2 de julio de 2004

Adiós, creador de bondad

Perdimos al padre Juan Vives Suriá.

Yo, para nada católico, para nada religioso. Apenas creo en algo por encima de nosotros... ¿y saben por qué? Porque soy computista.

Los computistas, suerte de obreros de los bits y los bytes, sufrimos a veces de delirios de creatividad.

Somos afectados por pequeñas cosas tontas y cotidianas:

  • Por una guacamaya cantando en los frondosos árboles de la UCV, jugueteando en una rama mientras un hermoso atardecer rojizo raya la facultad de Ciencias. En un mundo donde cientos de jóvenes cansados regresan a sus casas, sólo dos o tres parejitas y algún que otro joven solitario se dan cuenta del espectáculo gratuito, y se quedan contemplando mientras el tibio viento golpea con delicadeza.

  • Por el entusiasmo del viejito de 70 años que al fin aprende a leer y a escribir, y raya en su pizarra "grasias amigo" sin que a nadie le importe la ortografía (sí, a veces hay que plagiar a Benedetti).

  • Por un avecilla cruzando con su canto un salón de clase a las nueve de la mañana, mientras la profesora de cálculo continúa inmutable, describiendo las ecuaciones con su aguda voz (voz aguda que, para la avecilla, es a la vez un canto).

  • Por la experiencia del pana de 40 años, que dejó las drogas y hoy enseña con paciencia a sus jóvenes alumnos, en una remota casita internada en el cerro más alto y poblado de Caracas. Y no sólo da clases de historia, ¡sino de vida!

  • Por la bella sonrisa de una muchachita de 19 años que, sin conocerlo a uno y sin esperanzas uno de conocerla a ella, le roba a uno el corazón y le devuelve la alegría robada, cuando uno la ve saludar a sus amigos y amigas con entusiasmo eterno.

  • Por la ternura con la cual una madre consiente a su bebita de 2 años en un vagón del metro atestado y sin aire acondicionado, mientras una muchacha se levanta para darle el puesto dado que los "caballeros" presentes se olvidan de sus deberes. Y la muchacha ve a la madre y a su bebé con una mirada de sana envidia, y la madre le da las gracias con una sonrisa enternecedora.

  • Porque aquel silencio extraño, que uno vive durante varios meses del año, se ve de pronto interrumpido en mayo por el cantar de las chicharras y por la risa de los niños tratando de tumbar mangos. ¡Quisieran los gringos tener tan maravillosa fruta! Si Bush y Powell apreciaran las pequeñas cosas de la vida, nos hubieran invadido para quitarnos los mangos y no el petróleo.


Con una carga emocional tan elevada, los obreros de los bits comenzamos a veces con nuestros vicios creadores haciendo un código pequeño...

// Programa que imprime el mensaje "Hola mundo"
void main()
{
printf("Hola, mundo.");
}


Y, tal cual Dios, vemos que era bueno. Pero al día siguiente, seguimos creando.

// Programa que muestra "Hola mundo" en una ventana de color
// gris, en fuente Tahoma.
#include
void main()
{
window W = new window();
W.color = rgb(220, 220, 220);
W.width = 500;
W.height = 300;

laber L = new label();
L.parent = W;
L.top = 100;
L.left=150;
L.text = "Hola mundo";
L.font.family = "Tahoma";
L.font.size = 24;

W.show();
}


Y podría seguir y seguir, perfeccionando cada vez más y más. Mis programas más largos han tenido unas 5 mil líneas de extensión, nada comparables a las 40 millones de líneas de código de Windows. Y eso que apenas llevo unos 15 años programando.

No importa si no eres computista y no entiendes el código. Lo que quiero que veas es que uno, por amor y dedicación, va haciendo las cosas cada vez mejor, más complejas pero a la vez más amigables y fáciles de usar, más rápidas, más eficientes. Uno se lleva trancazos, sobre todo si es autodidacta. Toma caminos equivocados y luego se ve forzado a rectificar y a escoger nuevas rutas, hasta hallar la apropiada para crear el mejor código.

Supongo que por procesos similares pasarán artistas, empresarios, arquitectos y en general cualquier persona que se enfrenta al reto de crear algo... es decir, casi todos. Porque hasta la familia es un acto de creación.

En la naturaleza uno observa cosas similares, que los científicos atribuyen ya no a dioses creadores, sino a algo que llaman "la selección natural". "La naturaleza se equivocó al hacer aparecer tal especie", lee uno en muchos libros de ciencia cuando ve a científicos referirse a especies extintas que duraron muy poco tiempo en el escalafón evolutivo.

Pero si en algo nos fijamos, es que, a medida que pasaba el tiempo, las criaturas eran más complejas. Organismos unicelulares y pluricelulares, luego aprenden que el poder de una colonia es superior al poder del solitario. Emigran tímidamente a la tierra seca como anfibios, para vivir parte de sus vidas como peces. Pero no es tan conveniente para todos; surgen los reptiles. Dominan el planeta, por tierra, mar, ríos y aire, para luego dar paso a animales de sangre caliente. Algunos también dominan el aire, otros la tierra. Finalmente, uno de estos mamíferos evoluciona a tal punto que comienza a razonar, a desarrollar la técnica y el arte...

... y tal vez lo más importante: a amar.

Así, aparece la máxima creación -hasta ahora, al menos-: el ser humano.

Si me preguntan, todos estos miles de millones de años de cambios "evolutivos" fueron un proceso de aprendizaje para algún ser superior que nos creo, y que por algún motivo ha querido que tratemos de desenvolvernos sólos, como si fuéramos un experimiento escolar.

La biblia, a pesar de ser una mezcla de mitos y de historias, da una explicación simple de por qué los humanos somos creadores: "Y Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza."


El ser humano por los momentos no es capaz de crear nueva vida. No le ha sido posible --a pesar de experimentar con cientos de algoritmos y de llenar las vías con redes neurales-- fabricar formas de vida primitivas capaces de nacer, crecer, reproducirse y morir... los requisitos mínimos para declarar que algo, sea orgánico o no, está vivo.

Pero personas como el padre Vives Suriá, además de hacernos creer aún a los más escépticos que allá arriba hay alguien o algo superior, fueron capaces de crear vida. No como la crearía un científico, un artista o un ingeniero. Ni siquiera como la crearía el amor entre un hombre y una mujer. ¡No! Él la creaba enseñándole a los más humildes que si hay motivos por los cuales vivir. Que sí hay esperanza. Que el odio no tiene sentido, que los derechos humanos se respetan por encima de todo. Pero que el mundo, tal cual como se ha venido concibiendo por aquellos que hoy lo dominan, está condenado a fracasar y a asutodestruirse llevándonos a todos nosotros con él. Algo definitivamente muy lejos de lo que nuestros creadores querrían de nosotros.

A la inversa, señores: mientras existan personas como él, seremos tan creadores como lo fueron los dioses que nos hicieron. Y -más importante- seguiremos estando a la altura de ellos, "a su imagen y semejanza."
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