígena tuviera la posibilidad de conectarse a la Internet de nuestro planeta para poder investigarnos, y si asumiera que la totalidad de la humanidad puede juzgarse a partir de esa pequeñísima minoría que se autodenomina "los blogueros", el extraterrestre llegaría a la conclusión de que el 95 por ciento de los seres humanos somos computistas, diseñadores gráficos o periodistas, que no vivimos más de 35 años, y de que la mayor parte de los terrícolas están interesados únicamente en gadgets, tecnología, en algo llamado "web 2.0" y en el último invento de un señor llamado Steve Jobs.

Y es que la tecnología existente detrás de los blogs han permitido que cualquier mortal pueda escribir su propia bitácora sobre el tema que él o ella deseen, pero aún así sólo un determinado sector de nuestra sociedad es el que se ve representado en la blogósfera.

Comencemos por el eterno mal de nuestro planeta: la pobreza. En mi país viven 23 millones de personas, pero sólo dos o tres millones tienen algún tipo de acceso a Internet. Entre los restantes, muchos no tienen ni siquiera teléfono, o -peor aún- no tienen servicios tan básicos como cloacas o aguas servidas. Algunos viven en casitas donde el piso es de tierra, las paredes son de latón y el techo es de zinc. Y no estoy hablando de pueblitos remotos, sino de algunos sectores de la propia capital del país.

En nuestro país, Venezuela, hay 1.900 blogs registrados en el principal directorio local. A pesar de que hubo un incremento de blogs de casi 400 por ciento en los últimos doce meses, son una cantidad insignificante si los comparamos con el total de internautas, o con el total de habitantes de mi país. La tendencia, sin embargo, es al alza, y cada día más y más personas sucumben fascinadas al fenómeno de los blogs, liberando a ese comunicador social que llevan dentro de sí.

Mucho se puede hablar del futuro de los blogs. Pero ese futuro será más plural y variado a medida que la pobreza disminuya, lo que requiere brindar acceso y educación a las nuevas tecnologías para todos.

En un futuro así, podremos aprender más de nosotros mismos. Podremos ver a indígenas yukpas, yanomamis y wayuus utilizar bitácoras para hablar de su cultura y exponer sus problemas... tal vez incluso en su propios idiomas. Podremos ver blogs interesantísimos de médicos contando las nuevas innovaciones en salud, de bomberos comentando lo bello y lo espantoso de su trabajo diario, de un plomero o un albañil quien es fotógrafo en sus ratos libres y quiere exponer sus obras al mundo... o cosas tan sencillas como una muchacha escribiendo sobre el día a día de su barrio, hablando de sus aburridas cotidianidades que, para alguien que vive a metros o kilómetros de allí, son historias fascinantes.

Los blogs ganarán importancia destacando lo local: en vez de copiar, pegar o traducir lo que apareció en una bitácora gringa, los mejores blogs seran aquellos que generen contenidos propios sobre lo que una comunidad bien delimitada ha logrado en determinado tema.

Por ejemplo, un blog de diseño de Barcelona se centrará en dar a conocer al mundo los nuevos sitios web 2.0 que aparezcan en España, y no le parará mucho a algún carrito de compras con drag-and-drop que sea fabricado por Google Australia. Un blog sobre tecnología ubicado en alguna favela de Río de Janeiro le dará prioridad a la instalación de una red wi-fi que se haga en su sector y los cambios y beneficios que eso logre allí, en vez de estar escribiendo sobre el trillado tema de que Google está colocando wi-fi en San Francisco.

Ese es el futuro con el que yo sueño en el mundo de los blogs, que por supuesto traerá una nueva gama de problemas (¿cómo clasificar, relacionar y encontrar tanta información?). Pero quienes soñamos con un mundo utópico donde la pobreza no exista apuntamos en esa dirección.
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