18 de septiembre de 2003

¡Boris, piazo e loco!

Miércoles, 10.20 de la noche. Veíamos a Boris Castellanos, joven periodista de Venezolana de Televisión, metido con su camarógrafo y con algunos Polisucres en un barrio de Petare. Oscuridad pasmosa. Las casas de bloque marcaban su camino a través de un estrecho callejón, mientras los pacos realizaban un operativo. Al fondo, se veían las luces de la gran ciudad como débiles luceros, como si el cielo estuviera al revés.

Estaban en lo alto de un cerro, de eso no había duda.

La voz de Boris era tenue y débil mientras narraba; estaba asustado, y con razón. De pronto, cruzan otro callejón, y comienzan los disparos. El camarógrafo logró grabarlos: cinco disparos consecutivos contra la comisión, mientras los Polisucre se echaban al piso y se protegían con las paredes.

Deciden entonces retirarse; los Polisucre van primero, y de hecho dejan algunos metros atrás a Boris y su camarógrafo. Pero al final, todos bajan a salvo.

A la hora, otro pase de VTV muestra a la comisión policial, nuevamente seguida por Boris y su camarógrafo, penetrando al barrio para buscar a los delincuentes que dispararon. El chamo tiene nervios de acero, de eso no hay duda.

Si hay alguien en Venezuela a quien podamos calificar de "corresponsal de guerra", es a él.


El 9 de diciembre
Aún así, su hazaña más recordada fue sacar de quicio en una rueda de prensa a Alberto Federico Ravell, Director de Globovisión.

Fue un 9 de diciembre, fecha gloriosa para el pueblo bolivariano. Los medios estaban jugando otra vez al golpe en medio del paro golpista de diciembre y enero, achacando la culpa a Chávez y Bernal de la recientemente ocurrida "Masacre de Altamira". Ese día, un fortísimo cacerolazo y grandes marchas de la oposición parecían anunciar el fin del gobierno bolivariano.

Pero el pueblo no se la caló. Miles de personas salieron de sus casas y rodearon los medios de comunicación golpistas: primero Globovisión, luego RCTV, Televen y Venevisión. En el interior fueron más violentos, y rodearon y destruyeron algunos medios regionales.

Fue una victoria popular sin otro precedente mejor que el 13 de abril de 2002.

Ese día, el Secretario General de la OEA, César Gaviria, se quitó la careta y mostró con quien estaba. Apareció en TV con los dueños de las cuatro jineteras del Apocalipsis a sus espaldas, y condenó el "ataque" que los chavistas hacían contra los medios. Ordenó a Chávez "que reprimiera de inmediato a esa gente".

¿Quién carajo se cree ese hijo de puta, para venir a nuestro país y darle órdenes a nuestro Presidente de reprimir al pueblo?

Pero allí estaba Boris Castellanos para sacar la cara por millones de personas indignadas.

"¿Por qué nunca se condenó los seis días de acoso contínuo que ha recibido Venezolana de Televisión de paerte de manifestantes de la oposición?", preguntó Boris.

En efecto, como vecino del lugar soy testigo de esto y tengo las grabaciones en vídeo: por seis días consecutivos, desde el mismo 2 de diciembre, la "sociedad civil" de Los Ruices marchó, rodeó y en algunos casos atacó la sede de Venezolana de Televisión. El 8 de diciembre la grafitearon y la llenaron de insultos: "Romero Anselmi asesino", decía uno de ellos.

Y nunca Gaviria salió en TV con Jesús Romero Anselmi a sus espaldas, reprobando el ataque y llamando a Chávez a reprimir a la oposición.

"¡Pero es que tú no entiendes, estamos en vivo, estamos en vivo!", gritó Ravell perdiendo totalmente la compostura, mientras se acercaba a Boris y casi le manotea la cara. Boris estaba en "modo automático", por así decirlo, y su reacción fue repetirle a Ravell varias veces la pregunta. Al final, el viejo tuvo que devolverse y ocultarse en la piedad de Camero, Granier y sus otros compañeros de los medios.



En fin, el primo de Ravell me comentó en estos días: "aún no sé qué es más peligroso: Boris subiendo a un cerro de Petare a las 9 de la noche, o Boris sacándole la piedra a Ravell".

Así son las cosas.
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