6 de agosto de 2005

Hiroshima: Censura después de la bomba

Citas de algunos testimonios de sobrevivientes de la bomba atómica lanzada en Hiroshima en 1945 por Estados Unidos, recopiladas por el equipo de BBC Mundo.

Esta conducta gringa explica mucho de lo que pasa en Irak y Guantánamo hoy.

Takashi Morita
Censura después de la bomba


Cuando terminó la guerra, los militares estadounidenses entraron a la ciudad y ya no se podía hablar de la bomba atómica. Hasta se le prohibió a la prensa japonesa hablar sobre la realidad de Hiroshima al resto del país.

Al final de agosto entró un equipo internacional presidido por un médico para ver qué había sucedido en la ciudad. Él se quedó horrorizado por lo que vio y escribió una carta a Naciones Unidas para que mandara la mayor cantidad de ayuda posible, pero esa carta nunca fue llevada a la ONU.

Estados Unidos prohibió la entrada de extranjeros a Hiroshima y Nagasaki. Sólo en diciembre entró un segundo equipo internacional. En todo ese período no llegaba ni ayuda internacional ni del resto de Japón, porque el país estaba arrasado.

(...)

Después de la guerra, Estados Unidos trató de esconder lo más que pudo la información sobre la bomba atómica y confiscaron todas las fotos que podía. Esas imágenes que a veces se ven, son de los pocos que consiguieron esconderlas.

Todos los sobrevivientes en Brasil celebramos reuniones cada mes y a veces nos decimos: cómo es que Estados Unidos nunca pidió disculpas por la bomba; por lo menos una vez en la vida nos gustaría escuchar qué sienten mucho lo que hicieron, porque lo que hicieron fue un experimento.

Fue un experimento

Eran dos bombas diferentes en potencia y contenido (recordemos que la de Hiroshima era de uranio y la de Nagasaki de plutonio). Era un experimento, querían ver el efecto que provocarían en los cuerpos humanos.

Recuerdo que poco después entró en Hiroshima una delegación estadounidense de un instituto llamado ABCC (The Atomic Bomb Casualty Comission), un centro de estudios sobre los efectos de la bomba, y realizaron exámenes en muchos sobrevivientes pero nunca divulgaron los resultados.

A mí también me hicieron pruebas. Nos llevaban de un lado para otro, venía un jeep estadounidense a recogernos y a dejarnos, pero un día me dije a mí mismo y a mi familia: "Jamás iré de nuevo a esos exámenes, porque me tratan como un ratón de laboratorio".

S. Yamaguchi

Enseguida me di cuenta de mi propia realidad. Mis manos, pecho y abdomen estaban totalmente quemados y muy inflamados. Tenía grandes ampollas en las manos. Horas después fui trasladado al hospital naval de Amura donde comencé a recibir tratamiento.

Una tarde sentí dolores terribles, como si me clavaran agujas en todo el cuerpo. (Cuando una enfermera me) quitó los vendajes y las gasas, cayeron sobre la cama cientos de gusanos blancos. Comencé a llorar de inmediato. La enfermera dio un salto hacia atrás y mi padre quedó paralizado. Al tiempo que los gusanos se revolvían sobre la cama la enfermera intentaba desinfectar mis heridas otra vez. También los podía sentir en mi espalda. Al día siguiente salieron otros 30 o 40 gusanos de varios tamaños de mis heridas cerca de mi oreja derecha.
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