19 de noviembre de 2003

¡Viva la vinotinto venezolana!

Eran las ocho de la noche, y el partido de fútbol Venezuela-Bolivia avanzaba con un resultado adverso, por mínima diferencia, contra nuestro país. Las esperanzas de ir al mundial comenzaban a desvanecerse, a pesar de la reciente victoria --también por mínima diferencia-- contra el equipo colombiano.

El lugar: un cine "multiplex" en el Unicentro El Marqués, en Caracas. Mi jefe nos había regalado una entrada válida para dos personas, para ir a una premier de la película "Kill Bill", dirigida por Quentin Tarantino. Tremenda película, por cierto. Llevé a mi preciosa noviecita, entramos y nos pusimos a esperar.

En la recepción de la película promocionaban una nueva bebida espirituosa, fruto de mezclar vodka con guaraná y empaquetarlaen una botella de cerveza bien bonita. El 99 por ciento de los asistentes eran miembros de la clase media-alta, y francamente yo no me sentía en ambiente (aún queda en mí algún resentimiento de ese que se acumó durante el paro de diciembre).

Así que preferí sacar los audífonos de mi radiecito portatil y ponerme a escuchar el partido mientras entrábamos a la sala.

Por cierto, Richard Páez, el director técnico venezolano, había declarado hace poco en una rueda de prensa que "Venezuela estaba marchando pa'lante, a pesar de que muchos apostaban lo contrario". Sus palabras, captadas sólo por los micrófonos de Venevisión y VTV, no fueron suficientemente claras. ¿Se refería al equipo de fútbol, o al país?

Ya habíamos entrado a la sala, pero la película no empezaba. Sigo con mi radio en las orejas, y nos sentamos al lado de un pana ya un poco más parecido a mi. "¿Qué es eso, que escuchas?", me preguntó sin timidez alguna. "El Venezuela-Bolivia pana." "¡Coño, y cuánto va?", preguntó. "Perdiendo 1 a 0". Hablamos algunos segundos de lo chimbo de ese resultado parcial y de cuan fuerte era Bolivia.

Seguiamos esperando por la película. Y esperando. Había comenzado a escuchar el partido por la emisora YVKE Mundial, pero al entrar en la sala se perdió la señal, y debí buscar una en FM. Tuve que morir escuchando a Unión Radio.

Pronto pasó lo que tenía que pasar: llega el minuto 90 del segundo tiempo. Ya estábamos casi sin esperanzas; ya muchos maracuchos empezaban a sentir que la Chiquinquirá les había fallado en su día. Pero, ¡que va! La Patrona respondió a último momento.

"¡GOOOOOOOOOOOOOOOL!", grité en medio de una sorprendida sala de cine, mientras todos volteaban a verme. "¡Empatamos, coñooooo!" Pronto explicamos a quienes nos rodeaban que Venezuela estaba perdiendo uno a cero contra Bolivia, pero a última hora logramos empatar. La gente a nuestro alrededor se emocionó y sonrió. El pana al lado mío se repetía: "¡menos mal, ese puntico nos hace falta! ¿Quién anotó?"

Era José Miguel Rey.

Mi novia me quitó uno de los audífonos, y escuchábamos atentos el partido. "El árbitro decretó dos minutos de descuento", replicó el narrador, quien continuaba eufórico la descripción del encuentro. Venezuela trató infructuosamente de atacar. Luego volvió Bolivia, pero en una de esas, Venezuela pudo obtener el control otra vez. "Estás tembrando", me decía una muchacha en la fila de adelante, quien junto a su novio estaba atenta a los avances que diéramos sobre el partido.

Finalmente, dos minutos después del primer gol, la esférica llegó a los pies de Juan Arango. El resto es historia: el gol de la ventaja venezolana.

"¡Goool!", gritó Inita. Las mujeres sólo gritan duro cuando van a un concierto de Menudo... :)"¡GOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOL! ¡Nos fuimos arriba, nos fuimos arribaaaaa carajooooo!", grité yo muchísimo más duro. Todos los demás también lo hicieron. Segundos después, el partido terminó y todos celebramos por unos segundos.

Esa fue la historia de cómo una sala de cine con unos ochenta desconocidos estuvieron, por unos cinco minutos al menos, unidos celebrando la victoria de la vinotinto venezolana el 18 de noviembre de 2003.

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