23 de marzo de 2004

Chávez ordena matar a líder de la oposición

Un domingo cualquiera en Caracas, Venezuela.

Néstor González González, conocido líder opositor acusado por el gobierno bolivariano de dirigir acciones terroristas en la capital de Venezuela durante el año 2003 (incluyendo las explosiones en una oficina de la embajada de España, en el Consulado de Colombia, en un edificio en Plaza Venezuela donde se reúnen observadores internacionales, y en la sede del ente regulador de telecomunicaciones venezolano) salía feliz de la Iglesia de la Chiquinquirá, ubicada en una zona del este de Caracas.

Varias señoras afectas a la oposición lo saludaban felices. Para ellas, el general retirado no era un terrorista, sino el líder de un movimiento cívico-militar que intentó el año pasado desenvocar el derrocamiento del Presidente venezolano, a quien ellas culpan por los problemas del país. Lo besaban en las mejillas mientras él, sonriente, las tomaba de las manos. Varias personas más esperaban a su alrededor, prestas para saludar al conocido militar.

Inesperadamente, el ruido de tres helicópteros artillados rompe el trepidante sonido de las campanas del templo católico. Cada uno de ellos se sitúa de tal forma que los tres rodean a la vistosa iglesia por completo, dejando al ex militar sin posibilidades de escapar.

"Objetivo asegurado. Espero órdenes, cambio", comunica uno de los pilotos a la base al tiempo que apunta la carga contra las personas que salen del templo. Sólo una de ellas es su objetivo. Las demás que inevitablemente fallecerán, se convertirán en "daños colaterales".

"El Presidente autoriza la operación", le responden desde la Báse Aérea "Generalísimo Francisco de Miranda". "Autorizado para disparar, cambio y fuera."

Pronto, un primer cohete aire-tierra impacta a sólo dos metros del general retirado, despedazándolo sin darle la oportunidad siquiera de pedirle a las ancianas que se alejen de allí. Dos cohetes más impactan a pocos metros, fulminando la vida de nueve personas, incluyendo a las ancianas y a los guardaespaldas del general retirado. Decenas más resultan heridas, incluyendo a varios niños que estaban cerca de los vitrales de la iglesia cuando estos fueron despedazados por la onda expansiva de uno de los cohetes.

Horas más tarde, el Presidente Chávez anuncia en cadena de radio y televisión el "éxito" de la operación. "Este es un claro mensaje para el resto de los terroristas de la oposición venezolana", decía. No confesaba, sin embargo, que varios de sus ministros se opusieron rotundamente a la operación.

"González González era un architerrorista que planeó ataques terroristas que desenvocaron en el paro de 2002. La guerra contra el terrorismo no ha finalizado. Continuará día tras día, en todas partes", aseguró Chávez.

Inexplicable para la oposición fue la postura de la comunidad internacional.

"Estamos profundamente consternados por el incidente de esta mañana en Caracas", dijo el portavoz de la Casa Blanca, Scott McClellan. El Departamento de Estado dijo que el asesinato acrecienta las tensiones y que dificultará que se logre la paz entre chavismo y oposición. Pero el portavoz Richard Boucher no condenó directamente a Chávez por el ataque contra el líder de los militares de Altamira. Sólo pidió "calma y moderación" a todos.

La Unión Europea también emitió un comunicado donde "se opone de manera consistente a los asesinatos extrajudiciales" así como "repetidamente condenó las atrocidades terroristas cometidas por González González". Pero no anunció mayores acciones al respecto.

Unos pocos diputados del chavismo salieron a repudiar la acción. Pero la mayoría de los chavistas salieron a las calles a festejar el asesinato, mientras que la oposición se preparaba a vengar las acciones. No le quedaba otra. Estaba minimizada. Nadie en la comunidad internacional los ayudaba.

¿Ficción?


Dependiendo de su tendencia política, sus reacciones tras leer este relato ficticio debieron ser muy variadas.

No dudo que a cualquier oposicionista radical le haya explotado una úlcera luego de leer este escrito. "¿Será esto lo que nos espera con el Macaco en el poder?", se preguntará. "Total, ¡ese asesino es capaz de todo!" Y seguro saldrá a la calle a quemar cauchos.

Quienes siguen al Presidente Chávez y han sido testigos de su actuación el 13 y 14 de abril de 2002, durante el "golpecito" del TSJ en agosto de ese mismo año y luego, durante el paro de diciembre y enero, de seguro supieron en el tercer párrafo que este relato es producto de la imaginación de alguien.

Ello porque estamos convencidos de que Chávez, por sobre todo, es un humanista.

Los seguidores del Presidente Chávez más bien vivimos indignados tras el escape del dictador Pedro Carmona Estanga, de Carlos Ortega y Carlos Fernández --líderes del paro de 2002--, de varios militares de Altamira y de tantos otros líderes de la oposición, ello porque el gobierno no intentó detenerlos o reprimirlos con los métodos que se usaban en el pasado. Sabemos que Chávez en todo momento se ha apegado a la Constitución y las leyes, e incluso durante el paro, cuando tuvo todas las excusas para suspender las garantías y decretar estado de excepción, no lo hizo.

Quienes conocemos a Estados Unidos sabemos además que dicho país no se quedaría en decir "estamos profundamente consternados" si Chávez hiciera algo parecido a lo narrado. ¡No sólo nos caería encima la Carta Democrática, sino los marines de infantería!

Y quienes conocemos al pueblo venezolano sabemos que los chavistas no saldrían a celebrar un acto tan abobinable como este. Los diputados chavistas, en su enorme mayoría, tampoco lo apoyarían; mostrarían su rechazo inmediato, al igual que los ministros de Chávez.

Palestina


Este relato en realidad fue un hecho de la vida real, pero fue obtenido sustituyendo algunos nombres y lugares. El asesinado no fue González González, sino el jeque Ahmed Yassin, líder y fundador del movimiento radical palestino Hamas, movimiento responsable de la muerte de centenares de civiles israelíes. Pero los líderes de esos israelíes han sido responsables, durante décadas, de decenas de crímenes contra el pueblo palestino, incluyendo el asesinato de miles de ellos.

El asesino fue Ariel Sharon; presidente, pero no de Venezuela, sino de Israel. Sharon dio la orden de matar a Yassin a pesar de la oposición de dos de sus ministros. Y muchos israelíes --la mayoría-- celebraron la acción una vez divulgada, a pesar de que en los próximos días se esperan atentados suicidas que dejen tal vez cientos de víctimas inocentes.

Estados Unidos y la Unión Europea se pronunciaron tal cual en mi relato ficticio.

Ahora, le toca a usted escribir el final del relato. ¿Hay realmente justicia en la comuniudad internacional?
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