11 de agosto de 2004

Ya entendí...

Hoy recordé por qué nadie coloca su nombre y apellido en los blogs que hace. El halo del anonimato, por ejemplo, te permite escribir con mucha libertad, sin tener que medir cada una de las palabras que plasmas en tu bitácora.

Puedes escribir corriendo, 5 minutos antes de salir apurado a presentar un examen, sin pensar mucho en como una palabra mal dicha o mal interpretada afectará las vidas de cada uno de las personas que te rodean.

¡Puedes incluso hablar de tu vida privada! De aquella persona que te cae mal pero que siempre se las ingenia para estar por delante de ti en las colas. De aquella muchacha que tanto te gusta pero que no sabes cómo hacer para conocerla. ¡Etcétera!

Yo ya no puedo darme esos lujos, al menos no en este espacio. Además, trabajo para un medio del Estado... y también resulta que mi nombre es tan extraño que sólo hay un Luigino Bracci en el mundo. Hubiera podido llamarme Juan Mendoza, Pedro Martínez, John Smith o Henrique Pérez.

Pero no, en ¡en la agencia de asignación de nombres me pusieron el más extraño del mundo! "Luigino Bracci". Y no debe ser nada fácil que alguien me crea si le digo: "eso no lo escribí yo, eso lo escribió otra persona que también se llama así, que también es venezolano y vive en Caracas."

En realidad, yo quería tener un blogcito más o menos pequeño y anónimo, pero por otro lado, no me gustaba que todo aquel que quisiera averiguar algo sobre mi vida en Google, sólo se quedara con la versión de Reconocelos.com. Afortunadas aquellas personas que, cuando colocas su nombre en Google, sólo encuentras cosas buenas: eres preparador, haces deporte, ganas premios. Te admiran y te quieren, y hasta se enamoran de ti.

Otros, en cambio, tenemos destinos más oscuros.

Pero lo aclaro de una buena vez:
  • No tengo el honor de ser el webmaster de Aporrea.org, si bien mi currículum vitae muestra con orgullo el hecho de que trabajé ad honorem en dicha página web durante el paro de diciembre de 2002 y enero de 2003, casi 16 horas al día, informando sobre cosas que no eran reseñadas en la prensa, en los medios privados y en algunos casos ni siquiera en los medios del Estado, en el episodio más oscuro de la historia moderna venezolana. Alzo mi frente con orgullo con la posición que tuve en esos dos meses, y la contrastro con la de aquellos que se limitaron a cacerolear a sus vecinos, a trancar por la fuerza la panadería de siempre o a llamar "asesino" a su familiar sólo por ser chavista.
  • No tengo círculos bolivarianos en la UCV, aunque sí me gustaría pertenecer a algún grupo con una finalidad y un trabajo social concreto, sin importar su nombre.
  • No pertenezco al movimiento universitario Utopía, aunque es un honor conocer a varios de sus miembros.
  • No soy comunista, aún cuando tengo amigos comunistas a quienes respeto sobremanera. Creo y defiendo la propiedad privada, pero creo aún más en la justicia social, y en que un país debe garantizar a todos y cada uno de sus ciudadanos un nivel mínimo que garantice no sólo que viva, sino que viva feliz. Ese derecho, desde mi punto de vista, sí está sobre la propiedad privada, más no por eso estoy de acuerdo con invasiones o expropiaciones arbitrarias.
  • Estoy orgullosísimo de estar reseñado en Reconocelos.com. He tenido el honor de aparecer en dicha página junto a personas que admiro sobremanera, como Vanessa Davies, Blanca Eekhout, Alí Rodríguez Araque, Earle Herrera, Jesús Romero Anselmi, Nené Quintana, Ernesto Villegas, Hebe de Bonafine, Eleazar Díaz Rangel y Jorge Rodríguez, personas que quisiera conocer algún día.

    Y dicha página me ha ayudado a convencer a personas que me conocen desde hace años, de cuán equivocado es el camino que ofrece la oposición, el cual no termina de deslindarse del fascismo.
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