6 de noviembre de 2004

Ajedrez: así cualquiera gana

Ajá, en el ajedrez no hay puras mangueras, como me hicieron creer en la simultánea que presencié en el aniversario del diario Vea. Ayer viernes al mediodía, luego de cansarme de esperar en la cola del comedor y buscar otro sitio para llenar el buche, me topé por puro accidente con una simultánea de ajedrez en la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales (Faces) de la UCV, organizado por el club de la universidad. Y esta vez la que repartía los golpes era una mujer, Lorena García, quien difícilmente pasaba de 25 años. Medio palo a los diez jugadores, todos hombres, aunque tuvo que hacer tablas con tres de los contendientes.

Y créanme que en uno de los casos fue injusto, porque el árbitro duró distraído como una hora, y uno de los participantes estaba siendo ayudado por varios de sus amigos. Él no parecía tener mucha experiencia y esto hizo que Lorena se confiara un poco... pero luego de un descuido de la defensa de Lorena y tras un "consejo" que le dieron, el chamo hizo que una de sus torres cruzara el tablero inesperadamente, dejando atrás a los peones y alfiles de la maestra... y en el siguiente movimiento devorando la reina de Lorena. Ouch.

Las otras partidas no estaban tan animadas como ésta; varias las ganó la ajedrecista con facilidad. Pero aquí ella estaba en desventaja: ambos tenían un alfil, un caballo, una torre y una cantidad más o menos igual de peones, pero él tenía su reinita; ella no. Peor aún, él no jugaba sólo, sino que consultaba sus jugadas con el contrincante de al lado, y con otro pana que estaba de observador... ello hasta que Lorena no se la caló más e hizo una protesta al árbitro, para que éste saliera del rincón donde estaba y prestara un poco de atención a las partidas.

Ya habían pasado casi dos horas y quedaban sólo cinco contrincantes contra la ajedrecista. El chamo perdió la reina la perdió estúpidamente, y ya ambos habían quedado con la misma cantidad de piezas. Lorena seguía molesta debido a que el chamo seguía hablando con su vecino, quien para colmo se moría por fumar un cigarrillo, algo que ella había pedido no hacer desde el principio por razones médicas.

Él fumó un rato a escondidas hasta que el árbitro lo regañó (nada le costaba pararse a fumar en la entrada del edificio); luego, se puso a jugar largo rato con el encendedor, haciendo como si estuviera prendiendo un cigarrillo, de una forma evidentemente provocadora. El árbitro sólo se reía. Ambos muchachos hablaban entre sí, y la chama le volvió a reclamar al árbitro; éste terminó regañando a los jugadores de una forma bastante cobarde, echándole la culpa a Lorena ("si siguen los descalifico... es que ella se enoja"). Ellos entonces se sentaron espalda con espalda, riéndose de la ajedrecista.

Caray... ¿es normal que uno le aplique esa psicología barata a las mujeres con talento para tratar de denigrarlas? No sé. Yo conozco varias muchachas de mi edad, mucho pero muchísimo mejores que yo en mi profesión o en mis hobbies. Generalmente termino enamorado de ellas, no denigrándolas. Pero ya me han dicho que mi manual de usuario está dañado y tengo que cambiarlo :(

Al final, cuando ambos tenían la misma cantidad de piezas y era más que evidente que la partida no llegaría a ningún lado, Lorena -bastante molesta- hizo tablas con su contricante, quien salió de allí con una gran sonrisa en el rostro, un tanto asombrado de su... eh... ¿hazaña?

Pero no es necesario decir que ella lo volvería trizas si la partida fuera uno contra uno.
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