15 de septiembre de 2005

Lentitud en los rescates, problemas en una sociedad racista

Quisiera descansar de lo de Nueva Orleans. Pero cada día que pasa uno escucha más y más relatos indignantes que crispan el alma y le hacen a uno exigir que alguien se pare y ayude a los más pobres de entre los estadounidenses.

Walter Martínez transmitió en el programa de análisis internacional "Dossier" otro caso del cuerpo de una persona fallecida en Nueva Orleans, que estuvo días en las calles de la ciudad, en una calle moderadamente transitada. Los denunciantes afirmaron que pidieron a los rescatistas sacar el cuerpo de allí. Los rescatistas colocaron banderines alrededor del cadaver, taparon su rostro con una tela y escribieron un mensaje en una ventada de una casa cercana.

Cuatro días después, el cadaver seguía allí. Cuando la periodista preguntó a los rescatistas por qué no lo retiraban, afirmaron que no estaban autorizados para ello. La ciudad había contratado a una empresa privada, que contando con un grupo de sesenta personas eran los únicos autorizados para remover los cuerpos.

Historia por demás muy parecida a la que contaron Jacob Appelbaum y Malik Rahim recientemente y que reseñamos aquí. Ya van más de 700 muertos confirmados, con 144 hallados solo este martes.

Racismo en los refugios, las ciudades y la reconstrucción

Este artículo del periódico español La Vanguardia cuenta la visita de una periodista a un refugio de la Cruz Roja llamado River Shelter, en Baton Rouge (muy cerca de Nueva Orleans) donde hay unos dos mil damnificados, todos afroestadounidenses (negros). "El huracán discriminó como un Ku Klux Klan. En los barrios con niveles elevados de inundación - según The New York Times-,un 76% de la población era negra, frente a sólo un 43,5% en los otros."

Ya hay inquietud en Baton Rouge, capital de Luisiana (...) Lo que más temen las clases acomodadas de la ciudad, sin embargo, es la presencia de la gente del River Shelter. "¡Uy! Si el River es el más salvaje de todos", exclama una empleada blanca de una oficina de telefonía móvil cuando le digo que duermo en el Shelter. "Nadie sabe cómo va a ser eso a largo plazo", reflexiona un abogado blanco antes de subir a un Hummer, version civil. O, como dice con menos preocupación una camarera afroamericana: "En una semana, Baton Rouge se ha convertido en Chicago".

La comparación es apta. El historiador John Barry sostiene que el desencadenante de la gran diáspora negra de los años treinta y cuarenta desde el sur hasta las ciudades industriales como Chicago y Cleveland fue la gran inundación de Luisiana de 1927. Ahora, con cientos de miles de refugiados, principalmente negros, repartidos por el país, muchos de ellos con escasos motivos para regresar, se empieza a cuestionar si pasará lo mismo.

Esto no sé si calificarlo de triste o de gracioso:

Todo parece indicar que la reconstrucción también discriminará. Mientras los refugiados en River Shelter esperan ansiosamente alguna noticia sobre un familiar desaparecido o van en busca de trabajo provisional en McDonalds o Wal Mart, unos tres mil damnificados del suburbio de Saint Bernard (blancos de clase media baja y obrera) llegaron en coche a la sede del Gobierno en el centro de Baton Rouge para manifestarse. Saint Bernard, de 66.000 habitantes, en la orilla del lago, fue arrasada por una ola de siete metros. Sus residentes -la mayoría alojados con familiares- exigen indemnizaciones de sus aseguradoras o estatales. Y se preocupan porque "sólo van a cubrir casas de hasta 250.000 dólares".

Para terminar:

El futuro para los del River Shelters aparece en los convoyes de camiones que entran por las autopistas cargados de casas móviles: se planea construir una serie de ciudades tráiler de 25.000 habitantes, barrios provisionales que se convertirán en permanentes. (...) Curiosamente, "en el Shelter las bandas han hecho las paces".
Publicar un comentario